Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Redliteraria escriba una noticia?

Arte, riesgos y censura

08/01/2011 06:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Jorge Cortés Ancona

En una plaza pública de Nueva York, en 1981, se colocó una escultura consistente en una enorme plancha de acero de unos 36 metros de largo y 3.66 metros de altura, sostenida sólo por su propia curvatura, sin ningún tipo de sostén que no derivara de la propia conformación de la obra.

A quienes laboraban en los alrededores de la plaza, tal escultura, además de estorbar la circulación peatonal, les parecía peligrosa, aun cuando había todo un sustento físico y de perfecto cálculo, demostrativo de que la pieza podía resistir los vientos más fuertes posibles y cualquier potencialidad de movimiento que la hiciera caer.

image

La obra era firme y segura, pero ocho años después tuvo que ser retirada como consecuencia de un proceso legal debido a las constantes protestas de la gente, que se negaba a pasar por dicha plaza ante el temor de que la gigantesca plancha de acero llegara a caer sobre los transeúntes. Y a pesar de la inconformidad de su autor, Richard Serra, de que retirar esa obra de arte de ese lugar equivalía a destruirla, fue desmantelada.

¿Qué hubiera pasado si en vez de ser una plancha de acero, lo hubiera sido de un material blando que simulara acero, o bien, hubiera sido sólo pintada? Esta era una obra cuya materialidad inspiraba temor, obstrucción y rechazo público. Era el objeto en su propia concreción lo que se rechazaba, no la obra de arte como tal. Por tanto, no se podía considerar como un acto de censura.

En el arte contemporáneo, se ha pasado de la imitación de los objetos a un empleo directo de objetos reales. Y entre ellos gozan de una especial aceptación los de origen humano: sangre, cabello, semen, excremento, piel, orina, etc. Pero no es lo mismo el estiércol hecho con resina, cera o plastilina que el estiércol real. Como decía Aristóteles, podemos aceptar en escena –es decir, en la ficción— aquello que nos sería horroroso o repulsivo en la realidad. Estaríamos dispuestos a presenciar un homicidio en una película, una obra teatral o una secuencia plástica o fotográfica, pero de ninguna manera en la realidad inmediata, directamente ligada al hecho. Es la brecha entre imitación y presencia directa, entre ficción y realidad.

Se ha hecho mucho arte con basura y se tolera su ubicación en espacios públicos, siempre y cuando se trate de residuos sólidos cuya degradación sea lenta, de preferencia si ha sido tratada científicamente o colocada procurando que su posibilidad de contaminación sea mínima o nula. Pero uno tiene que atenerse a consecuencias de rechazo si emplea desechos orgánicos, y con mayor razón si se trata de desechos de origen animal o humano. Ni siquiera secreciones o excreciones sino partes internas de cuerpos, colocadas, para más, en un lugar cerrado.

¿Se imaginan que una exposición artística llegue a ser clausurada por inspectores de Salud, haciendo valer motivos sanitarios? En efecto, puede ocurrir, y dentro de un orden público civil y un criterio ecológico tendríamos que aceptarlo aunque reconociésemos que se está afectado una obra de arte.

La misma consideración tendríamos si se tratara de cuestiones de seguridad por el peligro que representara una obra de arte ya sea por sus materiales, sus mecanismos o su ubicación. La arrogancia individualista de quienes se sostienen en la idea romántica del artista sin límites ni restricciones sociales se ve obligada a ceder ante una condición de interés colectivo. Y no le podemos llamar censura a esa limitación.

Se trata de contribuir en algo a levantar este degradado entorno nuestro, no de reforzar la inmundicia lamentablemente presente en tantos lugares. En baños de bares, restaurantes y edificios públicos oficiales y privados, en interiores de autobuses de diversas rutas, en cualquier andanza por los calles del centro meridano o en los bordes de las carreteras se ofrece un surtido amplio desechos repulsivos, hedores y focos de contaminación.

Creo que una manera de soliviantar a nuestra sociedad mediante el arte, de ser auténticamente crítico, sería presentar una obra en la que se exalten la asepsia, la higiene, el orden. Estaríamos trastocando nuestra realidad inmediata, siendo verdaderamente subversivos.


Sobre esta noticia

Autor:
Redliteraria (173 noticias)
Fuente:
redliterariadelsureste.blogspot.com
Visitas:
336
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Etiquetas

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.