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Abolir la comida casera. Sobre lactancia materna y feminismo

07/08/2018 09:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Observo que se abre (o se retoma) el debate sobre la lactancia materna (y de paso sobre la maternidad) en el movimiento feminista, un debate que solo puede partir de una premisa: la libertad de las mujeres para elegir el tipo de maternidad que quieren vivir, sin juicios ni reprimendas de ningún tipo. Explicitar esta premisa, cuando se habla de este tema, es casi una obligación, porque parece que las defensoras de la lactancia materna pretenden obligar a todas las mujeres a practicarla. Como cuando los antiabortistas han acusado a las defensoras del aborto de querer obligar a abortar a todas las mujeres. A mí me parece una obviedad, pero como seguro que ayuda a que no desviemos la atención hacia la imposición, ahí queda: nadie puede obligar ni presionar a una mujer para que alimente a sus hijos con lactancia materna.

Este debate es una respuesta, entiendo, al resurgimiento de la lactancia materna que se ha producido en nuestro país y en Europa en las últimas décadas, defendido por profesionales de la salud materna e infantil o por organizaciones poco sospechosas de machistas como Unicef. Este resurgir está ligado ?aunque no siempre?, a una demanda o tendencia a un tipo de crianza conocida como natural o con apego, sin que eso signifique una doctrina definida sino una voluntad de las mujeres (sí, de las mujeres) de poder decidir sobre nuestro propio cuerpo y sobre la forma en la que parimos o criamos a nuestros hijos e hijas, procesos muchas veces dirigidos y decididos por profesionales (hombres). Este resurgir de la lactancia materna está también relacionado con un cambio de enfoque con respecto a la infancia, un enfoque de derechos que poco a poco se va abriendo espacio en la sociedad y en las políticas públicas.

Pero centrémonos en la lactancia y en las posiciones de un sector del movimiento feminista, que hace un diagnóstico: la lactancia materna nos vuelve a recluir a las mujeres en el hogar. Y una propuesta: no hay que promover la lactancia materna. Trataré de desmontar ambos supuestos y de apuntar algunas vías para abordar este tema desde políticas feministas.

"La lactancia materna vuelve a recluir a las mujeres en el hogar"

Al principio de su vida los bebés necesitan mamar muchas veces al día y muchas horas. Y eso, efectivamente, hace que las madres tengamos que estar pegadas a ellos todo el día. Pero eso no es exclusivo de la lactancia, los bebés necesitan atención permanente las 24 horas del día. Conozco a pocas madres que no hayan pasado los primeros meses de vida de sus bebés pegadas a ellos, para eso hemos luchado por unos permisos que no nos hagan volver al trabajo nada más parir. Hay mujeres que no lo hacen, es cierto, porque no pueden: las autónomas. Y tendremos que ver cómo cambiamos su situación para que puedan disfrutar de los mismos permisos que el resto. Y hay mujeres que no lo hacen, porque no quieren, porque deciden libremente volver inmediatamente a sus trabajos, su vida social o su "lo que sea", y es absolutamente respetable.

Por tanto, la mayoría de madres, con o sin lactancia materna, está muy pendiente de sus bebés en sus primeros tiempos, muy pegadas a ellos y muy "en el hogar". Lo hacen porque pueden (y hay que trabajar para que todas podamos sin que nos pase factura) y quieren.

Los permisos iguales e intransferibles para madres y padres son un paso, un primer paso

Pero ?¡atención!? conozco a muchos hombres que también han vivido pegados a sus bebés las primeras semanas de vida, todas las semanas que les ha permitido el permiso de paternidad. Porque los hombres también quieren cuidar (y en realidad también quieren parir y amamantar, pero se tienen que fastidiar). Y por supuesto es algo que tenemos que trabajar, para que tengan el derecho y la obligación de cuidar, y para que cuidar y ser madres no nos penalice a las mujeres. Ahí los permisos iguales e intransferibles para madres y padres son un paso, un primer paso porque quedan muchos más para conseguir dos metas: la igualdad salarial (con sus muchas consecuencias, destacando la autonomía económica de la mujer) y que la maternidad no esté estigmatizada y penalizada social y económicamente.

Por cierto, los hombres quieren cuidar, pero solo podemos amamantar nosotras. Y mientras lo hacemos, sentadas durante horas en el sofá, ellos deben encargarse de cocinar, lavar, planchar, barrer y lo que nos haga falta a las madres. Esa es mi recomendación, la de los grupos de lactancia y la que aparece en todas las guías de lactancia materna que he visto.

