Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Leonel Robles escriba una noticia?

Si no se acaba la corrupción, el país no caminará, asegura en entrevista Martínez Vite

14/01/2018 05:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Para hacer política, teníamos que pagar, pero fue muy importante ese aprendizaje porque te movía el interés real de transformar al país. Ahora invitas a la gente y te dice: “qué me vas a dar por participar”. Se ha pervertido la visión social totalmente

Gabriel Mejía y Leonel Robles

Hace unos días,   sostuvimos una charla con el diputado Raymundo Martínez Vite, sí,   más que una entrevista, fue una plática donde se “abrió” sobre una parte de su vida de la que no había hablado: la parte humana del político, ante todo del luchador social, de los pocos que quedan en este país, que se ha ido adaptando a los tiempos actuales, pero que mantiene la esencia que marcaron los sueños de su niñez. El encuentro tuvo lugar en las oficinas desde donde despacha asuntos relacionados con el cumplimiento de  las promesas que comprometió durante su campaña. La gente de Tláhuac lo conoce porque su vida ha transcurrido entre los tlahuaquenses, si no como uno más porque siempre va al frente de la inconformidad ciudadana, sí abrazado a las causas que lastiman al ciudadano común.

 Nos encontramos en el deportivo San José donde el diputado había inaugurado  la segunda edición del Torneo de la Unidad, competencia de futbol soccer que organiza con el fin de fomentar el deporte y apartar a los jóvenes de “conductas delictivas” en esa localidad.

Martinez Vite tiene presente que los cambios que requiere el país guardan una relación directa con los valores individuales, el hacer política necesita una formación íntegra como ser humano. De modo que no es quitar al otro “porque ahora me toca a mí”, sino que la ciudadanía decida a sus  candidatos, pero que éstos  cuenten con  capacidad,   voluntad de servir, congruencia,   formación política, y, sobe todo, con bases éticas inamovibles. 

Originalmente, esta esta charla see publicó en dos partes, decidimos unificarla para que el lector tenga una lectura completa del pensamiento crítico, de sus pasiones las metas de nuestro entrevistado.

 

Cuéntanos cómo recuerdas tu infancia.

Tláhuac era una delegación muy tranquila donde todos nos conocíamos. Nuestros padres nos dejaban en la casa, al cuidado, si acaso, de los vecinos o amigos mientras ellos  se iban al Centro de la Ciudad. Recuerdo que sólo estaba la avenida Tláhuc-Tulyehualco, como única vía para comunicarse con el resto de la ciudad. De modo que nuestros padres se subían en los famosos camiones verdes (“guajoloteros”) para llegar a San Pablo,   con un recorrido de por lo menos tres horas. Pero, como decía,   había buena relación con los vecinos, en gran medida porque todos nos conocíamos. Había muy pocas construcciones. A mis diez  años de edad, aún no existían las colonias   la Selene, la Ampliación, San José, por ejemplo. Nosotros fuimos los primeros en formar la colonia Santa Cecilia, para llegar a la avenida principal teníamos que cruzar por una vereda, para que se den una idea.

¿En ese niño no había alguna influencia que indicara tu futuro como luchador social?

Yo tuve contacto con la gente desde los diez u once años porque mi padre era velador en los pueblos de Tlaltenco, Zapotitlán, Mixquic, recuerdo que a este pueblo llegábamos en caballo. Entonces, desde los diez años yo ya andaba tocando las puertas de las casas como vigilante. A mí, en lo particular,   me tocó cubrir el pueblo de Zapotitlán, lo conocía muy bien y la gente me conocía muy bien, tanto que si no me daban el peso, que era lo que se cobraba por la vigilancia, me daban un taco.

La casas eran de cartón. Los tornados, aquí les llamábamos remolinos, se llevaban el techo de tu casa y ahí andabas con los vecinos reconociendo tus  láminas: “esa es mía, esa es mía”, nos gritábamos en ese entonces. En época de lluvia,   se formaban las lagunas, los charcos porque para pavimentar una calle se tardaban años. Esa experiencia, supongo,   te va determinando, ta va abriendo la mirada al ver el sufrimiento de la gente y nuestro propio sufrimiento que también cargábamos.

