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Los años que no se deben de olvidar en San Nicolás/José Manuel Tovar Herrera

13/08/2013 06:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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José Manuel Tovar Herrera

Existen diversas teorías respecto a la función de la sociedad en su conjunto en el devenir de sus localidades, regiones y países, en algunos casos, a nivel global. La acción social es algo que ha sigo verificado en plenitud desde el siglo XIX, esto si nos basamos en los movimiento independentistas en América Latina y en otras regiones del mundo. Fue en el siglo pasado que los movimientos sociales tuvieron sus momentos más álgidos. Tanto Europa, Estados Unidos, Latinoamérica y China, fueron sacudidos por movilizaciones masivas de personas comunes y corrientes, pero todos con la idea de reivindicación de derechos universales. No obstante, nosotros debemos de estar conscientes que varias de esas movilizaciones respondieron a su contexto, sino es que todas.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, el planeta se dividió prácticamente en dos; por un lado los simpatizantes del sistema capitalista y la Democracia liberal y los seguidores del marxismo-leninismo, así como los impulsores del Comunismo y Socialismo. Estos divididos en dos grandes bandos: Estalinistas y Trotskistas, ambos lanzándose de manera constante señalamientos. En cuanto a los simpatizantes de la Democracia liberal, han existido una gama de grupos. La caída del régimen Nazi significó para el mundo mil y un cosas, pero a casi 70 años de todo ello, son solo algunas cosas que han prevalecido en la memoria colectiva mundial.

Con el inicio de la Guerra Fría y de la mano con la Revolución Cubana, el mundo se preparaba para dar marcha a una etapa muy importante en la historia humana. Las generaciones que vivieron su juventud a la par de esos acontecimientos crecieron con un ánimo utópico. Libre pensadores que no rebasaban los 25 años de edad. Jóvenes que vivían al día apoyados con sus respectivas ideologías. México no fue la excepción, el siglo veinte mexicano es muy rico, bastante interesante y hasta romántico en cierta medida. Evidentemente en lo romántico no nos referimos a que todo estuvo tranquilo y en paz, sino a la pasión con la que se experimentó esa temporalidad.

Con la llegada de los sesenta y ochenta, las movilizaciones estudiantiles tuvieron una enrome participación en la transformación social, política y cultural. No solo esas décadas deben de recordarse con los terribles acontecimientos que cimbraron a la nación entera. Las muertes de cientos de jóvenes que haciendo uso único de su palabra afrontaron un contexto de represión. En esos años comenzó a emanar un movimiento que definiría la última parte del siglo pasado, ese fue el rock. No solo las protestas se dieron en las calles, también en lugares, que si bien clandestinos, con concurrencia juvenil. El ánimo por dar a conocer lo que se pensaba y sentía en esos años respecto a la situación nacional en lo político, económico y social era enorme, a tal grado que fue más allá de pancartas y carteles de protesta, también fueron acompañados esos pensamientos por acordes musicales. En sí, había movilidad juvenil, eran activos, leían y discutían.

A partir de los ochenta, existieron diversos movimientos, unos más impulsados por las inercias políticas de los viejos grupos universitarios, como fue el caso de la Universidad Michoacana y la Coordinadora de Universitarios en Lucha y otros que respondían a un contexto de cambio en sus respectivas instituciones, como lo fue en la UNAM y en otras universidades estatales, propiamente en el norte del país. En los noventa hubo una relativa pasividad, la cual terminó de manera abrupta en 1999 con el movimiento estudiantil en la máxima casa de estudios del país. No obstante, los noventa también significaron mucho para otras universidades, en concreto para la Universidad Michoacana. La desviación de las organizaciones estudiantiles se dio de una manera casi general, desde las casas del estudiante agrupadas en la CUL hasta las organizaciones cuya presencia era en una sola escuela, o en tres cómo máximo. Una muestra de ello fue el actuar de la CUL durante 1986, en los momentos más álgidos del conflicto universitario, la Coordinadora optó por justificar un proyecto de universidad que emanaba del Gobierno del estado, concretamente del grupo neocardenista y ejecutado para desestabilizar la Universidad.

