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Balanchine, primer coreógrafo que empujo a bailarinas a adelgazar

21/01/2011 05:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una gran cantidad de críticos y balarinas han coincidido en señalar que el coreógrafo ruso George Balanchine, nacido el 22 de enero de 1904, les exigía una extrema delgadez a sus bailarinas. Por ello, el ballet sigue siendo una fuente inacabable de polémica, por el tipo de cuerpo femenino que se exige sobre el escenario. Fuera de los escenarios, a Jenifer Ringer se la consideraría esbelta. Un exitoso filme protagonizado por Natalie Portman, “Cisne negro”, de Darren Aronofsky, reabrió la polémica. Así lo describe el artículo “La dictadura del tute”, aparecido el 18 de este mes en la versión digital del diario elpais.com (español). Anécdotas históricas aparte, la delgadez radical es una epidemia en el ballet. Diversos estudios recientes demuestran que, en la sociedad en general, un 28 por ciento de las mujeres inmersas en este arte sufre de anorexia nerviosa. Balanchine le dijo a la bailarina Gelsey Kirkland, en los sesenta: "Quiero verte los huesos". Es la premisa de lo que se conoce, en círculos especializados, como "el cuerpo Balanchine": ni una sola curva, solo ángulos y líneas rectas, para acometer las posturas más gráciles y dramáticas. Un requerimiento, parece, asumido por sus sucesores e impuesto a cualquier aspirante a ejecutante. Lo llevó a la perfección Gelsey Kirkland, musa de Balanchine, que acabó anoréxica y adicta a la cocaína y las metanfetaminas. Abandonó el ballet en los ochenta y definió su experiencia en el título de su autobiografía: “Bailando sobre mi tumba”. El afamado coreógrafo Balanchine, llamado el "Padre del Ballet Estadounidense", cuya contribución a la danza del siglo XX es fundamental, nació en San Petersburgo, Rusia. El arte de Gueorgui Melitónovich Balanchivadze, por su nombre real, se basó en el vocabulario clásico del ballet, del también coreógrafo francés Marius Petipa. Balanchine fue hijo de un compositor, su formación en las artes comenzó en la Academia Imperial del Ballet, en donde se graduó con honores. Tambinén se preparó en el Teatro Mariinsky y cursó estudios de composición en el conservatorio de su ciudad natal. El dominio de la música le proporcionó una relación privilegiada con los compositores, con quienes colaboraría más adelante, y la capacidad de interpretar en piano sus partituras y valerse de las claves de éstas para crear sus coreografíìas. Tras su paso por el teatro Mariinsky conoció en una gira europea a Sergei Diaghilev, empresario fundador de los Ballets Rusos, de los que llegó a formar parte. Poco después, Balanchine aceptó la invitación de Lincoln Kirstein, balletómano, escritor, crítico y visionario estadounidense, cuyo sueño era crear en su país una compañía de ballet de un nivel comparable o mejor que las europeas. Ello dio origen en 1934 a la School of American Ballet, en Nueva York. En 1948 la compañía estableció su sede permanente en el City Center, en donde nació el New York City Ballet. Puente entre la tradición de la escuela rusa y el joven país adoptado, Balanchine creó un estilo propio que tenía mucho que ver con el entusiasmo que vivió a su llegada a Nueva York. Mezcló sus gustos exquisitos europeos con elementos musicales estadounidenses, algo que se ve en sus coreografìas, en las que a veces conviven el vocabulario clásico con el jazz. Igualmente participó en musicales de Broadway y en cine. El New York City Ballet sorprendió desde el principio y, a diferencia de la jerarquía absoluta que imperaba en los ballets europeos, en éste no había estrellas. Desde el principio se entendió que el repertorio, amplísimo, era la verdadera estrella. Entre las obras destacan "Concierto barroco", "Apollo", "Serenade" y "Los cuatro temperamentos", que convivían con producciones de algunos grandes ballets clásicos. El estricto coreógrafo fue reconocido por sus ballets sin trama, como "Los cuatro temperamentos de Hindemith" (1946) y "Joyas" (1967). Su estilo abarca desde las coreografías de producciones clásicas, hasta las basadas en obras de compositores modernos y contemporáneos. Su inspiración surgió de diversas musas, entre ellas sus esposas Tamara Geva, Vera Zorina, María Tallchief, Tanaquil Le Clerq, y la inolvidable Suzanne Farrell, joven bailarina con la que trabajó en su madurez. Balanchine, quien trabajó para otras compañías de baile, así como para Broadway y Hollywood, e ideó más de 29 coreografías para ballets, falleció el 30 abril de 1983.


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