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Aparece segunda parte de biografía literaria de Luis Cernuda

20/09/2011 04:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Escrito por Antonio Rivero Taravillo, ya se encuentra en México el libro “Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963)”, que da cuenta de la vida del poeta español, nacido el 21 de septiembre de 1902, desde su salida de su país de origen. El volumen, que es la continuidad de “Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938)”, del mismo autor, refiere que en febrero de 1938 el poeta sevillano llega a París tras dejar atrás un país que se desangra en una cruenta guerra civil. Nunca regresaría a España. En su trayecto pasará temporadas en Francia, Inglaterra y México, país donde en algún momento pareció volver a ser feliz y donde murió súbitamente en 1963. Este volumen arranca donde termina el anterior, evoca las circunstancias en que surgieron poemarios de Cernuda y culmina de forma magistral el itinerario vital y creativo de uno de los mayores poetas del siglo XX, obligado a una existencia asendereada en diversos países. Luis Cernuda Bidón nació en Sevilla. Fue un destacado poeta y crítico literario español, miembro de la llamada Generación del 27. Su educación fue rígida e intransigente, debido al carácter y a la condición militar de su padre. Con motivo de la traslación de los restos de Bécquer, a los nueve años de edad empieza a leer poesía y más tarde un profesor lo anima a escribir versos y le corrige los que compone. Empezó a estudiar Derecho en la Universidad de Sevilla en 1919, siendo uno de sus profesores Pedro Salinas, quien lo ayudó con sus primeras publicaciones. Al año siguiente falleció su padre. Para 1923 deja la universidad para hacer el servicio militar e ingresa en el Regimiento de Caballería de Sevilla. Al año siguiente 1924 volvió para terminar la carrera, lo que consiguió en 1926. Asistió con Higinio Capote y Joaquín Romero Murube a las tertulias literarias organizadas por Salinas, leyó a los clásicos españoles y a autores franceses, especialmente André Gide, que supusieron para él una revelación. En 1925 conoció a Juan Ramón Jiménez y publicó sus primeros poemas en “Revista de Occidente”. Un año más tarde viajó a Madrid; colaboró en “La verdad”, “Mediodía” y “Litoral”, esta última la revista malagueña del matrimonio formado por Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, a los que siempre le unirá una gran amistad, incluso en el exilio mexicano. Leyó a los surrealistas franceses, y le influyeron en especial Pierre Reverdy y Paul Éluard, al cual traducirá más tarde. En 1927 publicó su primer libro lírico, “Perfil del aire”, en la imprenta malagueña de Prados y Altolaguirre, pero fue atacado por Juan Ramón Jiménez, quien consideró a este libro demasiado influido por Jorge Guillén; ésto no se lo perdonará nunca Luis Cernuda. En diciembre asistió a los actos celebrados en el Ateneo de Sevilla con motivo del tercer centenario de la muerte de Góngora, pero sólo como oyente, aunque ya había conocido a varios miembros de la que sería denominada después Generación de 1927. En 1928 falleció su madre, visitó a sus amigos malagueños (Altolaguirre, Prados, Méndez e Hinojosa); marchó a Madrid, donde conoció a Vicente Aleixandre. En noviembre Salinas le ayudó a conseguir un lectorado de español en la Universidad de Toulouse; viajó también a París, donde se aficionó al cine. Se traslada luego a Madrid en 1929, donde desde 1930 trabaja en la librería de León Sánchez Cuesta; asiste a diversas tertulias en compañía de Vicente Aleixandre y de Federico García Lorca, quien al año siguiente le presentó a un joven actor gallego llamado Serafín Fernández Ferro, y Cernuda se enamora de él. Sin embargo, éste no le corresponde sino sólo cuando necesita dinero; este amor insatisfecho inspirará sus libros “Donde habite el olvido” y “Los placeres prohibidos”. Gerardo Diego lo incluyó en su “Antología” (1932) y, concluida su relación con Serafín, Cernuda se involucra en el proyecto de las Misiones pedagógicas, primero en la sección Bibliotecas y luego en el Museo ambulante. Con ellos recorre los pueblos de Castilla y Andalucía y conoce a Ramón Gaya y al pintor Gregorio Prieto; colabora además en la revista “Octubre”, de Rafael Alberti (1933). Al año siguiente publicó “Donde habite el olvido” y empezó a leer a los poetas del Romanticismo europeo; visitó otra vez Málaga. Colaboró en la