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Ballet Folklórico mantiene vivo el espíritu de Amalia Hernández

18/09/2011 07:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El legado de la bailarina y coreógrafa mexicana Amalia Hernández sigue vivo en México y el mundo, donde se presenta de manera regular su ballet, el Folklórico de México, que durante este mes patrio cumple temporada de miércoles y domingos en el Palacio de Bellas Artes. Fundado en 1959 por doña Amalia, a quien este lunes se recuerda a 94 años de su nacimiento, el conjunto mantiene la disciplina y pasión que les heredó la reconocida artista, como lo demuestra en cada una de sus presentaciones. Amalia Hernández Navarro nació el 19 de septiembre de 1917 en la Ciudad de México. Fue hija de Lamberto Hernández, político mexicano que encabezó en 1931 el Departamento del Distrito Federal, y de su esposa Amalia Navarro, originaria de Chihuahua, maestra de profesión. Siguiendo los consejos de su madre, Amalia y sus hermanas entraron a la Escuela Nacional de Maestros, pero tiempo después, insatisfecha con la profesión familiar, dejó la escuela y decidió estudiar danza folclórica y ballet. La madre de Amalia Hernández ayudó a desarrollar la sensibilidad artística de sus cinco hijos, en su casa tocaba la guitarra, cantaba y pintaba. Fomentó esas prácticas y permitió que su hija mayor, Amalia, se acercara a la danza, sin pensar que se convertiría en una profesional para quien esta disciplina sería una experiencia fundamental. Mientras que, su padre, ayudó a construir un estudio en casa, donde recibió clases privadas de importantes maestros de danza, como los profesores Luis Felipe Obregón y Amado López, con quienes aprendió danza mexicana. Cuentan sus biógrafos que la danza española la comenzó a practicar con Encarnación López "La Argentinita", y el ballet con la maestra francesa Nelsy Dambre y el ruso Hipólito Zybin. Cuando dejó la Escuela Normal, sus padres la enviaron a estudiar a San Antonio, Texas, pero también allá se acercó al ballet, así que no hubo más alternativa para la familia que aceptar la carrera para la cual había nacido Amalia, la danza. La ahora reconocida y recordada bailarina y coreógrafa mexicana ingresó a la Escuela Nacional de Danza en 1934, entonces dirigida por Nelli Campobello. Fue alumna de esta última y de Gloria Campobello, Ernesto Agüero, Dora Duby, Tessy Marcué y Xenia Zarina. Participó en diversas obras, como el ballet de masas “30-30”. Junto con varias de sus compañeras, Amalia Hernández, Guillermina Bravo y Josefina Lavalle, salieron de la escuela por conflictos con la directora, pero recurrieron a la maestra Estrella Morales, para seguir con la danza. A la escuela llegó la bailarina y coreógrafa estadounidense Waldeen (1913-1993), en 1939, y a la que se le reconoce como una de las pioneras de la danza moderna mexicana; en ese tiempo arribó a México por una invitación del Departamento de Bellas Artes de la Secretaria de Educación Pública (SEP), en busca de bailarinas para conformar el Ballet de Bellas Artes. Aunque Amalia Hernández fue elegida para este proyecto, como la maestra planteaba un trabajo totalmente profesional, su familia la retiró del grupo. No participó en la experiencia y contrajo matrimonio, lo que por un tiempo la separó de la danza. Se casó con el destacado académico y diplomático mexicano José Luis Martínez Rodríguez, con quien tuvo un hijo, José Luis Martínez Hernández. En 1947, en el interior del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) se creó la Academia de la Danza Mexicana (ADM), cuyos lineamientos consideraban que el arte popular era la "fuente viva de conocimiento y de carácter de lo mexicano". Guillermina Bravo fue la directora y Ana Mérida, subdirectora. A esta Academia entró Amalia Hernández y en ella se desempeñó como profesora, bailarina y coreógrafa, tras haber estudiado ballet con las maestras Anna Sokolow y Waldeen von Falkenstein. En 1952 fundó el Ballet Folklórico de México que lleva su nombre y que es emblemático del arte dancístico folclórico de este país, al expresar las diversas manifestaciones de los bailes populares de todas las épocas y de todas las regiones de México. Y así fue laureada con el Premio Nacional de las Artes en 1992. Cuando formó su grupo de ballet folclórico en 1952 contó solamente con ocho danzantes, pero para 1959, año en que representó a México en los Juegos Panamericanos celebrados en Chicago, ya tenía un conjunto de 50 componentes. También fundó la Escuela de Ballet Folklórico en México, cuyo edificio sede fue diseñado por su hermano, el también laureado arquitecto Agustín Hernández, en 1968. Amalia Hernández fue pionera en el desarrollo del ballet folclórico propiamente dicho, recogió las corrientes de baile popular regionales de un México multicultural, que se caracteriza por una gran diversidad de manifestaciones artísticas que se cristalizan en la danza como arte del pueblo. Esta artista de la danza creó más de 60 coreografías de los bailes de México y, el grupo que fundó, hace más de medio siglo, sigue representando al país tanto local como en diversos foros internacionales. Amalia Hernández Navarro murió en su ciudad natal el 4 de noviembre del 2000, y aún se recuerda por el legado que dejó con su escuela, coreografías y bailarines, fieles representantes del folclore mexicano.


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