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Abordan obra de Jorge Cuesta en charla sobre pintura y escritura

12/08/2010 03:38 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La obra del escritor, poeta, periodista y científico mexicano Jorge Cuesta, quien se suicidó el 13 de agosto de 1942, fue abordada durante un recorrido nocturno por el Museo Nacional de Arte (Munal), a cargo de Emmanuel Carballo. Durante la visita al recinto, el crítico literario habló de pintura y literatura, pintores y escritores; de sus puntos de contacto, las ideas motrices de cada conjunto y las líneas de contacto, visibles e invisibles. Así, abordó a pintores como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, María Izquierdo, Juan Soriano, Roberto Montenegro, Ramón Alva de la Canal, Manuel Rodríguez Lozano, Federico Cantú, Jesús Guerrero Galván y Carlos Orozco Romero, entre otros. De la literatura, al grupo de los Contemporáneos, quizá el más importante en la historia del país, con Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer, José Gorostiza, Gilberto Owen y, por supuesto, Jorge Cuesta. Jorge Mateo Cuesta Porte Petit, su nombre completo, nació en Córdoba, Veracruz, el 21 de septiembre de 1903. Su niñez, precoz y solitaria, de pocos juegos, transcurrió tranquila, con excepción del accidente acontecido al año de nacer cuando, de los brazos de la niñera, el pequeño cayó y se golpeó en una parte muy cercana al ojo izquierdo contra el filo de una mesa. Tiempo después, cuando Jorge contaba nueve años de edad, fue intervenido quirúrgicamente para dar solución a la secuela que aquel descuido había dejado en él: un constante lagrimeo. Es esta la razón por la que quedó lesionado de su párpado. Atraído por las matemáticas, la física, la música y la química, después de concluir sus estudios correspondientes a la preparatoria, se mudó a la Ciudad de México en 1921 y, al llegar, escribió a sus padres en espera de la autorización para ingresar al Conservatorio Nacional y hacer realidad una de sus aspiraciones: ser violinista. Finalmente, dejó de lado esta idea e ingresó a la Facultad de Ciencias Químicas, donde concluyó la carrera profesional cuatro años más tarde, aunque nunca llegó a presentar la tesis, motivo por el cual no se tituló. Sin embargo, esto no le impidió ejercer plenamente su pasión por la ciencia en varias instituciones. En 1924, al lado de Jaime Torres Bodet, Bernardo Ortiz de Montellano, Carlos Pellicer, Salvador Novo, Gilberto Owen, José Gorostiza y Xavier Villaurrutia formó parte del “grupo sin grupo” o “archipiélago de soledades", como dijera Villaurrutia: Los Contemporáneos. Como miembro del mismo, aceptó prologar la “Antología de la poesía mexicana moderna”, publicada en 1928, circunstancia por la que las críticas hechas a ésta recayeron, a la vez, sobre él. Pero, Cuesta no escatimó jamás en hacer frente a las acusaciones realizadas por sus mayores detractores, es decir a los escritores “nacionalistas” y “estridentistas”, corriente de la cual formaban parte Manuel Maples Arce y Salvador Gallardo Dávalos, entre otros. Estos tachaban al grupo de cosmopolitas, sin mencionar uno de los muchos adjetivos de que eran objeto. En respuesta, Cuesta escribió una carta desde París, donde se autoexilió por dos meses, al director de “Revista de revistas”, Manuel Horta, en la que expone las razones por las cuales figuraban incluidos poetas que a él le parecían “destestables”, tales como Amado Nervo y Rafael López; mientras que Manuel Gutiérrez Nájera, igualmente aborrecido, no figuraba dentro de ella. El argumento, de sólidos andamios, utilizado para defender la postura que adoptó al atender a la selección, se sintetiza en las inteligentes líneas de esa carta y, para quienes son observadores y poseen el libro de la Antología, en el prólogo mismo que escribió. Ese año, al llegar de Europa, contrae nupcias con Lupe Marín, quién alguna vez fuera esposa de Diego Rivera. En 1930, trabaja para la Subsecretaría de Educación Pública. En 1932, ya desaparecida la revista “Contemporáneos”, editada por el grupo (para ser precisos, ocho meses después, en agosto), funda la más rigurosa y analítica de México, titulada “Examen”. Si en “Ulises” algunos de los jóvenes escritores de aquella generación encontraron la libertad de expresión, junto con Novo y Villaurrutia, descubriendo otros caminos; en “Contemporáneos” pusieron al país a la vanguardia de los movimientos que estaban gestándose o realizando ya en otras partes del mundo como Francia, Alemania, Estados Unidos o España. Hay que recordar que la mayoría de ellos, sino es que todos, eran lectores de “Revista de Occidente”, del filósofo español José Ortega y Gasset, y de la “Nouvelle Revue Francaise”, en “Examen”, cuyo director era el miembro más obstinado y batallador en cuanto a las cuestiones intelectuales se refería, se llevó a cabo una exposición metódica de la cultura, en la que, a diferencia de las otras dos mencionadas, la política, la crítica social y la filosofía también tuvieron cabida. Fue ésta un indicio del advenimiento de las revistas "modernas". “Examen”, tuvo el honor de ser la primera, pero lamentablemente, sólo tuvieron la oportunidad de ver la luz tres números. Maples Arce inició una querella legal contra los creadores de esta revista, al alegar que se cometían atentados contra la moralidad de la sociedad y que, tanto el director, Jorge Cuesta, como Rubén Salazar Mallén, quien publicaba una novela por entregas, debían ser consignados y procesados por la justicia. Esta trifulca obligó a los editores a dar por terminada la revista y optar por colaborar en otras, es cuando Cuesta escribe para algunos periódicos como “El Universal” y publica dos ensayos de corte político (1934): “El plan contra Calles” y “Crítica de la reforma al artículo tercero”. En 1938 laboró como jefe del departamento de laboratorio en una industria de azúcares y alcoholes; ya antes, a partir de 1932 y hasta 1937, había trabajado en la Sociedad de Productores de Alcohol. Allí, absorbido por sus inclinaciones científicas, llevó a cabo experimentos con enzimas –de las que, se dice, llegó a inyectarse- e hizo investigaciones con sustancias de diversa índole -a saber, entre tantas más, una que impedía la maduración de los frutos y otra que permitía beber toda clase de alcoholes sin llegar a la embriaguez. Fue precisamente en este periodo de su vida que inició su obsesión en buscar aquello que, según los gnósticos, había encontrado Paracelso: el elixir de la vida. Aunque el poeta con sus invenciones de fórmulas químicas no tuvo la fortuna de hallarlo, si encontró otro proscrito: la locura, que según el poeta John Dryden (1631-1700) “es un placer que sólo el loco conoce”. Esto, aunado a otras muchas angustias morales, lo llevaron a una serie de instituciones de salud mental. En la última, cometió suicidio el 13 de agosto de 1942, cuando apenas tenía 38 años de edad, en plenitud de su vida, pero ya no en la más vasta lucidez intelectual como para discernir lo verdadero de lo ficticio. En palabras de Villaurrutia, Cuesta fue “el más universalmente armado de los escritores del grupo (Los Contemporáneos), porque la filosofía, la ciencia, la estética, la crítica y la poesía, lo atraían con la misma fuerza”.


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