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¡¡¡Adiós Papá!!!

13/01/2010 23:01 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

La pérdida de nuestro padre es algo verdaderamente penoso, aunque todos nos referimos a un gran dolor, creo que no existiría dolor tan inmenso comparable a los angustiosos momentos de pena que tenemos

¡¡¡Adiós Papá!!!

Dedicado a Ana Luz Vera, con todo mi cariño.

Para ti Anita y para todos aquellos que sufrimos la pérdida de nuestro padre, con profundo respeto y solidaridad en estos momentos tan aciagos.

La pérdida de nuestro padre es algo verdaderamente penoso, aunque todos nos referimos a un gran dolor, creo que no existiría dolor tan inmenso comparable a los angustiosos momentos de pena que tenemos que sortear para entender y asimilar tan terrible trance.

Mucho se ha escrito para describir éste suceso, mucho para alabar la grandeza y bonohomía de esos seres tan especiales, sin embargo, llegado el momento no son suficientes para expresar la realidad de nuestro sentimiento.

Por esa razón, me atrevo a escribir en éstas líneas, lo que creo, describiría aunque sea incipientemente, parte de la vivencia que nos deja el enfrentar la partida de nuestro Padre.

No existen palabras, actos o gestos que nos acerquen un poco de consuelo o minimicen en algo nuestra pena, simple y sencillamente es un evento supremo que queda muy por encima de los alcances de nuestro entendimiento o raciocinio y, nos ayuden a comprender el por qué de las cosas.

Cómo expresar o explicar la partida del Padre, que nos dio la vida, que nos condujo a través de nuestra infancia y juventud y, aún en nuestra edad adulta, nos ayudó a enfrentar una y mil viscitudes. Ese hombre que con dedicación, esfuerzo, mucho esfuerzo y cariño, trabajó incansablemente para que sus hijos fueran seres de bien, que no les faltara nada, que tuvieran a su alcance todo lo que anhelaban, que nos ayudó a forjar nuestros sueños y hacerlos realidad.

Cómo entender que no podremos disfrutar más de un abrazo, de un beso, de una buena charla o inclusive un momento de compañía de ese “viejo”, que incansablemente estuvo al pendiente de la más mínima petición de sus hijos, para de inmediato, acercarse solícito a cumplir hasta los caprichos o bien para escuchar las penurias que transcurrido un día habríamos de lamentar.

No, no podremos encontrar más ese rostro apacible, lleno de arrugas y de sabiduría, pero también de mucho amor para sus seres más queridos, “sus hijos”. Indudablemente creo que toda esa pena, esa terrible desazón, habremos de enfrentarla de la mejor manera: con los consejos y enseñanzas que nuestro Padre depositó en nuestro ser, con entereza, fortaleza y sobre todo, amor.

Cómo entender que no podremos disfrutar más de un abrazo, de un beso, de una buena charla o inclusive un momento de compañía de ese “viejo”

Habremos de transformar nuestra pena en un sentimiento lleno de los hechos y consejos de nuestro Padre, haciendo las cosas con amor, con honestidad, con lealtad y sobre todo, con la certeza de que cada uno de nuestros actos está regido por la vida de nuestro Padre.

Cómo no llevar a cabo actos en los que habremos de honrar su memoria, honrar su profundo respeto por los más elementales valores, si él nos educó dentro de convicciones y principios de virtudes, quién podrá negar que nuestro Padre nos itransmitió las virtudes teologales: Fé, Esperanza y Caridad. ¿Quién podrá sustraerse a esas Virtudes Cardinales, que nos inculcó con ejemplos?: Prudencia, Fortaleza, Templanza y Justicia. ¿Es que acaso no merece que vivamos como él siempre lo anheló?

Cómo podremos olvidar ese legado que día a día edificó, donde nos mostró que la vida no es fácil, pero con ambición y trabajo podemos tener lo que deseamos; donde aprendimos de él que podemos doblarnos, pero no quebrarnos, que podemos caer, no una, sino infinidad de veces, pero debemos levantarnos y si es necesario, empezar de nuevo.

Claro que dentro de nuestra pena no será una tarea fácil, pero ¿cuándo escuchamos que nuestro padre se quejara o que se rindiera ante el más mínimo obstáculo?, nunca.

Por eso, para transitar en este pasaje tan doloroso, tendremos que apoyarnos en él, en sus dichos, sus enseñanzas, sus ejemplos y sobre todo, en su cariño.

Por todo lo anterior, creo que nuestro Padre merece la mejor de las despedidas, esa que no nos deje abrumados, dolidos o angustiados, sino aquella en la que hemos de encontrar la esperanza renovada, la fé de que él nos dejó bien preparados para enfrentar la vida.

Anita, todos quienes sufrimos contigo, queremos que estés bien y que, en amorosas, francas y honestas palabras encierres todo tu amor y pena y simplemente digas ¡¡¡Adiós Papa, GRACIAS!!!

Con todo mi amor


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Autor:
El Don (13 noticias)
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Usuario anónimo (28/05/2010)

Sin duda, la perdida de un padre es muy dolorosa y nada en lo absoluto puede aliviar esa pena, mi padre vive; sin embargo nunca he sabido lo que es pasar una tarde con el, un cumpleaños, una navidad....... Yo te diria aun es tiempo de reorganizar nuestras vidas. El pasado no importa tampoco se puede remediar lo realmente importante es el ahora!! TE AMO PAPÁ.
Recibe besos, abrazos y todo mi amor!!
GRACIAS PAPÁ....