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Analiza "Amar a madrazos" violencia en las relaciones de pareja

01/01/2011 05:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Historias de “amor” que se vuelven distintas por combinar el dolor, los golpes, las humillaciones y una clara ausencia de respeto, son relatadas por sus propios protagonistas en el libro “Amar a madrazos”, de Ale del Castillo y Moisés Castillo. Este volumen aborda el tema del doloroso rostro de la violencia entre los jóvenes, a través de 19 testimonios que, a decir de los autores, son una clara muestra de que este tipo de conductas no pueden quedar en el silencio eterno de la resignación. Todos los relatos plantean un escenario particular con un trasfondo social que se repite en diferentes personas, edades, niveles socioeconómicos y espacios geográficos. Los narradores, señala el texto, pueden hablar sobre su experiencia personal, porque han asumido que no quieren a la violencia como una forma de vida. La conciencia sobre uno mismo y la complejidad de la situación es el primer paso para pedir ayuda y no mantener un ciclo de la agresión que se transforme en una espiral interminable. La violencia en las relaciones, advierten, es un tema que debe socializarse para generar un aprendizaje significativo sobre el tema, nadie se encuentra exento de la manipulación amorosa: “de ser amado hasta que duela o de amar hasta tener el control total sobre el otro”. No es de sorprender que en la mayoría de los casos, la violencia inicie en la adolescencia y precisamente en las relaciones de noviazgo, ya que el proceso de socialización y la adquisición de las identidades y los roles de género se ven cristalizados en esa etapa de la vida. Aunque es desde la infancia que el ser humano comienza a recibir estos mensajes que se convierten en mandatos que moldean muchos rasgos de personalidad y modos de comportamiento. Las imposiciones se convierten en estereotipos y se utilizan para educar a las personas según el sexo al que pertenezcan; en el caso de las mujeres prevalece la pasividad, la ternura, el sentimentalismo, el romanticismo, la fidelidad, el temor, la debilidad la inseguridad y la vanidad. En el caso de los hombres incluyen el ser activo, fuertes, independientes, decididos, inteligentes, exitosos, conquistadores, con mayor apetito sexual, dominantes, insensibles, agresivos, violentos, rebeldes, descuidados y desordenados, por mencionar algunos. Lo que resulta perjudicial de estos estereotipos de género es que estas características son imposibles de cumplir, y además no toman en cuenta las necesidades, limitaciones y deseos particulares de cada persona en su calidad de ser humano. Se vuelven entonces una especie de “camisas de fuerza”, en la medida en que, si no las cumple las persona, se le puede juzgar muy severamente por salirse de “la norma”, y si se cumplen también puede ser motivo de riesgo y afectar emocionalmente porque exige demasiado.


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