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La Asunción de la Virgen María: Homilía en Guatemala por el Mons Rodolfo Colominas

16/08/2010 17:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Día litúrgico: 15 de Agosto: La Asunción de la Virgen María.Homilía Vigilia désde Guatemala, Monseñor Rodolfo Colominas.

Texto del Evangelio (Lc 1, 39-56)En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.Palabra del Señor.

Comentario del  P. Abad Dom Josep ALEGRE Abad de Santa Mª de Poblet (Tarragona, España)Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi SalvadorHoy celebramos la solemnidad de la Asunción de Santa María en cuerpo y alma a los cielos. «Hoy —dice san Bernardo— sube al cielo la Virgen llena de gloria, y colma de gozo a los ciudadanos celestes». Y añadirá estas preciosas palabras: «¡Qué regalo más hermoso envía hoy nuestra tierra al cielo! Con este gesto maravilloso de amistad —que es dar y recibir— se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, lo humilde y lo sublime. El fruto más granado de la tierra está allí, de donde proceden los mejores regalos y los dones de más valor. Encumbrada a las alturas, la Virgen Santa prodigará sus dones a los hombres».El primer don que te prodiga es la Palabra, que Ella supo guardar con tanta fidelidad en el corazón, y hacerla fructificar desde su profundo silencio acogedor. Con esta Palabra en su espacio interior, engendrando la Vida para los hombres en su vientre, «se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (Lc 1, 39-40). La presencia de María expande la alegría: «Apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno» (Lc 1, 44), exclama Isabel.Sobre todo, nos hace el don de su alabanza, su misma alegría hecha canto, su Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador...» (Lc 1, 46-47). ¡Qué regalo más hermoso nos devuelve hoy el cielo con el canto de María, hecho Palabra de Dios! En este canto hallamos los indicios para aprender cómo se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, y llegar a responder como Ella al regalo que nos hace Dios en su Hijo, a través de su Santa Madre: para ser un regalo de Dios para el mundo, y mañana un regalo de nuestra humanidad a Dios, siguiendo el ejemplo de María, que nos precede en esta glorificación a la que estamos destinados.Homilía de la Vigilia de la Solemnidad de la Asunción désde Guatemala, Monseñor Rodolfo Colominas Arango.

1. Esta tarde empezamos a celebrar la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María a los Cielos. Es una fiesta de triunfo. Dios corona a la más hermosa de todas las criaturas humanas con la gloria del Cielo.

2. Es una fiesta que nos llena de alegría a todos nosotros los cristianos que vivimos en este mundo y que llena de alegría al cielo, porque la Asunción de María nos muestra claramente que el poder de la muerte y del pecado han sido vencidos.

3. La Santísima Virgen es la primera persona que ha participado de la gloria de la resurrección y que ha sido llevada en cuerpo y alma a la gloria Celestial. Y con la Asunción de la Virgen a los Cielos, se nos está recordando que todos nosotros estamos llamados a vivir eternamente con Dios.

4. La primera lectura que hemos escuchado hoy nos recordaba un hecho muy especial dentro de la historia del Pueblo de Israel. Nos recordaba el momento en el que el Arca de la Alianza era llevada en medio de júbilo y de fiesta al lugar que David le había preparado en Jerusalén.

5. El Arca de la Alianza era un signo que les recordaba a los Israelitas la presencia de Dios en medio de ellos. El Arca de la Alianza encerraba las Tablas de la Ley que Dios le había dado a Moisés y que eran, por así decirlo, el acta de nacimiento del Pueblo de Israel.

6. Israel era el Pueblo de Dios y se había comprometido con Dios a cumplir fielmente con los Mandamientos de la Alianza. La fidelidad a la Alianza era lo que haría de Israel el Pueblo de Dios. Los mandamientos eran su sabiduría y su gloria.

7. El Arca de la Alianza contenía también un puñado del Maná que había alimentado a los Israelitas en su larga peregrinación por el desierto antes de llegar a la tierra prometida. Dios había alimentado todos los días a su Pueblo con este alimento bajado del cielo. Israel había experimentado de esta manera la infaltable misericordia de Dios.

8. Finalmente, el Arca de la Alianza contenía también la vara con la que Moisés hizo los grandes prodigios que Dios le había mandado y con la cual había dividido el Mar Rojo, para que los Israelitas pudieran pasar de la esclavitud a la libertad de los hijos de Dios.