Más tarde, cuando salí de la secundaría, alguien que sí me marcó fue mi madre, mi padre había muerto cuando yo tenía doce o trece años,   de modo que mi madre tuvo que cumplir el papel de padre de ocho hermanos,   una responsabilidad muy difícil.

Mi madre trabajaba en intendencia en la Escuela Normal de Educadoras. Como antes había  oportunidad de que después de la secundaría, tú estudiabas durante tres años y ya podías trabajar como docente. Un poco antes de salir de la secundaria, ella platicó conmigo y me dijo que quería que yo fuera maestro, y que si yo me recibía que me fuera a las comunidades a ayudar a la gente. Esto sí me marcó.  Entré a la normal, pero como todo joven rebelde, y por la distancia, no la terminé.

Después me fui al campo laboral. Trabajé en una empresa que surtía artículos para el hogar, yo trabajaba en el almacén surtiendo productos para clientes selectos. Ahí estuve tres años, pero yo me dije: “tengo que regresar a estudiar”, e ingresé a Cetis No. 1, antes era el 54. Ahí me encontré con la segunda persona, un profesor,   que también marcó mi vida.

Ya empezabas a perfilarte como político.

 Hay un germen en cada uno de nosotros, y a mí nunca me gustó la injusticia. En la secundaria a los compañeros los defendía de los maestros, por ejemplo. Recuerdo que en una ocasión iba haber un enfrentamiento entre dos secundarias, y para detener la pelea me lié a golpes  contra el más “broncudo” de la otra secundaria, así paramos lo que hubiera sido una pelea campal.

Pero al tiempo que pasaban los días, yo empezaba a prepararme, a leer, a tener conciencia de la desigualdad y también del poder de la política, así comencé adentrarme más y más en estos terrenos, y me gustó. Así comenzó otra etapa de mi vida.

Así que cuando ingresé al Cetis,   ya llegué un poco más maduro, y descubrí que había una especie de liderazgo en mí. Era de los más grandes del grupo y yo  representaba a grupos de 32 estudiantes, bien creo, junto con otro compañero que trabajaba en Pémex.

Más tarde te convertirte en maestro de la escuela en la que estudiaste.

Recapitulo cómo llegué a dar clases. En el Cetis, saqué un buen promedio, y por lo mismo me invitaron a trabajar,   porque antes era muy difícil que un ingeniero, por ejmeplo, trabajara como docente por los bajos salarios. Yo ganaba 150 pesos por tres horas, les hablo del 82, pero trabajaba de siete de la mañana a tres de la tarde. Primero como ayudante de laboratorio, , después me dieron ya horas como titular. Y esto me da mucho gusto, mucha alegría porque cumplo al anhelo de mi madre. Además me considero un buen maestro porque trabajaba con los jóvenes para que se prepararan con el fin de que consiguieran un buen empleo. Les exigía que  fueran puntuales, ordenados en el trabajo, que respetaran su área de trabajo y, sobre todo,   que fueran jóvenes inquietos: tengo noticias que mi trabajo no fue en vano porque algunos de mis ex alumnos consiguieron cumplir sus metas.

¿Y en la parte de la política?

Cuando conocí a este maestro, me enteré que andaba en actividades políticas y le pedí que me invitara a participar, este trabajo político se llamaba “Estrategia”, que por cierto el líder de esta agrupación política era Alonso Aguilar, que fue parte del gabinete de general Lázaro Cárdenas.

Si no se acaba la corrupción, el país no caminará

En el movimiento de 1989, yo solo me fui a paro de labores, yo sólo cerré la escuela.

En el movimiento de  1989,   yo solo me fui a paro de labores, yo sólo cerré la escuela. Intentaron levantarme un acta por abandono de trabajo,   me castigaron, pero afortunadamente cuando se levantó el movimiento del magisterio, se llegó al acuerdo de que no hubiera ningún cesado y yo seguí normal con mis clases. Y ahí, en ese movimiento conozco a otro actor fundamental, a Jesús Martín del Campo, que venía de la UPN (Universidad Pedagógica Nacional).

El movimiento magisterial se dividían por sectores: los de secundaria, los de vocacionales, los de normales, y nosotros trabajamos en el sector ocho que correspondía a los de medio superior y superior. Me toca trabajar con Jesús Martín del Campo, ganamos el movimiento, y obligamos al Gobierno Federal a que llegue a un acuerdo, y nos dan comisiones paritarias con los charros, entonces cada secretaría en el magisterio tenía la secretaría de organización y la secretaría de conflictos, y a Martín le tocó la secretaría de organización.

