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Alma Desnuda

23/07/2013 11:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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No había visto Alma Desnuda (Thérèse Desqueyroux, Francia, 1962), cuarto largometraje de Georges Franju, basado en la novela de Francois Mauriac, Thérèse Desqueyroux (1927). Sin embargo, ante el inminente estreno de Retrato Íntimo (Miller, 2012) -otra adaptación fílmica de la misma novela del Premio Nobel 1952-, me di a la tarea de buscar la susodicha película de Franju. La encontré, completa, en una copia pasable en youtube, en el francés original con la posibilidad de agregarle los subtítulos en inglés. No cabe duda, dirían algunos de mis colegas, el internet es cosa del demonio. La cinta es mucho más que una mera curiosidad y, aunque en su momento los influyentes cinecríticos/cineastas de la nouvelle vague no la recibieron con mucho entusiasmo, el británico Raymond Durgnat -quien escribió un libro sobre Franju en 1968- la defendió como la mejor película en la filmografía del director. Para ser francos, no he revisado toda la obra de Franju, pero coincido más con la lectura de Durgnat: Alma Desnuda resulta mucho más interesante que su cinta más conocida, Los Ojos sin Cara (1959) y bastante menos dispareja que Judex (1963). Adaptada a la pantalla grande por el propio Mauriac en colaboración con su hijo Claude y el propio Franju, la película es muy fiel a la trama -inicia, como el libro, in media res , y está poblada de flashbacks que se vuelven reflexivos por la constante voz en off de la protagonista- y hasta a los diálogos, pues muchos de ellos son idénticos a los que aparecen en la novela. Sin embargo, Franju es mucho más que un copista competente, por lo que encuentra siempre la manera de trasplantar las profundas reflexiones católicas de Mauriac -en este caso, sobre la (im)posibilidad del perdón a una terrible pecadora, la Thérèse del título original- en imágenes puras, en hallazgos genuinamente cinematográficos. Filmada en locaciones auténticas de la zona de Landes, al suroeste francés, lugar en donde transcurre la acción de la novela y en donde nació el propio Mauriac, la cinta inicia cuando Thérèse Desqueyroux (Emanuelle Riva, Mejor Actriz en Venecia 1962 por este papel) se salva de ser juzgada por el intento de envenenamiento de su marido, Bernard (Philip Noiret, impecable), quien sabiendo que ella es culpable accedió a darle la coartada que la salvaría de la cárcel, del oprobio. De regreso en auto a la casa familiar en Argelouse, Thérèse recuerda y reflexiona sobre las circunstancias que la llevaron al fallido asesinato del rechoncho y aburrido esposo. Al llegar a Argelouse, Bernard le informa sobre las nuevas condiciones de su vida: la hijita de ambos será criada por la madre de Bernard, Thérèse no podrá salir de sus habitaciones, todas las comidas le serán servidas en ese sitio y no habrá separación ni, mucho menos, divorcio entre ellos. La familia -es decir, las apariencias, el apellido, la alcurnia- es primero, así que irán a misa todos los domingos y al mercado todos los jueves. Thérèse se ha salvado de la cárcel para entrar a una tumba. Franju, en colaboración con sus cinefotógrafos, Christian Matras y Raymond Heil, logra transmitir el asfixiante mundo familiar que ha acorralado desde su infancia a la inteligente, observadora y reflexiva Thérèse, la única heredera de una enorme riqueza familiar, que lleva "la propiedad en la sangre" y casi nada más. La interpretación de Riva es impresionante: con su belleza clásica deformada por los ojos muy abiertos, con una mirada dominada por la incredulidad ante la mediocridad y la pequeñez de quienes la rodean, con una media sonrisa que no es más que un rictus amargo, la Thérèse de Riva, siempre en (aparente) control, siempre con su cigarrillo en mano, es una mujer que se ha dado cuenta del inabarcable vacío de su vida y que ha tratado de resolverlo. Además de la fluidez de la cámara en los espacios cerrados -hay unos paneos ejemplares por su funcionalidad y elegancia- y un impecable manejo del encuadre -siempre está pasando algo en pantalla, en el primer plano o en la profundidad de la pantalla-, Franju logra algunas imágenes notables: la ventana del autor que lleva a Thérèse a Argelouse convertida en una pantalla cinematográfica para hacer la ingeniosa conexión con el pasado, el cruel plano detalle de los dedos de Thérèse tirando la ceniza de un cigarrillo inexistente o la aparición fantasmal de Thérèse ante la familia de Bernard, hacia el desenlace. Y, por supuesto, la imagen final del cielo (tratándose de Mauriac, de Dios) que ha sigo testigo de todo. Puede que Thérèse no pueda nunca ser perdonada por Bernard y su familia pero, acaso, ha iniciado a ser perdonada por Él.


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Autor:
Cinevertigo (1061 noticias)
Fuente:
cinevertigo.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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Distribución gratuita
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