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‘Don Nacho’ el incomprendido

10/12/2011 01:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageTodos los sábados de retitas se le veía ahí pegado a la banda, gritando y dando indicaciones. Algunos lo volteaban a ver extrañados, hasta se reían, otros le decían que se hiciera para atrás que le podían dar un balonazo y algunos, los menos, le levantaban el pulgar y hacían caso omiso de las indicaciones.

Su pasión por estar pegado a la banda era impresionante, tengo que aceptarlo, y no faltaba el que desde las graditas cuestionaba los gritos y berrinches que hacía cuando se sabía ignorado. "Ese cabrón se siente DT", Don Nacho, le decían de burla y se orinaban de la risa. Tengo que aceptar que alguna de esas veces yo también solté una o dos carcajadas, la neta.

Llegó a ser tan normal verlo ahí, siempre con su cachucha de los Leones Negros de la U de G, vieja, aporreada, de esas que tenían miles de orificios pequeñitos en la parte de la nuca, ahora toda parchada y con grapas en la correa para que pudiera cerrar, pero eso sí, con el escudo, o lo que se podía apreciar del mismo, en todo el frente luciendo a más no poder.

También era normal verlo retirarse de las canchas tras una jornada dura de trabajo, de muchos gritos, corajes, asoleado la mayor de las veces, y siempre acompañado de una mujer que llegaba por él a la misma hora cada sábado, las dos de la tarde aproximadamente. No sé bien a qué hora iniciaba su chamba en el lugar, pero para las once de la mañana que yo llegaba, él ya estaba ahí, siempre con su gorra, siempre dando indicaciones, siempre ignorado.

Uno de esos tantos sábados me paré junto a él pues realmente me parecía coherente lo que gritaba, sus instrucciones tenían algo de sentido si no es que mucho, pero en unas retitas a nadie le importa respetar una línea de dos en defensa, con tres medios, dos bien abiertos y un delantero que también bajara a defender, además de un portero que la hiciera casi, casi de líbero. De que era ofensivo lo era.

Recuerdo que alguna vez me tocó un regaño y hasta un ¡carajo a quién le centras, no hay nadie! (seguido de un chingada madre). Era todo un apasionado y por eso me acerqué como si nada, ahí a dos metritos de él. Me vio y me dijo que ahora nadie sabía jugar futbol, que nadie entendía el juego, que había quienes jugaban muy bien pero no entendían que era un deporte de conjunto y fue entonces que me platicó parte de su historia.

Para no hacerles más largo el cuento, don Guillermo, (ese era su nombre real), había jugado futbol en su juventud. Llegó a formar parte de las fuerzas inferiores del Cruz Azul aunque siempre había sido seguidor de la U de G., y su gorra se la regaló sí, Don Nacho Trelles en 1989, se supone que tenía un autógrafo pero los años...

No la hizo como futbolista y le entró a la dirección técnica llanera, pues según él tenía conocimientos suficientes para hacerlo. Entrenó a dos equipos y hasta salió campeón en alguna ocasión en una final inolvidable, me contó. Mientras platicaba su historia gritaba, daba órdenes y maldecía a todo aquel que no soltaba el balón y que se quería burlar a todos sin respetar el esfuerzo de sus compañeros, estaba furioso, manoteaba y me decía, ‘¿ves, ves lo que te digo?’

En fin, dieron las dos de la tarde y como relojito llegó su esposa por él. Don Guillermo se alistó, le quitó el freno a las ruedas de su silla pues fuera de la cancha el terreno estaba en declive, se giró, justo cuando su ‘doña’ le sonreía y le preguntaba que cómo le había ido, él respondió, "pues al menos hoy alguien sí me escuchó", me dio las gracias y quedamos de vernos el siguiente sábado. Yo no regresé hasta dos meses después quizás, ya no lo vi y a la fecha no sabemos nada de él.

No falta el que aun pregunta por Don Nacho y se sigue riendo. No faltan las retas llenas de cabrones que se sienten Messi o Cristiano y que nomás no meten una. Lo que sí falta es ver a alguien que mire con interés las retitas, esas que son un desorden total y que a veces tardan hasta media hora o más en llegar a los dos goles porque todos quieren vestirse de gloria sin respetar el esfuerzo de los demás.

Don Nacho tenía mucha razón, lástima que nadie lo comprendía…


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Autor:
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Fuente:
elbuenfutbol.com
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