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Sigamos con el diagnóstico. Cuando los bebés ya no son tan dependientes (y cuando se acaban los tan cortos permisos de maternidad y paternidad que tenemos en España), las madres que amamantan no están recluidas en el hogar, como argumentan algunas feministas o como desearía el sistema patriarcal. Y para que no parezca que hablo desde la teoría, ahí va mi experiencia. Soy valenciana y residente en Bellreguard (un pueblo pequeño al que no llega, de momento, ningún tren que nos comunique muy bien con el mundo), soy dirigente de una organización política (con sus tiempos acelerados y su dedicación full time) que celebra la mayoría de reuniones y actividades en la ciudad de Valencia y soy diputada en el Congreso de los Diputados (en Madrid). Como podéis ver, la mayor parte de mis tareas se sitúan a más de una hora de distancia de mi hogar, y os puedo asegurar que estoy en él mucho menos tiempo del que me gustaría. Además de todo eso soy madre de un bebé de 11 meses al que sigo felizmente amamantando (los días que estoy en casa, claro). Y a pesar de todo esto no merezco ninguna medalla, porque como yo hay otras diputadas, periodistas, artistas, abogadas, empresarias... millones de mujeres que alimentan a sus hijos e hijas con lactancia materna durante años sin renunciar a su vida profesional, a sus viajes, a sus estudios o a sus diversiones y fiestas. Y por si faltaba algo, alimentamos a nuestros bebés en casa, en el súper, en un bar, en la playa o en un banco en plena calle.

La lactancia materna no nos recluye en el hogar, lo hace una sociedad y una estructura machista

Conclusión: la lactancia materna (dure meses o años) no nos recluye en el hogar, lo hace una sociedad y una estructura machista con unos roles muy definidos para hombres y mujeres, en la que tradicionalmente se nos han reservado a las mujeres todas aquellas tareas exclusivas de un ámbito privado que cada día lo es menos, gracias al trabajo y los avances del movimiento feminista.

"Dejar de promover la lactancia materna"

A pesar de todo lo expuesto, sigue habiendo voces contrarias a la supuesta involución para los derechos y la igualdad de la mujer que supone la lactancia materna. Y lo más curioso es su propuesta: criticar y apostar por dejar de promover la lactancia materna. Porque las mujeres nos hemos encargado tradicionalmente de las tareas del hogar, de la cocina, de los cuidados y de la lactancia (evidentemente), y lo seguimos haciendo en el s.XXI, y esa distribución de tareas nos ha mantenido recluidas en el ámbito doméstico y alejadas de los lugares donde se toman las decisiones. Pero no he oído una sola voz en contra de la limpieza de las casas o de las escaleras, o en contra de que las personas nos atendamos y nos cuidemos unas a otras, o a favor de que lo hagamos solo un poco, unos meses. No he oído a nadie criticar la comida casera como causante de nuestra reclusión en los fogones del hogar y defender la comida preparada o congelada, y eso que de prepararla nos hemos encargado siempre las mujeres. Sin embargo, no paro de escuchar argumentos en contra de la lactancia exclusiva hasta los 6 meses y complementaria hasta los dos años, que es lo que recomiendan Unicef y todas las asociaciones de pediatras del planeta.

Mi propuesta: debate y políticas feministas

Hubo un tiempo en que una parte del movimiento feminista consideraba machista (o al menos no feminista) que las mujeres se vistieran, peinaran o maquillaran para sentirse guapas y femeninas, como si la belleza estuviese reñida con la lucha por la igualdad. Por suerte ese debate ya casi no existe, pero existen otros como el de la lactancia materna. Debatamos, solo así el feminismo será cada día más fuerte y con más capacidad de transformación, pero no le regalemos al machismo ni la belleza ni la lactancia materna. Estigmatizar la maternidad y la lactancia es hacerle el juego precisamente a quienes entienden la maternidad y la lactancia, pero también los cuidados y las tareas del hogar funciones femeninas que determinan nuestra posición subordinada en la sociedad y la desigualdad entre hombres y mujeres.

No le regalemos al machismo ni la belleza ni la lactancia materna. Estigmatizar la maternidad y la lactancia sería hacerle el juego

Y claro que hay movimientos ultraconservadores que defienden la lactancia materna como una forma de regreso de la mujer a los límites del hogar, pero esa no es la realidad y no deberíamos zanjar así el debate. Que algunas feministas defendamos lo mismo que movimientos ultraconservadores no significa que seamos ultraconservadoras. Igual que si algunas feministas critican la lactancia materna no estaría bien acusarlas de ser un instrumento al servicio de las grandes multinacionales de la industria de la leche en polvo, esas que pretenden hacer negocio con las vidas de las mujeres y los niños y niñas incluso en países donde no tienen ni para comprar biberones.

Las feministas debemos afrontar este tema como un reto: asegurar que las mujeres puedan elegir libremente el tipo de maternidad y lactancia que quieren y promover políticas públicas que garanticen la igualdad, el derecho a la salud sexual y reproductiva, que atiendan adecuadamente la maternidad, el parto y la lactancia materna y que nos permitan decidir sobre nuestro propio cuerpo.

Esta es mi propuesta: debate, políticas públicas feministas y olvidarnos de abolir la comida casera.

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Ángela Ballester es diputada en el Congreso por Valencia (Unidos Podemos).


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2157 noticias)
Fuente:
ctxt.es
Visitas:
1453
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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