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El último asalto del combate de Pablo Ibar lo declaró nulo un árbitro por fallo procesal. Se rompió el maleficio Urtain

09/02/2016 04:46 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde el 14 de julio de 1994 hasta hoy, Pablo jamás ha salido de prisión. Fue el fin de su proyecto de ser se pelotari profesional de jai-alai. El Tribunal Supremo de Florida (EEUU) ha anulado la condena a pena de muerte por asesinato. Ahora tiene que esperar un nuevo juicio

 

El 14 de julio de 1994 Pablo Ibar estaba sentado en el asiento del copiloto del coche que conducía Alex Hernández, amigo y compañero de andanzas juveniles. Pablo tenía 22 años y cruzaba Miami por la autopista 95 con el depósito a punto de vaciarse. Su padre, Cándido, nacido en Guipúzcoa, vivía en Connecticut, donde se dedicaba a entrenar a jóvenes jugadores de cesta punta. A su madre María, nacida en Cuba, le acababan de diagnosticar un cáncer. Ninguno de los dos sabía entonces que Pablo trapicheaba con droga y mucho menos sospechaban que Pablo y Álex conducían rumbo a casa de unos traficantes colombianos a reclamarles una deuda.

El depósito sucumbió a la lógica y el coche se detuvo en plena autopista. Pablo tuvo que caminar rumbo a la gasolinera más cercana con un bidón en sus manos. Un policía le paró por el camino y le hizo unas preguntas y Pablo explicó que el combustible era para el cortacésped.“Yo no era un santo, me metí en líos de los que estoy muy arrepentido e hice cosas malas, pero yo no soy un asesino. Yo jamás he matado a nadie”.  “Si en ese momento el agente no le hubiera creído los hubiesen detenido, porque el coche no estaba en regla. Pero le creyó”, recuerda su padre. Y al hacerlo, al relata su padre.

Pablo y Álex llegaran a la casa de los colombianos,   discutieran con ellos muy alto,   alguien llamó a la policía, y los detuvieron. Mientras Pablo estaba en el calabozo, un detective muy importante llegó y creyó que el detenido se parecía al mafioso autor del atraco con muertes cuya imagen aparecía en un vídeo del asalto que tenía él . “Te tengo”, le dijo olvidando que estaba en el calabozo por el asunto de su disputa con los colombianos. Y el policía le acusó de un triple asesinato y le metió en otra celda. Era el 14 de julio de 1994. Desde aquel día hasta hoy, Pablo jamás ha salido de prisión.

Cándido Ibar llegó a Florida en 1968, en concreto a la ciudad de Dania Beach, parte del área metropolitana de Miami. En Dania acababan de levantar un nuevo frontón y Cándido era jugador profesional de cesta punta, deporte vasco conocido en Estados Unidos y fuera de Euskadi como jai-alai. Atrás dejaba el histórico municipio guipuzcoano de Aizarnazabal y también el ya conocido como ‘maleficio de los Urtain’; éste era el nombre de su caserío natal y el apodo de toda la familia. Urtain era un  célebre boxeador campeón de Europa de los pesos pesados, el cual se arrojó de un décimo piso del madrileño barrio del Pilar . En Dania, Cándido conoció a María, cubana huída de La Habana cuando Fidel y el Ché bajaron de Sierra Maestra. De esta unión, además de Michael, nació Pablo, Pablo Ibar. Heredero definitivo del maleficio de los Urtain.

El 14 de julio de 1994, la mujer de Cándido, el profesor de jai-alai le llamó por teléfono para contarle que habían detenido a Pablo. “Parece que le quieren enredar en un asunto de un asesinato”, le comentó con vaguedad. En concreto, en el asunto en el que el detective importante Paul Manzella quería enredar a Pablo en el asesinato de Casimir Sucharski. ¿Pero quién era ese tío Casimir?. Lo explicamos…

El 27 de enero de ese 1994, los cuerpos de Casimir Sucharski, de 48 años, y de Sharon Anderson y Marie Rogers, dos modelos de 25, aparecieron acribillados a tiros en casa de Sucharski. Él era dueño del club nocturno Casey’s Nickelodeon; un hombre desconfiado que guardaba el dinero dentro de sus botas y que llevaba dos semanas muy preocupado por su seguridad. Tanto, que ocho días antes de morir mandó colocar una cámara en el salón de su casa. Había echado del chalet a su pareja, y no le gustaba la persona con la que esta se había ido a vivir. Sospechaba que era un narcotraficante.

