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Abre el Claustro de Sor Juana su tradicional Altar de Día de Muertos

28/10/2011 02:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una atmósfera en la que las tradiciones y el misticismo prehispánico invitan a recorrer las nueve dimensiones del Mictlán, a través de aromas, sabores y sensibilidad popular, brinda la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ) en su ofrenda de Día de Muertos, que en esta ocasión celebra el 360 natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz. A partir de un diálogo entre el tiempo y el espacio es que la casa de estudios ideó el regreso de Sor Juana del Mictlán, que para los antiguos mexicanos significaba el lugar de los muertos, habitado por Mictlancíhuatl y Mictlantecuhtli, señor y señora de los muertos. “Sitio de la muerte y de la vida, donde llegaban los muertos y donde nacían los seres humanos, de acuerdo con la mitología náhuatl y de la que da cuenta Miguel León Portilla en su libro ´Los antiguos mexicanos´”, relató anoche la rectora de la UCSJ, Carmen López-Portillo, durante la inauguración de la ofrenda en homenaje a la autora de “Verde embeleso”. Bajo la coordinación de Jesús Fernando Rodríguez González, “Sor Juana en el Mictlan, a los 360 años de su nacimiento”, fusiona las tradiciones ancestrales del pasado indígena con elementos cristianos, y es que ciento de veladoras guían el camino al noveno piso del inframundo, mientras que Sor Juana en compañía de Xólotl, el guía de las almas, y Mictlancihuatl, la señora de la muerte, esperan de pie la visita de los vivos. A Sor Juana y Mictlancihuatl las escoltan las Cihuateteo, los espíritus de las mujeres muertas en el parto, quienes, al igual que los guerreros que morían en batalla, iban a la casa del Sol, al Omeyocan, al lugar dos, recordó la rectora de esta casa de estudios. Y es que, abundó, “se decía que después de cierto tiempo su alma renacía en forma de ave, y que cuando visitaban la tierra lo hacían de noche. Se les representaba en forma de calavera, y se les atribuían poderes mágicos derivados de la fuerza que habían tenido para enfrentar al enemigo”. En este Altar se observan todos los elementos propios de las ofrendas: las flores de cempasúchil que caen como cascadas solares del Omeyocan, llamas de vida, árbol nutricio, fuego purificador, símbolo de la inestabilidad esencial, de la fugacidad de las cosas, alas de los muertos que circulan por desconocidas regiones, relató la rectora. Asimismo destacan otros elementos, como el copal para honrar a los dioses y las veladoras para iluminar el camino de regreso de los muertos, de la Décima Musa. “Las flores y el río, las esferas y el maíz, las figuras y sus sombras se conjugan en esta ofrenda a Sor Juana, en esta ofrenda a nuestros muertos, esos muertos a los que tenemos siempre presentes, como nuestra querida Rita Guerrero a quien le hacemos un pequeño guiño para que hoy baje a cantar y a bailar con nosotros”, apuntó López-Portillo. Así, en 2011 se celebran los 360 años del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, número que simboliza los 360 grados que se requieren para cerrar un ciclo, mismo que en espiral se abre para que dialoguen la vida y la muerte, el tiempo y el espacio, señaló. Por lo que un juego entre los 360 años de tiempo y 360 grados de espacio “nos lleva al Mictlán, porque se trata de toda esta cosmogonía azteca, y con la que queremos recuperar y mostrar nuestras tradiciones, porque venimos de una rica cultura milenaria”, explicó la rectora a Notimex. Dejando detrás el tradicional altar de muertos barroco, esta ofrenda inicia en la antesala del inframundo, ubicado en el Patio de la Fundación, donde se representan los cuatro rumbos del universo a través del mismo número de grandes pétalos de petate sobre la fuente, decorada con maíz y veladoras. “Para los indios americanos, dice Octavio Paz, el espacio y el tiempo, mejor dicho el espacio/tiempo, dimensión una y dual de la realidad, obedecía a la ordenación de los cuatro puntos cardinales, cuatro destinos, cuatro dioses, cuatro colores, cuatro eras, cuatro trasmundos”, expuso López-Portillo. De acuerdo con la rectora, a partir de la inauguración de esta tradicional ofrenda de Día de Muertos y hasta el 2 de noviembre se estima la visita de cuatro mil personas, “es la fiesta más importante del Claustro a nivel de nuestras actividades artísticas y culturales”, apuntó. Señaló, además, que cada año hay más interés y entusiasmo de los vecinos por participar en este montaje, creado por miembros de la comunidad, lo que significa cumplir la sui generis tarea de esta universidad de ser “un centro de expresión cultural, artística, abierta a los vecinos, los visitantes y en pro del rescate de las tradiciones”.


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