9. No era pues, de extrañar, el inmenso júbilo que sentía el rey David y todo el Pueblo de Israel cuando llevaban el Arca, en medio de cánticos y alabanzas, al lugar que se le había preparado con mucho amor y esmero.

10. La Iglesia nos invita a meditar en este texto en esta fiesta de la Asunción, porque María fue el Arca de la Nueva Alianza. Ella llevó en su seno al Señor de los cielos y de la tierra. Ella fue la portadora de Cristo nuestro Señor y Salvador. Ella fue el primer Sagrario de la historia.

11. Dios la preparó librándola, por los méritos de Cristo, de todo pecado, incluso la libró del pecado original haciéndola llena de gracia desde el primer momento de su existencia. Dios adornó a la Santísima Virgen con toda clase de virtudes, porque la había elegido para ser la Madre de su Hijo Único.

12. Si el Arca de la Alianza estuvo elaborada con maderas finas y fue recubierta con planchas de oro purísimo por la sencilla razón de que iba a contener las Tablas de la Ley, con mucha mayor razón Dios enriqueció a María con toda clase de virtudes y de gracias, ya que Ella había sido elegida ser la Madre del Hijo de Dios.

13. En la asunción de María, Ella, el Arca de la Nueva Alianza, es llevada por los ángeles hasta lo más alto de los cielos para recibir el premio de su amor y de su fidelidad a Dios.

14. Pero tenemos que decir que de nada le hubieran servido a María todas las gracias que Dios le había concedido, si Ella no hubiera sabido corresponder libre y generosamente al Amor que Dios le había manifestado. El hecho de estar llena de gracia no disminuyó en nada su libertad. Y María supo permanecer fiel al amor de Dios.

15. Por eso es que esta fiesta, al mismo tiempo que nos llena de alegría, nos invita también a todos nosotros a imitar el amor y la generosidad de la Santísima Virgen en el servicio de Dios y de nuestros hermanos.

16. Todos nosotros hemos sido llamados a la existencia para participar de la vida de Dios. Hemos sido llamados a participar de su gloria eterna. Ciertamente no fuimos concebidos en la gracia de Dios. Todos nosotros hemos nacido con el pecado original. Pero Dios quiso engendrarnos a la vida divina por medio del agua y del Espíritu Santo en el Sacramento del bautismo.

17. Nosotros estamos llamados, como María, a corresponder a la gracia divina que hemos recibido viviendo de una manera agradable a los ojos de Dios. Tenemos que aprender a vivir con amor y con fidelidad cumpliendo los mandamientos que Dios nos ha dado.

18. Nosotros estamos llamados a luchar en contra del mal y del pecado. Por eso san Pablo cantaba, en la segunda lectura, la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte. Nosotros hemos de dejar que Cristo, venza en cada uno de nosotros el mal y nos revista de la vida inmortal.

19. Para esto, el Evangelio nos enseña cuál es el camino que hemos de seguir. En cierta ocasión, nos cuenta el Evangelio, una señora, muy entusiasmada al ver la grandeza de Cristo, se puso a alabar a grandes voces a la mujer que fue su Madre diciendo: "¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron!". Jesús le respondió: "Dichosos, más bien, los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica".

20. Con esto Jesús nos estaba haciendo ver a todos nosotros que la grandeza de María no es una grandeza pasiva, es decir, no es algo en lo que nada haya tenido que ver la Santísima Virgen. AL contrario. Ella fue la primera oyente de la Palabra. La acogió en su mente, aceptando libremente la voluntad de Dios y la concibió en su seno por obra y gracia del Espíritu Santo.

21. Y luego, a lo largo de toda su vida, María vivió en todo momento de acuerdo a la voluntad de Dios, haciendo realidad lo que había dicho en el momento de la Encarnación: "He aquí la Esclava del Señor: hágase en mí según tu Palabra".

22. Si nosotros nos esforzamos por vivir de acuerdo a lo que Dios nos pide, tenemos la firme esperanza de poder llegar, algún día, a participar de la gloria celestial. Que la Asunción de la Santísima Virgen sea para cada uno de nosotros una invitación a vivir con gozo y con entrega nuestra vocación cristiana.

23. La misma Palabra de Dios nos dice que el que siembra abundantemente la semilla de las buenas obras, cosechará la abundancia de la vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer el bien.

24. Imitemos a María en nuestra obediencia a lo que Dios nos va pidiendo cada día. Y avivemos constantemente la esperanza en la vida del mundo futuro a la que Dios nos ha llamado.

Fuente|Diarios SUR.


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