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Alberga Teatro de la Ciudad espíritu navideño de “El Cascanueces”

12/12/2010 03:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La Academia de la Danza Mexicana y la Orquesta Filarmónica de las Artes, bajo la dirección de E. Abraham Vélez Godoy, ofreció la víspera el ballet clásico “El Cascanueces”, un cuento universal para época decembrina, que fue ovacionado en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”. Ante un recinto casi lleno se volvió a vivir la magia de este cuento, con música de Piotr I. Tchaikovski, que en medio de una escenografía navideña, un gran salón y por supuesto un gran árbol lleno de luces y adornos, revivió el clásico. Bailarines, soldados y ratoncitos, todos con atuendos muy vistosos, ejecutaron sus escenas de manera espléndida con movimientos muy sutiles y finos en el escenario. Acompañados por la música de la Orquesta, bajo la batuta de Vélez Godoy, los bailarines dieron cátedra sobre el escenario, lo que les valió la ovación del público. “El Cascanueces” comienza con los invitados que se apresuran para asistir a la celebración de Navidad que tiene lugar en uno de los hogares de la pequeña comunidad. Los niños visten festivamente y sus padres los acompañan gustosos y portando muchos regalos. Drosselmeyer, un mago y gran amigo de los niños también se dirige presurosos a la fiesta, deseando no llegar tarde. En el centro de la sala se encuentra un árbol de Navidad hermosamente decorado, rodeado de regalos para todos. Los invitados llegan y saludan a los anfitriones de la casa. Las puertas se abren y los niños corren hacia adentro de la casa. Todo es alegría y el baile comienza alrededor del árbol de Navidad. Los niños organizan un juego de soldados, mientras las niñas bailan extasiadas con sus hermosas muñecas. Drosselmeyer celebra alegremente con ellos, inventando en el instante varios juegos y ejecutando distintos trucos de magia. Asombra a niños y adultos por igual, con su espectáculo de muñecas acerca de una extraordinaria princesa, del príncipe Cascanueces y del terrible Rey de los Ratones, atrae la atención de la concurrencia. La imaginación de Drosselmeyer no tiene fin. A los niños les gustan especialmente los muñecos con movimiento, que pueden bailar como si estuvieran vivos. Con gran placer, todos esperan cada sorpresa y el infatigable mago muestra un muñeco más: el poco atractivo Cascanueces. A los niños no les gusta su apariencia. Con gran placer, Drosselmeyer regala a Clara el Cascanueces, aunque a ella no le atrae, lo abraza con mucho afecto. Clara se queda dormida en la sala de su casa, junto con el árbol de Navidad y sueña que éste y los juguetes se hacen enormes. El insignificante Cascanueces se convierte en príncipe y conduce a Clara a un bosque invernal de incomparable belleza y es así como comienza un viaje fantástico.


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