Una parte de tu formación la aprendiste del movimiento magisterial. Un sector que ha sido muy golpeado en los últimos años.

Es importante hacer un análisis de ese movimiento, tuvimos errores. Nosotros criticábamos a los “”charros” por flojos pero, desafortunadamente, cuando llegaron los democráticos a la representatividad sindical, cometieron el mismo error: en lugar de seguir “brigadeando”, de estar al tanto de la problemática de los compañeros trabajadores, creyeron que un puesto en el sindicato era una especie de beca, y la gente empezó a desconfiar de este movimiento. Yo no quise ser miembro del sindicato.

Tenemos un sector educativo poco crítico.

El gobierno federal  ha hecho “bien” su trabajo. Antes, los maestros egresaban de una normal  con una plaza de 12 horas frente a grupo como mínimo, es decir,   ya venían con una formación. Ahora, hay maestros que compran las plazas y,   por lo mismo,   no tienen cariño,   vocación a la carrera de docente, amén de la falta de preparación, por eso ha caído el nivel educativo. Y con la falsa Reforma Educativa se siguen comprando las plazas, díganme, ¿quién califica los exámenes de oposición?,   la Comisión de Evaluación está formada por los mismos de siempre. La diferencia es que antes el control estaba  dividido entre el SNTE y la SEP; ahora,   sólo en manos de la SEP.

 ¿El proceso formativo te la dio el movimiento magisterial?                            

Me dio la formación sindical, pero la formación política la adquirí en “Estrategia”, una organización muy abierta donde sus miembros venían de distintos lugares: UNAM, Relaciones, Exteriores, la Normal. Era,   en verdad,   un equipo muy amplio.

Eran tiempos muy distintos  a los de ahora.

En aquel entonces, en los setenta y ochenta, te la tenías que jugar, incluso para hacer una pinta tenías que andarte escondiendo.Para  hacer política,   teníamos que pagar, pero fue muy importante ese aprendizaje porque te movía el interés real de transformar al país. Ahora invitas a la gente y te dice: “qué me vas a dar por participar”. Se ha pervertido la visión social totalmente.

 ¿Cómo rescatamos el espíritu de la izquierda como una experiencia de vida?

Ahora que ando caminando las calles, les recomiendo a los vecinos, a los amigos, que lan algún libro, revista o periódico, pero ellos se están formando a través de lo que  ven o escuchan.  Si  nosotros no realizamos bien nuestro trabajo, pues esa es nuestra enseñanza. Aquí en Tláhuac, la gente le dio oportunidad al PRD de gobernar, pero yo nunca vi que hubiera un gobierno de izquierda gobernando, incluso en el gobierno de Morena veo la necesidad de una formación política sólida. La vida les dio la oportunidad de llegar a determinado cargo y no lo han sabido aprovechar. No han trabajado para la gente ni con la gente..

Es necesario un gobierno desde la identidad en que se han formado. ¿Cómo gobernar desde la izquierda, con valores éticos de la izquierda?

Si la gente nos da oportunidad de representarlos, debemos anteponer los valores a los intereses personales o de grupo. Nuestra idea no es ocupar un cargo para quedarnos con el dinero del pueblo, sino que hagamos realidad los ideales con los que nos preparamos, que la gente tanga derecho a la cultura, teatro, cine,    a un empleo digno, que mínimo tenga oportunidad de irse a un balneario: dar prioridad a la necesidad del ciudadano.

Es necesario desmitificar el poder como  un acto revolucionario ¿no crees?

Sí. No sé que les pasó a mis compañeros que han gobernado, porque  hemos tenido modelos muy buenos. Tuve la oportunidad de trabajar en las dos campañas, la del 94 y la del 2000, con el ingeniero Cárdenas:  es una persona valiosa, aun con sus problemas.  Recorrí todo el país, y en esos recorridos vi crudeza del sufrimiento, la necesidad. En la sierra de Guerrero, por ejemplo, la gente come quelites, por decir lo menos. Estas experiencias  me hicieron crecer como ser humano.

