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La Astrobiologia ayuda a los astrofísicos que buscan extraterrestres. Proponen afinar el "oido" para encontrar señales

25/10/2016 05:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los científicos han logrado identificar ya docenas de lugares del cosmos en los que potencialmente podría existir la vida. Pero si los extraterrestres estuvieran usando el mismo método para detectar vida en la Tierra, lo aconsejable es que se centre toda nuestra ‘escucha’ en ella

Los que andan a la búsqueda de vida extraterrestre inteligente pueden desde este año disfrutar de nuevo de Expediente X, serie en la que los agentes del FBI Fox Mulder y Dana Scully indagan en la vieja cuestión de si estamos solos o no en el universo.

Entretanto, la ciencia real sigue avanzando en la búsqueda de respuestas que, aunque no sean definitivas –como tampoco lo son las de las famosas series- sí reavivan una vez más el interés.

Así, en un artículo publicado por la revista Astrobiology, dos astrofísicos llamados René Heller y Ralph Pudritz (de la Universidad McMaster de Canadá y del Instituto de Astrofísica de Gotinga, en Alemania) acaban de proponer un método para aumentar las probabilidades de recibir señales de otros mundos.

Dirigir mejor el ‘oído’

En general (misiones como Corot de la ESA o Kepler de la NASA), los astrónomos suelen buscar vida en el cosmos usando el ‘método de transición’, que consiste en rastrear con potentes telescopios las “atenuaciones de luz” de estrellas lejanas, producidas cuando los planetas y lunas que orbitan alrededor de ellas se interponen en nuestra visión.

La medición de estas atenuaciones arroja gran cantidad de información sobre esos planetas y lunas, aunque los astrónomos no puedan verlos directamente. Así es como, hasta la fecha, los científicos han logrado identificar ya docenas de lugares del cosmos en los que potencialmente podría existir la vida.

Heller y Pudritz explican que si los extraterrestres estuvieran usando este mismo método para detectar vida en la Tierra, entonces estarían observando la estrecha zona del espacio en la que el tránsito de nuestro planeta frente al sol puede ser detectado. En ese caso, es más probable que, si se quieren comunicar con nosotros, envíen sus señales a esa misma zona. Por eso, estos astrófísicos proponen que se centre toda nuestra ‘escucha’ en ella.

“Es imposible predecir si los extraterrestres usan o no las mismas técnicas observacionales que nosotros, pero tendrán que aplicar los mismos principios físicos, y el tránsito de la Tierra alrededor del sol es un método de detección obvio”, afirma Heller.

Actualmente, para la captación de estas posibles señales extraterrestres se están empleando redes de radiotelescopios como la creada en 2013 por el Reino Unido, la USKRN, que además se encarga de desarrollar métodos para interpretar dichas señales, como si fueran un tipo de lenguaje, o estudia cómo afrontar un posible contacto con extraterrestres.

Tambien se estudia la probabilidad de que haya animales y plantas en otros planetas. Pero los más optimistas dicen que pasarán 1.500 años antes de que contactemos con alienígenas. Nuevas estrategias de calibración para buscar mundos habitables en el cosmos.Los alienígenas existieron, pero ya no están allí.Definen las 'huellas brillantes' que emitirían exoplanetas habitados.Por otra parte, mientras se desarrollan potentes dispositivos futuros que prometen nuevas posibilidades de encontrar vida en el universo, como el telescopio espacial James Webb (JWST, cuya puesta en marcha está prevista para 2018), los especialistas se preocupan cada vez más por algunos “falsos positivos” provenientes del cosmos.

Como tales entienden las ‘biofirmas’ de las atmósferas de planetas lejanos, esto es, la presencia de oxígeno en ellas; una presencia que se detecta mediante espectroscopia Doppler, técnica de análisis de la atenuación de la luz estelar antes mencionada.

¿Por qué el oxígeno? Pues porque aquí, en la Tierra, el oxígeno es producido casi exclusivamente por la fotosíntesis de las plantas y las algas, cuando estas convierten los rayos del sol en energía para mantener la vida.

Sin embargo, resulta que, en otros planetas del universo, el oxígeno puede ser de origen abiótico, esto es, no procedente de los seres vivos. ¿Cómo distinguirlo del que sí es de origen biótico? Este punto es lo que están estudiando científicos de la Universidad de Washington.

Así, han  descubierto, por ejemplo, que el oxígeno de las atmósfera de exoplanetas (planetas exteriores a nuestro Sistema Solar) puede proceder de la ruptura, por parte de la luz ultravioleta de las estrellas, de moléculas de CO2, que liberan átomos de oxígeno (O2); así como de la ruptura de moléculas de H20; que también libera grandes cantidades de oxígeno (en este caso, átomos agrupables en moléculas O4).

Muchos de los estudiosclimáticos de otros planetas, son aplicables al nuestro

Victoria Meadows, una de las autoras de la investigación explica que estas “biofirmas impostoras podrían ser comunes en planetas que orbitan estrellas de poca masa, que son los planetas del exterior de nuestro sistema solar que más se van a observar en la próxima década”. Y que, gracias a estas nuevas estrategias, "podremos avanzar más rápidamente hacia objetivos más prometedores, que puedan albergar verdaderas firmas biológicas de oxígeno".

