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Ana, la mujer que impone con pronunciar su nombre

04/08/2012 12:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Ana Fidelia Quirot, toda una campeona

Es de noche. La madre no duerme por la angustia de saber los resultados de las pruebas aplicadas a su hija. Teme que le digan algo terrible, algo como que su pequeña nació lenta de cerebro. En tanto, la niña, cansada de haber dado lata durante el día, sueña con los angelitos.

Al día siguiente, madre e hija llegan juntas a la escuela. Una de las maestras le informa a la mamá que puede estar tranquila: "Ana no tiene nada fuera de la normal. Sin embargo creemos que sus problemas de aprendizaje se deben a la falta de motivación y disciplina. Por un lado ella siente que no nació para el estudio. Por otro, se distrae con mucha facilidad y solamente quiere jugar".

Se toma la decisión de inscribir a la pequeña en una escuela de enseñanza especial, una institución donde acuden niños con alguna discapacidad física o dificultades para aprender. Durante varios recreos, la directora del centro educativo observa a Ana. Se da cuenta de que la niña se divierte corriendo, saltando la cuerda o haciendo ejercicios de flexibilidad.

Con permiso de la madre, la directora ingresa a Ana en un equipo de voleibol escolar, en equpos de salto de longitud y en pruebas de atletismo. Posteriormente la maestra de educación física la llevó a un centro deportivo para que los profesores del mismo evaluaran su potencial. La niña corrió y corrió. Sin zapatos, descalza por la pobreza, Ana sorprendió a sus visores. "Señora, si su hija no nació para la escuela permítame decirle que entonces lo hizo para ser una extraordinaria deportista", dijo un profesor a la madre de Ana.

Pasaron los años y Ana, convertida en toda una mujer, ya con zapatos puestos, correría en los Juegos Olímpicos de Barcelona '92 para ganar la medalla de bronce en los 800 metros. A estas alturas ya era conocida en el mundo y en su primera justa olímpica solamente reivindicaría sus virtudes en la pista. "Es una saeta. La cubana impone respeto desde que se pronuncia su nombre", detallaban algunas crónicas de la época.

En su apogeo, Ana volvería a ser noticia medio año después de haber obtenido la presea en Barcelona. No fue para abordar su velocidad o su aplomo al competir. Era algo más grave. Un accidente en la cocina de su casa borró la delicadeza de su piel con quemaduras brutales en todo el cuerpo. El ardor y la gravedad de las laceraciones serían apenas un esbozo de la tragedia. Ana estaba embarazada.

Los médicos tuvieron que inducir el parto y practicar una cesárea para que una nena viniera al mundo. Pese a los esfuerzos, la criatura murió. Las quemaduras habían asestado el golpe más terrible a Ana. Tanto en Cuba como a nivel mundial, plegarias y rezos no se hicieron esperar. La solidaridad reflejada en un armónico deseo de recuperación fluyó en lo público y en lo privado.

Contrario a lo que se esperaba, Ana, a quien ya se le consideraba una muerta en vida, no se desplomó ni se dejó morir. Sometida a un sinfín de cirugías para reconstruir las partes quemadas de su cuerpo y para devolverle movilidad a otras, la cubana volvería a las pistas. El trono que dejó nunca le daría la espalda y el atletismo la esperó con los brazos abiertos.

En los Juegos Olímpicos de Atlanta '96, los 800 metros se convirtieron en una alfombra de terciopelo, una superficie fina que volvería a sonreír con el retorno de Ana. No ganó el oro, se quedó con la plata, pero desde que se anunció su presencia en la competencia se sustentaron las palabras del '92: "La cubana impone respeto desde que se pronuncia su nombre". Su existencia y su figura eran el triunfo mismo.

La niña que se creía no nació para el estudio a la postre sería licenciada en Cultura Física. La pequeña que corría descalza ganó prácticamente todo. La mujer que perdió a una hija y dignificó a su cuerpo lacerado hoy es madre de dos hijos y toda una leyenda de las pistas.

Ella es Ana Fidelia Quirot, la mujer que impone respeto desde que se pronuncia su nombre.


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Fuente:
elbuenfutbol.com
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Reportaje
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