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Alemania recuerda a Joseph Beuys en aniversario de su muerte

22/01/2011 09:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Alemania recuerda el 25 aniversario de la muerte de Joseph Beuys, uno de sus más grandes pero también más controvertidos artistas, que polarizó y dividió las opiniones. El 23 de enero de 1986 moría el creador de arte a través del uso del fieltro, grasa, miel, sangre o chatarra. El país recuerda con diversas exposiciones la obra del autor, como la gran retrospetiva mostrada en la sede de la colección de arte de Renania del Norte Westfalia en Düsseldorf. con el nombre de “Proceso paralelo”, que registró un gran número de visitantes. Y es que Düsseldorf es quizá la ciudad que albergue más recuerdos del artista (1921-1986), donde vivió y enseñó y donde viven aún algunos de quienes fueran sus amigos, como Johannes Stüttgen, de 65 años, que estudió con el artista y catedrático entre 1966 y 1971. El interés en el estudio de este artista crece en Alemania. Para unos era un “chamán”, pero a otros asustó con sus féretros de conejos muertos, que revolucionaron el arte de la posguerra alemana. Beuys, conocido por sus sombreros de fieltro, su rostro anguloso, fue cofundador de los grupos de los Verdes y era un estrecho amigo del artista estadounidense Andy Warhol. Pero sobre todo, un gran maestro que revolucionó el concepto de la enseñanza. El artista sabía sacar de los alumnos lo que ni él mismo imaginaba, “los llevaba por sus propias líneas y no por la del profesor”, dijo Stüttgen en declaraciones a medios alemanes. Eso explica las distintas tendencias que han seguido algunos de sus alumnos, como Imi Knoebel, Jorg Immendorff, Blinky Palermo o Katharina Sieverding. Joseph Beuys nació en Krefeld el 12 de mayo de 1921 y murió en Düsseldorf el 23 de enero de 1986. Trabajó distintos medios y técnicas como la escultura, performance, instalaciones y video, y es considerado uno de los artistas europeos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Aunque se ha dudado a menudo de su veracidad, Beuys afirmaba que combatió como piloto en la Segunda Guerra Mundial (1939-45), se estrelló en Crimea y, a punto de morir congelado, unos nativos lo rescataron y lo envolvieron con grasa y fieltro para evitar su muerte. Ambos elementos aparecerán constantemente en su obra. En 1962 comenzó sus actividades con el movimiento neodadá Fluxus, cuyo mayor logro fue la socialización y el acercamiento del arte al público. Todos coinciden en que Beuys era un adelantado de su tiempo. Ya en los años 60 exigía más democracia directa, porque la autodeterminación era su principio fundamental. Incluso los Verdes, con quienes se comprometió durante la fundación del partido ecológico, le decepcionaron. Todos los días iba a la academia, donde pasaba todo el día, para enseñar, donde era tan temido como venerado. Pero su concepto de libertad no fue comprendido por el ministro de Ciencia de entonces, el socialdemócrata Johannes Rau, que lo expulsó en 1972 como profesor académico cuando comenzó a enseñar en su clase a estudiantes que habían sido rechazados. Y es que Beuys no despreciaba a nadie, para él todos eran artistas. Energía, fuerza de voluntad e intereses múltiples se unen en su compleja obra que los historiadores siguen intentando descifrar en la actualidad. Los expertos no sólo lo consideran un maestro de los materiales, sino de las acciones. Según la directora de la colección NRW de Düsseldorf, Marion Ackermann, su obra rompió las fronteras de las disciplinas artísticas, influyó al teatro y definió un cambio del concepto tradicional de obra de arte. Y todo ello con una gran dosis de humor e imaginación. Pero a muchos les indignó que lograra precios tan altos en el mercado del arte con sus materiales, como la grasa. “Sus obras de grasa nunca apestaron”, cuenta con humor Stüttgen. Bien lo sabe, pues vivió un tiempo con él. Y otro de sus aspectos fundamentales: el secretismo. Cuanto más se intenta entrar en sus obras, mayor es el secreto, consideran los expertos. Quizá su obra más recordada sea “Cómo explicar los cuadros a una liebre muerta”, de 1965, en la que se puso miel y pan de oro en la cabeza y le hablaba sobre su obra a una liebre muerta que tenía entre sus brazos. Muchos lo interpretaron como que Beuys asumía el papel de chaman con potestad de curar y salvar a una sociedad que él consideraba muerta. En 1974 llevó a cabo la acción “Me gusta América y a América le gusto yo”, donde convivió con un coyote durante tres días para formular una crítica a la política estadounidense en relación a los indios. Cinco años después, el Museo Guggenheim de Nueva York exhibió una gran retrospectiva de su obra, consolidando su reputación como uno de los más importantes de su tiempo.


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