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Amigos y colegas destacan incansable labor de Carlos Monsiváis

19/06/2011 08:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

(Ampliación) * A un año de su muerte, su risa nos hace una horrible falta: Poniatowska * Pide Villamil impulsar cátedras para conocer y releer su obra * Nadie ha tomado su lugar, sostiene Sergio Pitol México, 19 Jun. (Notimex).- Como un incansable promotor cultural de aguda inteligencia, defensor de los derechos humanos, una brújula política de amplios sectores del país; amigos, colegas y familiares recordaron al escritor mexicano Carlos Monsiváis (1938-2010), en su primer aniversario luctuoso. En el acto, efectuado en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, los escritores Sergio Pitol, Elena Poniatowska, Jenaro Villamil, Marta Lamas y Javier Aranda se refirieron a “Monsi” con cariño, al tiempo que hicieron un repaso sobre sus aportaciones a la vida cultural y política de este país. Bajo el título de “Amor perdido, un año sin Monsi”, Poniatowska recordó con cariño a su entrañable amigo y habló sobre las cenizas del escritor que fueron depositadas en una de las salas en el Museo del Esquillo, en esta ciudad. Afirmó que a un año de su muerte, “su risa matutina hace gran falta, una falta horrible” y lo calificó como un “hombre de ciudad”, tal como alguna vez lo llamó el también escritor Adolfo Castañón. “Amarlo era padecerlo”, indicó. Subrayó que Monsiváis se ha convertido en un movimiento social, pues “cada vez que nos reunimos, la conversación termina con Monsi”. “Su lucidez implacable, su inteligencia crítica, su falta de poder personal y su total ausencia de privilegios, lo convirtieron en un defensor de los derechos civiles; en el intelectual que más y mejor supo protestar por las violaciones a los derechos humanos, en el ciudadano que mejor denunció la inmensa ineptitud y la codicia de los políticos que nos gobiernan”, mencionó. Por eso, agregó Poniatowska, sus seguidores somos un operativo al futuro, al que se le unen todos aquellos sobre quienes Monsi escribió: Carlos Pellicer, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, María Félix, “Rius”, Carlos Fuentes, entre otros, porque Monsi nos metió a todos en la misma bolsa y ahora somos esta piñata deshilachada. La autora de “La noche triste de Tlatelolco”, se refirió además a la urna que hizo el artista plástico Francisco Toledo, donde se encuentran depositadas las cenizas del escritor, y agregó que su forma, volumen y redondez de tierra, la convierte en un abrazo, “en un recibimiento excepcional”. La urna, refirió, acoge, cobija, se ahonda y suena a barro; lentamente pulida, brilla trabajada por las manos del buen alfarero, del creador y del artesano, del que si sabe hacer las cosas y sabe rendirle homenaje al amigo. “Es una urna de un extraordinario carácter que refleja los muchos experimentos técnicos que ha hecho Toledo con el barro, la madera, todas las sutilezas de la materia, pero sobre todo el sagrado sentido de la vida”, destacó. La también escritora Martha Lamas se refirió al activismo del llamado crítico de la Portales, quien escribió obras como “Días de guardar” (1971) y “Amor perdido” (1977), entre otras. Dijo que a un año de su muerte, son miles quienes lamentan su partida, “pues se trataba de la brújula política de amplios sectores de este país”. Señaló que Monsi encarnaba una postura paradigmática, la de un luchador incansable en todo momento. “Fue un personaje que exhibía las mentiras y barbaridades de los poderes fácticos, y se lamentaba de todo lo que nos hacen como país, además de que nos explicaba por qué ocurría”, refirió, al tiempo que dijo que Carlos, nunca olvidó las necesidades de los postergados y siempre denunció las deudas sociales pendientes. “Monsiváis trazaba escenarios políticos posibles, diseñaba intervenciones y nos revelaba a los propios activistas las razones de nuestra militancia. Lo buscábamos para que nos explicara y nos decía “No soy un profeta”. Sin embargo, no recuerdo ni una sola vez que no atinara en sus apreciaciones y pronósticos”, destacó. Lamas aseguró que Carlos Monsiváis no sólo fue un referente político de muchos movimientos sociales y organizaciones civiles, sino un poderoso e influyente aliado. Tras hacer un breve recuento de los actos feministas y demás en los que participo Monsiváis, pugnó porque a un año de su muerte se le siga leyendo, pues al hacerlo “recuperamos su lucidez y aliento combativo”. En su oportunidad, su amigo y colaborador Genaro Villamil propuso que desde el ámbito del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) se impulsen cátedras para conocer y releer la obra del intelectual mexicano. Dijo que Carlos es un extraño caso de conquistador que ya intuía y conocía las dimensiones de los territorios imaginarios, intelectuales, culturales, periodísticos y sociales, antes de haberlos colonizado plenamente y afirmó que método de conquista no fue la espada y la cruz, sino el humor y la inteligencia. Comentó que su rigor era periodístico por la precisión en los detalles en la información, pero su alcance era más amplio por la complejidad de su prosa. “En su obra como en su amistad, no prevalecía el apapacho o la falsa amabilidad, sino, el desafío intelectual y compromiso compartido”, puntualizó. “Su obra es abierta, vital, provocadora y permanente, y aún dialoga con los jóvenes que recientemente han marchado con Javier Sicilia denunciando la doble violencia, la verbal y física que ha imperado”, dijo. El escritor veracruzano Sergio Pitol, amigo de varios años de Monsi, evocó la figura del colega y habló sobre sus primeros años de amistad, así como los diversos acontecimientos nacionales ocurridos en los últimos 40 años. “Carlos fue muchas cosas, pero sobre todo, nuestra conciencia más lucida y penetrante. Su persona y obra se convirtieron en una guía moral para moverse en este México del que tanto escribió y al cual supo ver tan claramente. “A su muerte, hay en el ambiente una suerte de desamparo, nadie podrá tomar su lugar; se extraña su prosa transparente y aguda, sus comentarios certeros y audaces, y presencia universal. A través de sus libros, sigo dialogando con él como en aquel 1954”, subrayó. Al final del acto se prestó el micrófono a los asistentes, a fin de que expresaran y recordaron alguna breve anécdota relacionado con el intelectual.


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