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Fue Andrés Henestrosa eterno promotor de los dones de la nostalgia

09/01/2012 07:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) recordó hoy al poeta oaxaqueño Andrés Henestrosa, quien murió hace cuatro años, el 10 de enero de 2008, al que describió como el eterno promotor de los dones de la nostalgia. Diversas voces de la cultura como Alí Chumacero (1918–2010), Arturo Azuela (1938) y Mauricio Beuchot (1950), entre otros, han destacado el legado de quien fue una de las figuras más trascendentes de la cultura mexicana del siglo XX. De sus primeros días en la Ciudad de México, a Andrés Henestrosa le quedó la costumbre de recorrerla, andarla y caminarla de cuando en cuando sin rumbo fijo. Un hábito que, confesaba, era equivalente a una lectura o a una clase de historia, sociología y literatura, señaló el Conaculta en un comunicado. Para el poeta y narrador las calles fueron páginas de la biografía de un pueblo; una calle era algo así como un surco para que el viandante arrojara la semilla de una palabra, de un árbol futuro o el germen de un recuerdo. En vida, abundó, Henestrosa afirmaba ser un eterno promotor de los dones de la nostalgia, sobre todo de la ciudad en la que vivió gran parte de su vida, aquella que le inspiró evocaciones sobre la Alameda Central, las tardes en “El Taquito”, la época de los tangos, los organillos de arrabal, los espacios como La Casa de los Azulejos, donde solía degustar el café negro desde tempranas horas. Autor de dos libros esenciales en la literatura mexicana, “Los hombres que dispersó la danza” y “Retrato de mi madre y otras narraciones”, Henestrosa fue uno de los exponentes más complejos y profundos de la literatura mexicana, marcando con su prosa nuevos senderos en la cultura del siglo pasado. Nació en Ixhuatán, Oaxaca, el 30 de noviembre de 1906, aprendió el español como segunda lengua, convirtiéndola en un puente con el zapoteco, su lengua natal, de la que afirmaba, le permitió conocer de forma más aguda muchas de las variaciones y matices de la belleza del castellano. Fue admirador de la figura de Benito Juárez, pues le dedicó la biografía “Los caminos de Juárez”, así como la antología “Flor y látigo: ideario político”. Su obra se complementa además con los libros “Divagario”, “Cartas autobiográficas”, “Una alacena de minucias”, “De Ixhuatán, mi tierra, a Jerusalén, tierra del Señor”. En las entrevistas que concedió poco antes de su muerte, Henestrosa aseguraba que para él, el proceso de escribir comenzaba durante sus largas caminatas por los diversos barrios de la urbe. “Recorrer las calles ha sido siempre olvidarme de mí, anular el tiempo, engañarse con un nutrido pan; ir al teatro, al cine, a los toros. Descubrir a la ciudad era ver al pueblo afanarse, al niño empinar un papalote, oír chismear a las mujeres a la caída de la tarde, que es cuando son más tristes las canciones”. Aseguraba que los jardines y parques fueron sus bibliotecas, recintos silenciosos e invadidos de una vaga y triste quietud. “Sin aquella tristeza sería imposible vivir y sobrevivir. Y yo logré las dos cosas”, afirmaba el escritor poco antes de cumplir los 100 años de edad. Chumacero, uno de sus más entrañables amigos, afirmaba que, a través de su obra, Henestrosa observa que ese universo persistente y preservado de quienes forman el sustrato de la población es un impulso que matiza lo nacional. Para el coreógrafo mexicano Guillermo Arriaga, la figura del narrador, ensayista, orador, escritor, político e historiador mexicano pertenece a esa pléyade de intelectuales que supieron unificarse en pos de enaltecer lo más grande de la cultura mexicana. Arriaga dijo también que la oralidad de Henestrosa fue muy versátil porque defendió dentro de su línea cultural, con pasión y fundamentos sólidos, los más auténticos valores de nuestra mexicanidad. El filósofo Mauricio Beuchot Puente aseveró que Andrés Henestrosa apoyó con vehemencia las lenguas indígenas en las cuales demostraba ser un gran especialista, ya que mediante ellas volcó de manera maravillosa sus conocimientos de dicción, de poesía, de prosa, de valores filosóficos y de la más bella creación de la lengua española. Por su parte, Arturo Azuela, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, dijo que Henestrosa es uno de los más importantes representantes de la cultura nacional, “pero entre todo lo que añoramos es su legado de colaboraciones en muchos diarios nacionales, es muy importante reunirlos y analizarlos, ya que está realizado con una gran elegancia en el lenguaje, además de una prosa excelente, sin duda, es una de las columnas más poderosas e importantes de nuestra literatura”.

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