La aparición de otras cuyo reconocimiento era meramente porril, como menciona David Baltazar en su tesis de licenciatura (2012) "Dichas organizaciones a lo largo de los últimos años han pasado de ser instrumentos de actores políticos universitarios (como rectores o profesores) a ser grupos de poder y posicionamiento político sin ninguna ideología y con el mero propósito de conseguir dadivas para sus dirigentes o miembros. Ejemplos de estas organizaciones al interior de la Universidad Michoacana en el periodo de estudio de esta investigación lo son los grupos Avance Espíritu Nicolaita, Izquierda Nicolaita Guevara, Convicción Universitaria, e Izquierda Universitaria."

Al amanecer del siglo XXI, la Casa de Hidalgo se encontraba repleta de este tipo de organizaciones, mismas que al paso del tiempo se fueron apadrinando principalmente con políticos del Partido de la Revolución Democrática, como fue el caso de Izquierda Universitaria, la cual fue dirigida por el ex regidor Juan Carlos Barragán, de la cual tras un conflicto interno se desprendió el grupo de Jesús Mora González, conocido ahora como Izquierda Nicolaita. Grupúsculos que bajo una retórica de nostalgia histórica manoseada pugnaban por acceder a cargos en la institución, asimismo, cuando veían en peligro sus intereses, realizaban acciones de coacción, cooptación o represión. Varios de los conflictos suscitados en la Casa de Hidalgo entre los años 2003 a 2009 en el plano estudiantil, fueron resultado de las pugnas de las organizaciones ya mencionadas. Se continuó con el factor de movilización estudiantil, pero ahora no con fines ideológicos, sino para influir en el nombramiento de directivos mediante una cultura del "derechohabiente." Solo se podía acceder a los derechos estudiantiles si se formaba parte de estas organizaciones, no obstante, si se era contrario, las cosas eran lo contrario.

Grupos estudiantiles contrarios a los intereses de la Universidad siempre han existido, desde la década de los sesenta se han hecho manifiesto con mayor alcance. Los grupos disidentes a estos fueron pocos, pero decididos a recuperar sus respectivas escuelas de la influencia de las mal llamadas izquierdas. Uno de los casos más emblemáticos, pero no tan conocido es el proyectó que impulsaron estudiantes del Colegio de San Nicolás, concretamente la generación de 2003. Dicentes que emprendieron una lucha por la recuperación del Consejo Estudiantil Nicolaita, campañas electorales internas que se transformaban en verdaderas luchas entre los intereses de líderes corruptos y estudiantes preparatorianos que pugnaban por un cambio radical en las formas y maneras de las relaciones entre representantes estudiantiles y la base nicolaita.

Los momentos más álgidos se vivieron de 2003 a 2005, cuando los intereses de Izquierda Universitaria se vieron amenazados de manera real. Diversas perspectivas se tienen en torno al proceso histórico vivido en el Colegio de San Nicolás de 2003 a 2007. Tal vez esos años dan para un análisis a mayor profundidad, no solo por el significado de las generaciones que se vieron involucradas, sino por el alcance político respecto a las formas en el que partido dominante en Michoacán en esa época tejió una red estudiantil de choque para adueñarse de la Universidad en la medida de lo posible. Hoy día se encuentran otras generaciones totalmente desvinculadas a las últimas luchas estudiantiles que se vivieron en la cuna de la Universidad Michoacana. Un reto más para los historiadores, pero también para la comunidad universitaria, quitarse el velo de la desmemoria. No olvidar que las actuales organizaciones estudiantiles nacieron en esos años de inestabilidad. Unas ya han desaparecido, otras aún siguen bajo la paternidad de sus añejos líderes y otras sobreviven bajo la sobra de algún líder sindical.

Con un discurso de rancia izquierda, simulada acción social y de hipócrita defensa de la autonomía universitaria aún sobreviven y seguirán existiendo. ¿Mal necesario? Lo dudo, no son indispensables en la institución. Recordando a Foucault y su concepción sobre la parrehesía, señala el pensador francés que a través de la parrehesía no solo se arriesga la relación entre quien establecida entre quien habla y la persona a la que se dirige la verdad, sino que, en última instancia, hace peligrar la existencia del que habla, al menos si su interlocutor tiene algún poder sobre él y no puede tolerar la verdad que se le dice. Pero este no es mi caso, punto para Foucault.


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grupocronicasrevista.org
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Reportaje
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