Su temor dejó un rastro de los asesinatos. La cámara lo grabó todo. Cómo entraban en la casa a las 7.18 dos personas, una con gorro y gafas, y otra con la cabeza cubierta con una camiseta. Cómo golpearon y mataron a las tres aterrorizadas víctimas tras un largo suplicio que duró algo más de 20 minutos. Cómo le quitaron a Sucharski las botas, en las que la policía sospecha que podía haber entre 10.000 y 20.000 dólares en efectivo. Después del crimen, el que se cubría la cabeza se quitó la camiseta y fue brevemente grabado por la cámara. A las 7.40 abandonaron la casa.

La policía encontró casquillos de nueve milímetros; la marca de una pisada formada con la sangre de una de las víctimas; huellas dactilares y pelos de los que se pudo extraer ADN; una máscara y una camiseta usada por uno de los asaltantes. Ni las huellas que  el asaltante dejó abundantes, ni el ADN, resultaron ser las de ibar. Y, principalmente el vídeo que se puede ver en youtube. Esas imágenes eran la pista principal de la policía Manzella. Distribuyeron el rostro borroso que aparecía en el vídeo y, tres semanas más tarde, en una comisaría de otro distrito, un agente creyó reconocer a Ibar. Acababan de detener a Ibar junto a unos amigos por un robo acompañado de asesinatos.

La calidad del vídeo era mala, los amigos y familiares no son expertos en análisis faciales, y, por otro lado, que Pablo Ibar se parece a la persona del vídeo es verosímil. En ello coinciden todos los testimonios. La cuestión es si se ha probado no solo que es alguien físicamente parecido sino que, efectivamente, es él.

Aparecieron otros testigos implicándolos. Como Jean Klimeczko, que vivía en la misma casa que Ibar. Esa noche este testigo había bebido y se había drogado. A lo largo del procedimiento, cambió varias veces su versión. En un primer momento dijo que vio salir de madrugada a Ibar y a Peñalver con una pistola y regresar en un coche “grande y negro”. En otro dice que no recuerda haberlos visto ese fin de semana. Finalmente, confesó que había consumido tantas drogas ese fin de semana y los siguientes que no sabía bien lo que hizo ni lo que dijo.

Seth Peñalver, el compañero de Pablo Ibar, fue condenado a muerte, pero su juicio fue anulado por el Tribunal Supremo de Florida. El alto tribunal consideró que se habían producido numerosas irregularidades en el proceso y que este debía repetirse. Aún no se ha celebrado. No tuvo la misma suerte Ibar. La gran diferencia con Peñalver es que en el caso de este último, el asaltante iba tapado con gafas y gorra y apenas se le ve en el vídeo. El caso de Ibar fue rechazado, y ha vuelto a serlo ahora. A pesar de que su entonces abogado, Kayo Morgan, ha reconocido que hizo un pésimo trabajo —en esa época estaba muy enfermo, fue arrestado por agredir a una mujer embarazada, el juicio hubo de interrumpiese dos veces y no pidió pruebas clave.

Su abogado no apeló de nuevo para lograr que un jurado escuche a un experto en antropología forense. Su primer abogado nombrado de oficio por el estado era un incapaz absoluto aparte de maltratador no de oficio, sino probablemente de nacimiento.

Después apareció un testigo. Los asaltantes, tras el triple asesinato, se marcharon en el Mercedes descapotable de Sucharski —que después apareció quemado—. Gary Foy, un vecino, condujo su coche cuando estaba sin gasolina delante de ellos durante un rato y se fijó en los ocupantes porque conocía el vehículo. Cuando la policía le enseñó fotos de sospechosos, eligió dos. Una era de Ibar. En la rueda de reconocimiento posterior, el único que coincidía con los que había visto previamente en los álbumes policiales era Ibar. Gary Foy lo señaló, diciendo “se parece a él, no estoy seguro. Sí…es él“.

Hombre de la noche y dueño del club Casey’s Nickelodeon, y de dos de sus bailarinas, Sharon Anderson y Marie Rogers. Dos hombres encapuchados entraron en la casa de Casimir a las 7:18 de la mañana del 27 del junio de 1994 y, tras propinarles una paliza, los ejecutaron a sangre fría en el suelo. Una vieja cámara que Sucharski había instalado en el salón recogió los hechos. El vídeo, que hoy puede verse en YouTube, capta el momento en el que uno de ellos, a pocos metros del objetivo, se quita la camiseta que cubre su rostro. El problema es que la imagen es de pésima calidad, además en blanco y negro. Pese a la falta de nitidez, el detective Paul Manzella lo tuvo claro desde el principio. Para él, tal y como testificaría en el juicio, el tipo de esa imagen era Pablo.