revista “Cruz y raya”, de José Bergamín, y publicó en ella sus traducciones de Hölderlin (1934). En 1936, poco antes de estallar la Guerra Civil, intervino en el homenaje a Ramón del Valle-Inclán y publica la primera edición de su obra poética completa hasta entonces, bajo el título de “La realidad y el deseo”. Al enterarse del asesinato de Federico García Lorca, le escribió una sentida elegía, "A un poeta muerto (F. G. L.)", cuyos dos últimos párrafos fueron censurados. Pasó dos meses como agregado de la Embajada Española en París y volvió a Madrid, donde se alista en el Batallón Alpino, con el cual fue enviado a la Sierra de Guadarrama. En abril de 1937 se trasladó a Valencia, donde colabora con “Hora de España” y publica la citada elegía a Lorca; participa allí en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia, donde conoce a Octavio Paz, a quien volverá a ver más adelante en México. En el verano interpreta el papel de “Don Pedro” en la representación de “Mariana Pineda” dirigida por Altolaguirre. En 1938 viajó al Reino Unido a dar un ciclo de conferencias y conoció a Rafael Martínez Nadal, quien será luego uno de sus estudiosos. En Oxfordshire ejerció de tutor de niños vascos refugiados, lo que le inspiró el poema “Niño muerto”; luego trabajó como profesor en el internado Cranleigh School. Por esa época leyó a los clásicos ingleses, en especial a los poetas metafísicos y a T. S. Eliot, pero también a Constantino Cavafis. Trabajó como lector de español en la Universidad de Glasgow, la Universidad de Cambridge (1943) y el Instituto Español de Londres (1945), pasando los veranos en Oxford en compañía del pintor Gregorio Prieto. Terminó “Las nubes” y escribió los poemas en prosa de “Ocnos”. En 1944 un nuevo amor le inspiró los poemas de “Vivir sin estar viviendo” y desarrolló una intensa labor de crítico literario, publicando en el “Bulletin of Hispanic Studies” varios ensayos sobre poesía española; traduce “Troilo y Cresida”, de Shakespeare (1945). En 1947 inició su exilio en Estados Unidos, donde allí enseñó literatura en el colegio de señoritas de Mount Holyoke, Massachusetts, puesto que desempeñó hasta 1952, y logra por fin la ansiada estabilidad económica. Tres viajes a México, en 1949, 1950 y 1951, le hacen desear volver a vivir en una tierra donde se habla el español, en compañía del amplio exilio republicano refugiado allí gracias a la hospitalidad del presidente Lázaro Cárdenas. En 1951 fue invitado por la revista “Orígenes” para dar conferencias en Cuba, además de entablar amistad con el escritor José Lezama Lima; además se reencontró con María Zambrano. Una vez dejado su puesto en Estados Unidos, se estableció en la Ciudad de México en 1952, donde se enamoró de un culturista, Salvador Alighieri, que había conocido en las vacaciones de 1951. A él están dedicados los “Poemas para un cuerpo”. En México volvió a ver a Octavio Paz y a los Altolaguirre, en especial su mujer, Concha Méndez, con la que pasó una temporada en 1953 en Coyoacán. Desde 1954 trabajó en la Universidad Nacional Autónoma de México como profesor por horas, lo mismo que investigó con una beca de El Colegio de México y colaboró en diversas revistas mexicanas. En 1955 su figura fue reivindicada en España por un grupo de jóvenes poetas cordobeses, el Grupo Cántico, lo que le supuso una gran satisfacción. Al año siguiente emprendió la redacción de los primeros poemas de “Desolación de la quimera” y en 1957 fueron impresos los “Poemas para un cuerpo” y sus “Estudios sobre poesía española contemporánea”. Publicó en México su biografía literaria, “Historial de un libro”, con motivo de la tercera edición revisada y ampliada de “La realidad y el deseo” (1958). En 1959, con motivo del fallecimiento de Manuel Altolaguirre, se ocupó de editar las “Poesías completas” de su amigo y empezó a mantener correspondencia con jóvenes poetas españoles. En 1960 Carlos Barral le publicó en Barcelona los ensayos contenidos en las dos partes de “Poesía y literatura” y en verano impartió un curso en la Universidad de California en Los Ángeles; entre 1961 y 1962 fungió como profesor visitante en San Francisco y en este último año se publicó en México “Desolación de la quimera”. Entre 1962 y 1963 volvió a impartir un curso en Los Ángeles y el 5 de noviembre del último año falleció en la Ciudad de México. Fue enterrado pocos días después en la sección española del Panteón Jardín.


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