La contaminación como señal.Como puede observarse, los astrónomos, astrofísicos y astrobiólogos buscan vida extraterrestre a partir de lo que conocen de la vida aquí, en la Tierra.

Hasta tal punto es insoslayable esta perspectiva, que en 2014, teóricos del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica (CfA) de Estados Unidos se propusieron incluso buscar vida inteligente y civilizaciones complejas en otros planetas, a partir de su contaminación.

Según ellos, el hallazgo de señales de clorofluorocarbonos (CFC) en la atmósfera de esos mundos apuntaría a la existencia de contaminación industrial en ellos. Además, estos científicos esperan que herramientas como el JWST les permitan detectar dos tipos de clorofluorocarbonos; productos químicos que aquí destruyen el ozono, y que son utilizados en disolventes y aerosoles. Lo cierto es que sería triste que si “la verdad está ahí fuera” finalmente se nos apareciera en forma de polución.

Un modelo climático sugiere que Venus pudo ser habitable

Venus pudo haber tenido un océano superficial de agua líquida y temperaturas superficiales “habitables” por hasta 2.000 millones de años de su historia primitiva, según un modelado computacional del clima antiguo del planeta realizado por científicos del Instituto de Estudios Espacial Goddard (GISS) de la NASA en Nueva York.

Los resultados fueron obtenidos con un modelo similar al tipo usado para predecir los cambios climáticos futuros en la Tierra.

“Muchas de las mismas herramientas que usamos para modelar el cambio climático en la Tierra pueden ser adaptadas para estudiar climas en otros planetas, tanto pasados como presentes”, dijo Michael Way, investigador en GISS y autor principal del artículo. “Estos resultados muestran que el Venus antiguo pudo haber sido un lugar muy diferente del que es hoy”.

Hoy, Venus es un mundo infernal. Tiene una aplastante atmósfera de dióxido de carbono con 90 veces el espesor de la de la Tierra. Casi no hay vapor de agua. Las temperaturas alcanzan los 462 grados Celsius en su superficie.

Durante mucho tiempo, los científicos han teorizado que Venus se formó a partir de ingredientes similares a los de la Tierra, pero siguió un camino evolutivo diferente. Las mediciones de la misión Pioneer a Venus en la década de 1980 sugirió por primera vez que Venus pudo haber tenido originalmente un océano. Sin embargo, Venus está más cerca del Sol que la Tierra y recibe mucha más luz solar. Como resultado, el océano primitivo del planeta se evaporó, las moléculas del vapor de agua fueron rotas por la radiación ultravioleta, y el hidrógeno escapó al espacio. Sin más agua en la superficie, el dióxido de carbono aumentó en la atmósfera, llevando a un efecto invernadero desbocado que creó las condiciones actuales.

Estudios previos, han mostrado que la rapidez con que un planeta gira sobre su eje afecta la existencia de un clima habitable. Un día en Venus dura 117 días terrestres. Hasta hace poco, se asumía que una gruesa atmósfera como la del Venus moderno era necesaria para que el planeta tuviera su velocidad de rotación actual. No obstante, investigaciones recientes han demostrado que una atmósfera delgada como la de la Tierra actual podría haber producido el mismo resultado.

Otro factor que impacta sobre el clima de un planeta es la topografía. El equipo de GISS postuló que, en general, el Venus antiguo tuvo más tierra seca que nuestro planeta, especialmente en los trópicos. Eso limita la cantidad de agua evaporada de los océanos y, como resultado, el efecto invernadero del vapor de agua. Este tipo de superficie parece ideal para hacer habitable un planeta; parece haber tenido bastante agua para soportar vida abundante, con tierra suficiente para reducir la sensibilidad del planeta a cambios de la luz solar recibida.

Way y sus colegas de GISS simularon las condiciones de un Venus primitivo hipotético con una atmósfera similar a la de la Tierra, un día tan largo como el del Venus actual, y un océano superficial consistente con los datos de la sonda Pioneer. Los investigadores añadieron información sobre la topografía de Venus obtenida por las mediciones de radar de la misión Magellan de la década de 1990, y llenó las tierras bajas con agua, dejando las tierras altas expuestas como continentes venusianos. El estudio también consideró un Sol antiguo hasta 30% más tenue. Incluso así, el Venus primitivo recibía aproximadamente un 40% más de luz solar que la Tierra en la actualidad.

“En el modelo de la simulación de GISS, la lenta rotación de Venus exhibe su lado diurno al Sol durante casi dos meses por cada vez”, dijo Anthony Del Genio, coautor del artículo y ex científico de GISS. “Esto calienta la superficie y produce lluvia que crea una capa gruesa de nubes, la que actúa como una sombrilla para proteger la superficie de gran parte del calentamiento solar. El resultado es temperaturas medias que en realidad son unos pocos grados más frías que las de la Tierra actual”.

 

 


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