Pablo fue acusado de un triple asesinato del que siempre se declaró inocente. Junto a él fue también acusado Seth Peñalver, amigo y compañero de trapicheos juveniles. La coartada enseguida apareció: a las 7:18 de la mañana de aquel 27 de junio de 1994 Pablo estaba durmiendo con Tanya. Lo recordaba ella, lo recordaba Pablo y, sobre todo, lo recordaba la prima de Tanya, que los vio en la cama aquella mañana que los padres de Tanya habían salido de viaje. Lo recuerda también Alvin, la madre de Tanya, que llamó aquella noche y le contaron la travesura de su hija, por entonces de 16 años. Lo recordaban todos, pero el jurado no les creyó. Tampoco le importó al jurado que ninguna evidencia física encontrada en la escena del crimen implicara a Pablo en el mismo: ni la sangre, ni el cabello, ni las huellas eran las de Pablo.

Pablo Ibar, que lleva 21 años preso, 15 de ellos en el corredor de la muerte

La calidad del vídeo era mala, los amigos y familiares no son expertos en análisis faciales, y, por otro lado, que Pablo Ibar se parece a la persona del vídeo parece evidente. En ello coinciden todos los testimonios. La cuestión es si se ha probado no solo que es alguien físicamente parecido sino que, efectivamente, es él.

Aparecieron otros testigos implicándolos. Como Jean Klimeczko, que vivía en la misma casa que Ibar. Esa noche este testigo había bebido y se había drogado. A lo largo del procedimiento, cambió varias veces su versión. En un primer momento dijo que vio salir de madrugada a Ibar y a Peñalver con una pistola y regresar en un coche “grande y negro”. En otro dice que no recuerda haberlos visto ese fin de semana. Finalmente, confesó que había consumido tantas drogas ese fin de semana y los siguientes que no sabía bien lo que hizo ni lo que dijo.

Seth Peñalver, el compañero de Pablo Ibar, fue condenado a muerte, pero su juicio fue anulado por el Tribunal Supremo de Florida. El alto tribunal consideró que se habían producido numerosas irregularidades en el proceso y que este debía repetirse. Aún no se ha celebrado. No tuvo la misma suerte Ibar. La gran diferencia con Peñalver es que en el caso de este último, el asaltante iba tapado con gafas y gorra y apenas se le ve en el vídeo. El caso de Ibar fue rechazado, y ha vuelto a serlo ahora. A pesar de que su entonces abogado, Kayo Morgan, ha reconocido que hizo un pésimo trabajo —en esa época estaba muy enfermo, fue arrestado por agredir a una mujer embarazada, el juicio hubo de interrumpiese dos veces y no pidió pruebas clave.

El único testigo, el señor Gary Foy, vecino de Casimir Sucharski que aseguró ver a Pablo y a Seth abandonando la casa en el coche del asesinado. Tampoco parecía muy convencido: señaló  a Pablo a la segunda en la revisión  fotográfica y después reconoció a Pablo en la rueda reconocimiento porque era el único de los sospechosos que repetía. “No estoy seguro”, llegó a decir. Pero ni con esas. La imagen del vídeo de Sucharski pudo con todo ello. Cierto, se parece, y mucho. Pero varios expertos faciales aseguraron que de ningún modo era suficiente para despejar dudas. Varios de ellos, además, concluyeron que no se trataba de Pablo.

Para desgracia del Pablo Ibar ninguno de estos expertos fue controlado y ni siquiera aconsejado por Kayo Morgan, el alucinante y esperpéntico abogado de oficio que le fue asignado. Fue el colmo de la mala suerte para toda la familia. Su padre murmuró a alguien: “ahí está el maleficio de Urtain”.

Kayo Morgan fue la nota final en la maldita sinfonía que terminó con Pablo en el corredor de la muerte. Mientras preparaba la defensa, el señor Morgan se vio envuelto en un escándalo de agresión a su mujer y se enganchó a los ansiolíticos y antidepresivos. Tal era su estado, que en una carta posterior al primer juicio terminaría reconociendo que no estuvo en condiciones de defender a Pablo.

Su ausencia de preparación desembocó en lo que nadie podía siquiera imaginar: tras seis años de aplazamientos, el 14 de junio de 2000. Pablo Ibar fue condenado a muerte por el Tribunal Supremo de Florida. “Se me acabó la vida”, le susurró a su padre mientras la presidenta del jurado leía el veredicto.

