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Añoran indígenas Carrera de la Sal entre Sonora y Arizona

09/08/2012 15:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde tiempos inmemoriales hemos marchado desde las tierras O´odham de Arizona y Sonora hasta el Golfo de México para recolectar sal, explica el líder cultural de la tribu, Joseph Joaquín, pero hace algunos años que ya no vamos. Las manos de Joe caen en olas de piel y arrugas oscuras mientras retoma su relato sobre el origen de la Carrera de la Sal. Este rito iniciático es particularmente importante para la nación O´odham, ya que es el que permite el pasaje de los niños a hombres adultos, a habitantes del desierto, afirma el anciano de camisa roja de cuadros y sombrero de ala ancha. Según la tradición oral, uno de los peregrinajes O´odham consistía en ir a buscar sal al Mar de Cortés para poder conservar sus alimentos, o intercambiar el preciado condimento por riquezas de otras tribus. Así, este rito cumplía una función iniciática y material para los miembros de la tribu, servía a reforzar lazos entre los jóvenes que marchaban desde sus hogares de Arizona y Sonora hasta el Golfo de California, y les permitía aumentar la riqueza de sus aldeas a su regreso. Muchos años después, en 1998, la tradición se retomó como un rito de unión entre los pueblos indios de ambos lados de la frontera, en donde un Shaman acompañaba a jóvenes estadunidenses y mexicanos en una carrera de varios días rumbo al Mar de Cortés. La investigación Pápagos, de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) de 2007 indica que en el primer año de su regreso, la carrera contó con tan sólo dos integrantes. Un shaman y su sobrino que habían jurado realizar este viaje si San Francisco les devolvía la salud. Al filo de los años, el rito fue variando hasta su versión más moderna, un viaje que se realizaba anualmente entre finales de septiembre y principios de octubre, en el que los jóvenes recordaban los largos y peligrosos viajes de sus ancestros, que habían permitido forjar la identidad de su nación. Sin embargo en el 2008, se volvió a abandonar el ritual. La violencia en México, los problemas de drogas y migrantes en la reserva, así como la resistencia de las autoridades estadunidenses a dejar pasar los indígenas mexicanos a su país vencieron a las tradiciones. La nación O´odham es un grupo indígena cuyo territorio está dividido entre México y Estados Unidos, desde la firma del Tratado Gadsen en 1854. En esta negociación, el general Santa Anna vendió Arizona y parte de Nuevo México a la nación vecina, y las familias indígenas quedaron divididas entre ambos países. Del lado de Arizona, ese pueblo cuenta con la segunda reserva indígena más grande de Estados Unidos, varios casinos, diversos órganos legislativos, judiciales y ejecutivos; así como un sistema de policía propio y una interlocución permanente con el gobierno estadunidense. Es una nación independiente, declara orgullosamente el Chairman Ned Norris, Jr., presidente de la nación O´odham. Norris es enorme, como casi todos los O´odham, mide casi un metro 90 centímetros, pesa más de 110 kilogramos y su porte impone respeto en el cómodo salón en donde los ejecutivos de la nación reciben a sus invitados. Mientras que del lado de Sonora, sobrevive un puñado de Pápagos, como se les conoce de este lado de la frontera, en condiciones de precariedad, esparcidos a lo largo de la frontera y del Golfo de California. Cabe resaltar sin embargo que es en México en donde se encuentran la mayoría de los lugares de culto de esta nación, como la reserva del Pinacate. Según la doctora Neyra Patricia Alvarado Solís, investigadora del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social, existen registros de la Carrera de la Sal muy antiguos, ya fuera para intercambiar ese material o para la iniciación shamánica del pueblo. Pero las versiones más recientes de esta marcha han sido más que nada un símbolo de unión cultural entre los pueblos O´odham de ambos lados de la frontera, explica la investigadora. Leticia es muy joven para haber conocido las primeras carreras, pero su hermana grande, Nadia Denia Contreras Cañez todavía recuerda haber participado en una marcha a los 15 años. Si pudiese, volvería a hacerlo, explica desde su casa en el pueblo de Caborca, Sonora. Pero se ha vuelto muy peligroso por los narcos y los polleros, ya nadie quiere ir, lamenta. En una pequeña casa de lámina y maderas entremezclas, la madre de Nadia, Gloria Cañez Ochoa hace tortillas sobaqueras como se les conoce a las enormes piezas de masa norteña que nutren los burritos percherones; y se acuerda de los tiempos en los que no era tan difícil cruzar la frontera. “El problema no son solamente los narcotraficantes que usan la reserva para pasar droga y migrantes, sino que las propias autoridades estadunidenses complican mucho el acceso de nuestra gente a su país, aunque sea para ver a familiares”, explica Gloria. Eso ha hecho que los pueblos se separen y que se pierdan esos gajes de unión que existían antes. Pero a sus 22 años, Nadia está más que dispuesta a reanudar la carrera que emprendió una vez hacia el Golfo de México. Aún recuerda el intercambio con otros jóvenes provenientes de la reserva en Arizona y lo lindo del viaje, pese a las dificultades que presentaba para ella entender a esos adolescentes que si hablaban O´odham. En 2003, la Carrera de la Sal alcanzó un máximo de 129 participantes provenientes de Sells, Arizona, y de poblados Pápagos de Quitovac y Pozo Verde en México, y dejó de realizarse en 2008. Recientemente, diversos O´odham, tales como Nadia y el propio Bernard Siqueiros, director del museo de la tribu en Arizona, han manifestado su interés por retomar esta marcha, pese a los peligros que los acechan a lo largo de la frontera en estos tiempos turbulentos. “Es muy importante demostrar que la unión entre los pueblos O´odham no depende de una frontera imaginaria, trazada por estados externos a la nación O´odham”, explica la regidora Pápago de Caborca, Griselda Leyva. En momentos en los que nuestro pueblo sufre de obesidad, alcoholismo, problemas de sucesión y designación de las autoridades, un acto cultural y deportivo como la Carrera de la Sal puede ser el símbolo de unión que necesitan nuestros jóvenes para volver a conocerse y trabajar juntos concluye, mientras come una carne asada enorme, típica del norte, a una velocidad que solo un O´odham podría mantener.


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