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Es el albergue “Jesús el Buen Pastor” oasis de paz para migrantes

02/08/2012 05:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En los siete años que lleva en operaciones, el albergue “Jesús el Buen Pastor”, en esta frontera sur del país, ha atendido a más de ocho mil personas, a muchas de las cuales también ha salvado la vida. Aunque desde que su fundadora, Olga Sánchez Martínez, decidiera dedicar su vida a esas tareas, a principios de los 90 del siglo pasado, ha apoyado de una u otra manera a más de 20 mil personas. Para hablar de ese albergue y la importancia que tiene para los migrantes que llegan a México en busca del sueño americano, pero que en su camino sufren terribles accidentes, la vida de Sánchez Martínez es referencia obligada. Ella nació en extrema pobreza el 12 de marzo de 1959, en los límites entre los municipios de Tapachula y Tuxtla Chico, en Chiapas. Por esa precaria situación económica no tuvo la oportunidad de ir a la escuela, y la vida la obligó a aprender a leer y a escribir en las calles. Cuando cumplió ocho años de edad, sus padres la echaron de la casa para que se valiera por sí sola, como era costumbre en esos tiempos. Por muchos años se desempeñó como vendedora de tortillas, cuidadora de niños, costurera y empleada doméstica. En su juventud fue secuestrada por unas personas quienes, al igual que a otras de su edad, las explotaban laboralmente; sin embargo, se jugó la vida y logró ayudar a escapar a todas las mujeres de ese lugar. De acuerdo con el expediente médico de uno de los hospitales más prestigiados del país, Olga llegó a padecer cáncer intestinal en fase terminal y el dictamen señalaba que no le quedaba más que un par de meses de vida, por ello decidió regresar a morir en Tapachula. Eso tiene ya 22 años de ocurrido. El saber que iba a morir, a principios de los años 90, la llevó a decidir dedicar sus últimos días a repartir comida en las inmediaciones de las vías del tren en Tapachula, en donde se concentraban indigentes y migrantes. Ahí se encontró que muchos de ellos morían a falta de atención médica por enfermedades comunes o por hambre, esa situación la motivó a tomar a cuestas el cuidado de esas personas, incluso llegó a tener a 20 enfermos en su propia casa, ubicada al sur de la ciudad, en donde les daba de comer y medicamentos. Olga no murió. En lugar de ello se percató que su casa ya era insuficiente y, por lo mismo, en 1999 solicitó las instalaciones de la Casa del Indigente en Tapachula, en donde estuvo casi un año. Para 2000, un empresario local, Francisco Muñoz Palacios, le dio prestada una casa a la que por varios años convirtió en el albergue “Jesús el Buen Pastor”, al que llevaba indigentes, migrantes mutilados, mujeres maltratadas y personas en situaciones extremas. Terminó con sus ahorros y tuvo que vender sus pertenencias personales para poder cumplir esas tareas. Después pidió limosna en las calles, negocios, templos religiosos y hasta casa por casa. Cuando suplicaba por los migrantes, muchas veces recibió a cambio una moneda o un pan, pero también humillaciones, "había quienes me escupían la cara y mis manos o me gritaban lárgate india apestosa". Ella misma reconoce que era desesperante saber que se acercaban las horas de comida y que en el albergue había en promedio 20 personas esperando ser alimentadas y que además requerían cuidado médico. Su labor fue reconocida en enero de 2004, cuando el gobierno federal instituyó por primera vez el Premio Nacional de los Derechos Humanos, siendo ella la primera en recibirlo de manos del entonces presidente Vicente Fox, quien además le entregó un cheque por 250 mil pesos. Días después, el gobierno de Canadá, a través de su embajada, la premió como la Mujer del Año, y le otorgó un donativo por 900 mil pesos. Con esos recursos compró suficiente comida, contrató un médico, enfermera y otros especialistas para atender el albergue. También adquirió prótesis para los migrantes mutilados y dio el primer abono de un terreno ubicado al sur de Tapachula, en donde soñaba construir sus propias instalaciones. Los reconocimientos internacionales y nacionales vinieron después por racimo. El gobierno de Australia le entregó el premio Ejemplo Humano y 150 mil pesos, mientras que la organización Vamos México reconoció su esfuerzo y dedicación, además de un donativo de 260 mil pesos. Con todos esos recursos empezó a construir el albergue en donde los mismos migrantes mutilados decidieron participar como voluntarios, sobre todo en tareas de albañilería. Una empresa chiapaneca dedicada al ramo de la construcción ofreció también sus servicios de manera altruista y en 2005 el albergue fue oficialmente inaugurado. Sánchez Martínez recuerda que un día tocaron a la puerta y al abrir se encontró con la sorpresa de que había llegado hasta ahí y sin protocolos María Shriver, la esposa del entonces gobernador de California, Estados Unidos, Arnold Schwarzeneger. Asegura que Shriver lloró al ver la realidad de los migrantes al sur de México. Recorrió el albergue y dejó un donativo económico, 50 sillas de ruedas y 20 pares de muletas. A base de muchos esfuerzos, hoy, ese lugar cuenta con cuatro dormitorios con siete camas cada uno para mujeres; otras seis piezas similares, pero para hombres, además de talleres de panadería, costura, computación, inglés, cocina, comedor, capilla, sala de televisión, bodega, lavandería, consultorio, baños y áreas verdes. De las personas que han requerido de algún servicio de ese lugar, aproximadamente la mitad han sido migrantes mutilados al caer del tren en su viaje a Estados Unidos. Aunque en la larga lista de pacientes atendidos están también heridos de bala, violados sexualmente, atropellados y lesionados por arma blanca. Las aportaciones altruistas no son suficientes para dar de comer a los migrantes y pobres que viven temporalmente ahí, por lo que Olga Sánchez continúa pidiendo limosnas en las calles de Chiapas. Su labor al frente de ese albergue, único en su género en América, provocó que fuera nombrada la Mujer del Año por la administración estatal, en tanto que el Senado la galardonó en 2006 con el Mérito al Valor. Asimismo, una cadena de televisión mexicana la designó "Mujer con Valor" en su edición 2009, entre otros muchos reconocimientos. El 26 de abril de 2009, Olga Sánchez recibió el premio "Héroes de Compasión a quienes no cantan" de manos del Dalai Lama. A la fecha ha sido la única latinoamericana en recibir ese reconocimiento. Casada y con tres hijos, Olga se encontró en 2007 con un recién nacido abandonado, quien tuvo que ser sometido a dos operaciones y a la colocación de una válvula en el cerebro. El niño fue llevado al albergue en donde, por las complicaciones médicas requirió de cuidado permanente. Hoy es el cuarto hijo de Olga Sánchez a quien bautizó con el nombre de Ángel. "La marginación no se soluciona por decreto y ni se da de comer a los pobres con discursos. Hacen falta más acciones y menos palabras", sostiene Sánchez Martínez. Cabe mencionar que el año pasado llegó hasta ese albergue una comisión de obispos de la Iglesia católica de Alemania, quienes querían corroborar lo que ahí se hacía, derivado de ello, le entregaron el reconocimiento La Mujer de la Evangelización. "Nos da mucha alegría recibir los reconocimientos y premios de muchas partes del mundo, pero sinceramente cambiaría cualquiera de ellos por comida para el albergue", puntualiza orgullosa.


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