En 1996, cuando Andrés Manuel López Obrador empezó su gestión al frente  del PRD nacional,  nos mandó a echar a andar las Brigadas del sol. Nos fuimos dos meses y medio a Iguala con los puros viáticos. A los brigadistas del sol  les daban 150 pesos quincenales, que sólo  les alcanzaban para tomarse un refresco, pero no les importaba porque veían en el trabajo una posibilidad de futuro y se metían más a fondo, impulsados desde luego por nosotros que estábamos siempre atrás de ellos. Yo admiro mucho a López Obrador porque es  incansable. Además, desde 1996 cuando recorría las plazas, en cada evento impartía una clase de historia, y estas lecciones fueron penetrando en la mente de cada uno de los mexicanos, como una gotita de agua. Todos los recorridos, desde el 96  hasta ahora, han dejado algo. El político ha perdido la vocación de servir, y nos corresponde volver a rescatar estos valores.

Se ha vulgarizado la política.

Sí, en el PRD siempre han existido corrientes, eran corrientes ideológicas, de opinión, donde se generaba  un verdadero debate. A partir del ´97,   se volvieron corrientes de poder. Lo ilustro con un ejemplo:  cuando terminamos  de recorrer  la República con las Brigadas del Sol, regresamos a la Ciudad de México;  Jesús Martín del Campo  platicó con compañeros del partido para pedirles una candidatura. Se la negaron porque, de acuerdo a su lógica, Martín del Campo no tenía gente que lo respaldara.  Él les contestó que había estado trabajando a nivel nacional para que creciera el partido, y que él no era simpatizante de los grupos de poder. Tuvo que intervenir el ingeniero Cárdenas para que le dieran una candidatura en el Distrito IV de la Gustavo A. Madero, y ganamos esa diputación. Pero los que tenían el control de los grupos en el PRD,  no se arriesgaron  a ir a una elección, ellos querían puestos plurinominales. Voy a exagerar un poco, pero dijeron: “al señor de los tamales lo conoce mucha gente, hay que meterlo como candidato”, es decir,   incluyeron a muchos  sin el nivel político, y ¿qué sucedió?, se arrasó con todas las diputaciones en el DF. Siento que ahí bajó el nivel político y también se pervirtió la política. Lo que importa, desgraciadamente,  es la cantidad de gente que manejas,   no el conocimiento, no la preparación, los valores.

Regresemos, para finalizar, a Tláhuac, un territorio olvidado de los gobiernos estatales.

Veo varios factores por esta marginación, no justificada aclaro. El primero es el poco presupuesto designado a Tláhuac, porque Tláhauc no genera riqueza. No tenemos  industria, que además se agravó con la reforma del gobierno de Salinas de Gortari  al Artículo 27 sobre la privatización del ejido, que ha traído como consecuencia el que la mancha urbana crezca y con ella la escasez del agua, entre otros problemas. Pero, sobre todo, han marginado a Tláhuac,   no la ven como una delegación generadora de empleos, y súmenle la apatía de los gobiernos locales.

 Sin Tláhuac, sin su reserva ecológica, sus mantos acuíferos, la ciudad estaría en riesgo, se colapsaría. Quizá los gobiernos no han estado a la altura para reclamar el derecho de Tláhuac para la subsistencia de la Ciudad de México.

Claro, además si aquí echamos a andar, como se debe, la producción del campo con un apoyo importante del gobierno, eso produciría riqueza, es necesario recuperar el trabajo agrícola. Aquí la gente sabe de ganado como para implementar granjas,   con las nuevas tecnologías y con jóvenes, de la universidad de Chapingo,   por ejemplo, que están deseosos por asesorarte: es cuestión de voluntad política y, desde luego, acabar con la corrupción, porque estoy con AMLO: si no se acaba la corrupción, el país no caminará.

¿Qué hay para ti, ahora?

En estos momentos, el partido me dio la tarea de ser coordinador organizacional de Tláhuac, y vamos a dedicarle tiempo a esa tarea, vamos a unificar a la gente de Morena, vamos a seguir afiliando con el fin de que siga creciendo el partido. Tenemos que sumarle un buen número de votos a la elección presidencial para que sirva de colchón de modo que se evite un fraude electoral.

Si la gente nos da oportunidad de representarlos, debemos anteponer los valores a los intereses personales o de grupo


Sobre esta noticia

Autor:
Leonel Robles (300 noticias)
Visitas:
913
Tipo:
Entrevista
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.