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Alberga Museo Universitario del Chopo sendas exposiciones

08/12/2010 13:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El arte japonés, así como la importancia y trascendencia de los movimientos armados en 1810 y 1910 en México, son las temáticas principales de sendas exposiciones inauguradas hoy en el Museo Universitario del Chopo. “Fábulas de dos conflagraciones”, es el título de la primera muestra colectiva que se exhibirá en la Galería Sur del recinto hasta el 3 de abril del 2011, donde nueve artistas visuales mexicanos hacen uso de la estampa y la pintura para analizar la Independencia y la Revolución mexicanas. Rubén Angeles, Carmen Chami, José Antonio Farrera, Natasha Gray, Sandra del Pilar, Casandra de Santiago, Beatriz Santoyo, Elvira Sarmiento y Alejandra Zermeño, expresan su concepción de ambas efemérides como el intento de construir un Estado capaz de conjugar las diversas tradiciones de grupos étnicos, culturales y regiones geográficas diversas en un modelo nacional propio. A partir de esta premisa, los artistas confrontan los preceptos iniciales de estas luchas, con los propósitos impuestos por los triunfadores y la realidad del México contemporáneo. Rubén Angeles presenta la aceptación de la diversidad mexicana, mientras que Natasha Gray invita a romper el alambre de púas para dejar de ser testigo. Sandra del Pilar nos avergüenza al transportarnos bajo la mirada de incredulidad inquisitiva de Emiliano Zapata y Alejandra Zermeño busca evitar las estrategias del olvido que quiere superar a las de la memoria. En la exposición “Kami-Robo”, el artista japonés Tomohori Yasui, exhibe el 50 por ciento de su colección total de robots hechos de papel inspirados en las populares caricaturas de televisión de su país durante la década de 1980. La muestra, que se podrá visitar en la Galería Central del Chopo hasta el 23 de marzo del 2011, consta de 200 piezas originales de robots luchadores que miden entre 15 y 20 centímetros y que actualmente han sido retomados en el cine, teatro y la fotografía japonesa. Cada Kami-Robo, explicó el autor, personifica un espíritu guerrero y tiene un nombre y una personalidad bien definida, algunos son tímidos, perspicaces o testarudos. Entre los robots más conocidos se encuentran “Thunder tigre”, “Madroneck King”, “OrgMerryg” y “Mechanical”, “Man T.71-37”, por mencionar algunos. En Japón existe la creencia de que los espíritus pueden habitar en objetos inanimados, reflejando sus sentimientos y pensamientos. De esta manera, dentro y fuera del cuadrilátero, los robots luchadores tienen vidas e historia qué contar, así como complejas relaciones y batallas que se desarrollan como una saga. Esta creencia se inspira en el teatro guiñol “bunraku” que se basa en el efecto vivo y emocional de títeres “vivos” en el escenario. Bunraku es un arte teatral tradicional japonés que data de hace más de 200 años y que retrata historias dramáticas mediante representaciones maestras con títeres que cobran vida en el foro. Los titiriteros son la vía para ayudar a los muñecos a comunicarse, la intensidad del drama permite al público aceptar esta tradición que se conoce con el nombre de “mitate”. Lo mismo ocurre con los luchadores “Kami-Robo”, en la que los objetos irreales adquieren la capacidad temporal de hacer creer a las personas que son reales. Estos robots de papel son muy conocidos en Japón, su éxito se ha debido al trabajo conjunto de Yasui con Katsunori Auki, director creativo de Butterfly Stroke, reconocido por su habilidad como publicista, quien se ha encargado de crear un concepto para promocionar estas piezas. Finalmente, en la Galería Arnold Belkin, del Museo Universitario del Chopo, se exhibe también a partir de hoy, la muestra colectiva “Jardín de invierno. El micripop en el arte japonés”. La muestra explora las tendencias, clandestinas pero significativas, del arte contemporáneo japonés, compartidas por una generación de artistas que cumplieron la mayoría de edad en la década de 1990, que si bien se conocen por la gran diversidad de sus metas y técnicas, comparten algunos acercamientos y actitudes hacia el arte y el mundo contemporáneo. “Micropop” es una palabra inventada por el crítico y curador Midori Matsui, que resume una doble meta artística: refrescar la percepción de la realidad más allá de los rígidos marcos de los roles sociales, la clase, el género o la nacionalidad, para lograr la libertad de la imaginación y reutilizar el conocimiento, de cosas y ambientes preexistentes para lidiar con las exigencias inmediatas de la vida. Para lograrlo acumula fragmentos para crear un nuevo grupo de cosas e imágenes, con el fin de revelar una nueva perspectiva o una nueva forma de realizar una acción efectiva e inventa juegos, contextos y usos para cosas y lugares que se aprecian oscuras, pasadas de moda o banales, para crear un espacio flexible de comunicación. Los artistas que comparten la tendencia “micropop” iniciaron su práctica artística a finales de la década de 1990 y principios del 2000; experimentaron los resultados negativos de la globalización en su etapa de adultos jóvenes, incluyendo la recesión económica, los desastres naturales, así como varios tipos de crímenes violentos causados por la reorganización política de las nuevas religiones. La difusión de la red medio ambiental y la creciente desigualdad social creada por las políticas neoliberales. En consecuencia, creen poco en el progreso de la sociedad, la visión teológica o las metas de éxito material y fama. Sus expresiones parecen modestas y anónimas, utilizan materiales baratos o desechables y adoptan con frecuencia métodos de dibujo y video, “fáciles de lograr”. No obstante, transforman los detalles cotidianos, en apariencia insignificantes, los edificios pasados de moda y los lugares banales suburbanos, en experiencias estimulantes, mediante la combinación de cosas heterogéneas y un nuevo contexto en que las cosas caducas cobran nueva vida. Esta muestra, que explora las posibilidades de una expresión artística “modesta”, pero fresca que, iniciando en la pobreza, utiliza la condición de necesidad, detalles insignificantes y fenómenos efímeros, para transformar la vida cotidiana, podrá ser visitada hasta el 2 de marzo del 2011.

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