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De la alta política, la evaluación universal y mi receta de reforma educativa

25/04/2012 03:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

EDUACIÓN A DEBATE

Martes 24 de abril de 2012

Por Eduardo Andere M.*

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Con el fulgor de las campañas políticas la educación será cocinada en olla de presión. La intensidad de la flama surgirá por cualquier tema. En apariencia, el tema parece ser "la evaluación universal". En realidad, es sólo la punta del iceberg, algo realmente sin importancia ni en lo pedagógico ni en lo educativo. La evaluación universal como está planteada no toca ni trastoca la esencia del problema educativo y menos de aprendizaje de México.

Si las evaluaciones de los estudiantes y docentes muestran de manera consistente, con instrumentos e indicadores nacionales e internacionales, que su desempeño es de malo a pésimo, algo anda mal a nivel nacional, cultural y social.

La investigación educativa de los factores asociados al desempeño también demuestra de manera consistente que la variación de los resultados entre unos estudiantes y otros, unos docentes y otros, unas escuelas y otras, y unos sistemas y otros, es explicada más por factores externos a la escuela y a la pedagogía que por factores propios de ellas. Tal es el caso de los así llamados factores de estatus socioeconómico o SES (por sus siglas en inglés). Cuando uno incursiona en este territorio SES, realmente uno se inmiscuye en las entrañas de la sociedad y su cultura.

La pobreza, la inequidad, el subdesarrollo político y la cultura de antiaprendizaje en México es donde se encuentran las raíces del problema: no en la evaluación educativa. Sostener lo contrario, es científica y políticamente inocente.

Si lo anterior es cierto, un sistema de evaluación universal que descansa en modelos estandarizados, con una fuerte ponderación con base en los resultados de mediciones también estandarizadas de habilidad cognitiva de los educandos en algunas materias, y habilidades cognitivas estáticas de los docentes, es un sistema incompleto, incorrecto e intrascendente; y quizá hasta perverso.

Pero, insisto, éste no es el tema. Si la mayoría de nuestros estudiantes y docentes han salido mal librados en pruebas estandarizadas no es porque los maestros o sus sindicatos quieran o no quieran ser evaluados, sino porque tenemos temas de nivel nacional, cultural y organizacional estructurales y enraizados que han arrojado generaciones de maestros mal preparados para enseñar y estudiantes (y sus familias) mal encauzados para aprender.

El tema de la pobreza educativa no se resolverá nunca con evaluaciones estandarizadas nacionales, ni de unos —alumnos— ni de otros —docentes. Tenemos que cambiar como sociedad, en lo político, en lo económico, en lo social y en lo cultural. ¿Cómo? Una nueva revolución podría ser un camino; al final, es uno ineficiente y terriblemente doloroso. Los acuerdos políticos pueden ser otro camino: lo que yo llamo alta política educativa.

En la alta política educativa se deciden dos cosas: las relaciones de poder y las condiciones básicas, reglas del juego, para que las mejores organizaciones y pedagogías escolares florezcan. Éstas últimas son temas de la baja política educativa. La alta y baja políticas educativas no se distinguen por su jerarquía sino por su nivel de análisis.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
amanecersinaloa.com
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973
Tipo:
Reportaje
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Distribución gratuita
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