Desde ese día Pablo vive en una celda individual de dos por tres metros de la que sólo puede salir al patio dos veces a la semana, dos horas cada vez. Su mujer, Tanya, le visita cada sábado desde el primer día, cuatro horas de ida y cuatro de vuelta en coche. Nunca falla. Pablo recibe en las entrañas del corredor de la muerte de la prisión estatal de Raiford (Florida). Viste un definitorio mono naranja y lleva grilletes, ya que hemos solicitado a la prisión que no haya cristal entre él y nosotros. Su vida está centrada ahora en su tercer recurso para que repitan el juicio. El primero le fue denegado en 2006 y el segundo el pasado año. “Yo no pido que me suelten porque sí –dice-, yo pido un juicio justo”. El próximo mes de octubre presentará las alegaciones por tercera vez y el juez se pronunciará. La decisión podría demorarse hasta dos años más. Después, el juicio, podría durar otros tres. El problema es que, si se lo deniegan, las bazas legales de Pablo para evitar su ejecución se habrán agotado.

En esta tu tercera apelación vas a poner sobre la mesa un hecho que debería hacer pensar al juez: han absuelto a Seth Peñalver –su supuesto cómplice- tras invalidar las pruebas que le inculpaban y que, de paso, le inculpan a él.

El juez Jeffrey R. Levenson rechazó el recurso en el que se le solicitaba que anulara, y ordenara repetir, el juicio en el que Pablo Ibar, condenado a pena de muerte. No lo entiendo. ¿Cómo puedo seguir aquí si el fiscal aseguró que la persona que supuestamente realizó los disparos mortales era el que se parecía a Seth? Estoy contento por él, pero sigo encerrado 23 horas al día en una celda. Me tienen que dar un nuevo juicio.

Pero su nuevo letrado, Benjamin Waxman, sigue esperanzado. “El juicio de Pablo no fue justo”, explica Waxman por correo electrónico. “En el recurso, proponíamos varias pruebas al juez. En primer lugar, un experto británico en análisis faciales que examinó el vídeo determinó que el rostro que aparece en el vídeo que grabó el asesinato —prueba principal en su contra— no es el suyo. El vídeo no tenía la calidad suficiente como para ser una prueba fiable y que, además, parecía que el asesino era una persona distinta a Ibar no sólo por los caracteres faciales, las cejas por ejemplo, sino por la constitución de su cuerpo y, además, por todo eso parece más bien una persona de raza negra y eso se da como un hecho más no en sentido racial o peyorativo.”. “Queríamos también”, prosigue el abogado, “presentar como testigo a un ingeniero que asegura que el asesino era cinco centímetros más bajo que Pablo, y a otro experto en psicología del testimonio que desmonta la identificación de Gary Foy por cómo se llevó a cabo el reconocimiento en las fotos y en la rueda.

El juez solo nos permitió presentar la primera, y concluyó después que el testimonio del experto en análisis facial no hubiera cambiado el veredicto. Discrepamos. La prueba clave de cargo es ese vídeo, y el jurado tendría que haber escuchado la valoración de un reconocido experto sobre la calidad del mismo y sobre la probabilidad de que sea Ibar. Es un testimonio base. Trataremos de que acepten el resto de las pruebas”. Cree que hay muchas dudas sobre el vídeo como para que un jurado, con toda la información, se decida por un veredicto que conduce a la inyección letal.

El Tribunal Supremo (TS) de Florida (EEUU) ha anulado este jueves la condena a pena de muerte del guipuzcoano Pablo Ibar, que lleva 21 años preso, 15 de ellos en el corredor de la muerte, por el asesinato en 1994 de dos modelos y el dueño de un local nocturno.

En un comunicado, la Asociación contra la Pena de Muerte Pablo Ibar ha destacado que "por fin se abre el camino a que Ibar demuestre su inocencia". En la apelación se citan 112 precedentes de casos en los que donde las irregularidades procesales antes aludidas supusieron la decisión por parte del Tribunal Supremo de Florida de declarar juicio nulo y ordenar la celebración de un nuevo juicio.

El Tribunal Supremo de Florida, en una decisión tomada por cuatro votos contra tres, ha decidido anular la declaración de culpabilidad de Ibar, y por tanto su pena de muerte, y ha ordenado la repetición del juicio. La asociación ha explicado que esta decisión no es definitiva, ya que el estado de Florida puede apelarla, algo que ve "muy probable", bien en un recurso de reposición ante el propio Tribunal Supremo de Florida, bien ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos.

 


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