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Barbie Girls

25/01/2012 15:54 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Jorge Cortés Ancona

Tres mujeres casi treintañeras, fantasiosas en su ansia de vivir lujos, fama y todo capricho que se les antoje. Víctimas del desfase de realidad y apariencia que generan la comercialización televisiva y publicitaria, su frivolidad encubre una gran soledad, complejos no resueltos.

Se trata de Barbie Girls, obra teatral del dramaturgo regiomontano Mario Cantú, que se estrenó en el auditorio "Silvio Zavala Vallado" del Centro Cultural Olimpo, el pasado sábado 7 de enero, dentro del Festival de la Ciudad que organiza el Ayuntamiento de Mérida.

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Las tres jóvenes son Chiquis (Analie Gómez), Bibi (Alejandra Argoytia) y Nené (Salomé Sansores), que están dispuestas a ejecutar cualquier acto de violencia con tal de cumplir su deseo de gozar a galanes famosos y viajar a lugares sofisticados.

Educadas en escuela de monjas, la sexualidad las atosiga en diversas formas: Bibi vive llena de culpas y temor al pecado; Chiquis, con un frenetismo permanente por satisfacerse en todo momento; y Nené, con una contradicción entre su obsesión por su figura y sus ganas de comer. En general, las atosiga la erotomanía.

"Ya tenemos más de treinta años, ¿para qué nos hacemos pendejas?". "Y ninguna se ha casado". "Y ninguna se ha hecho famosa. Somos unas losers". Tres frases pronunciadas de manera consecutiva por cada una de las jóvenes, que resumen el conjunto de frustraciones colectivas. En consecuencia, un asalto, balacera, secuestro y homicidios, en tono de farsa, pero con la misma carga de anomia que la que vivimos en el México de hoy. Comunicación que cae en el vacío, a través de supuestas pláticas que en realidad son monólogos entrecruzados, reclamos inquisitivos, discusiones vacuas...

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Dirigida por Pablo Herrero, esta puesta en escena cuenta con todos los elementos para establecer un contacto inmediato con el público. Dentro de un ritmo vertiginoso, las tres actrices se desenvuelven con total adentramiento en sus respectivos personajes. Interpretan con naturalidad los diálogos propios del modo de habla actual de los mexicanos fresas y poch-fresas, con pleno dominio corporal siguen la velocidad de movimientos inherente al tema de la obra y tienen la capacidad de hacer reír una y otra vez al público.

Sobre todo, manteniéndose dentro de la comicidad que es el eje, sortean el peligro de encasillarse, al transmitir las tristezas y frustraciones que subyacen en la pretendida felicidad de los tres personajes.

El vestuario acentúa el tono farsesco, en combinación con la colorida iluminación y las canciones de Madonna, todo lo cual forma parte fundamental de la obra. La escenografía fija se conforma a base de tres armazones prismáticos, de carácter multiusos —ya que funcionan como caja de las Barbies, cabina telefónica y símbolo de refugio interior—, a la vez que con cambios de mobiliario entre escena y escena efectuados por muchachas a manera de kurokos del teatro japonés tradicional y, como tales, vestidas de negro, pero con una participación mínima al hacer sus labores bailando al son de la música en turno.

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Es de notar que el director le suprimió dos escenas a esta obra de un solo acto, sin que ello afectara la comprensión y el disfrute de la obra. Se representaron El Sanborn's, Bibi, El antro, Chiquis, La biblioteca, Telefonata y Final machete.

Se suprimieron Que quince años no es nada, Qué febril la mirada... —la cual se remonta a la adolescencia y las exploraciones de la desconocida sexualidad, a la vez que da algunas explicaciones extras acerca de la conducta de las tres chicas— y el monólogo de Nené, que es un preámbulo sentimental a los hechos de la escena final.

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Las Barbies y Madonna, como símbolos de una época, puntos de referencia de conductas posteriores, que se entremezclan caóticamente con complejos de culpa equiparables entre sí y con sus correspondientes sentidos del deber: el nacionalismo malentendido, la abrumadora moral religiosa y la acuciante necesidad de ser bella y tener éxito en la vida.

Al final, en esta obra donde el varón es omnipresente en el discurso y las ansias, cumplirá una función simbólica la breve aparición del machete, que por razones fonéticas, formales y de uso, remite al mundo masculino, con connotaciones de violencia.

El auditorio del Olimpo estaba repleto, incluso con decenas de espectadores de pie y mucha gente afuera que se quedó con ganas de ver la obra. Más del 80% de los asistentes eran jóvenes, lo cual habla de una eficiente difusión y de una acertada decisión de montar esta obra que resulta significativa para el público de ahora.

Las carcajadas estuvieron a todo lo largo de la función (aunque me intrigó que arreciaran todas las veces en que la Chiquis expresaba su deseo de adoptar a un indígena) y por ello me llamó la atención la tibieza de los aplausos al final. Quizá el público esperaba que la obra continuase, a pesar de su casi hora y veinte de duración.

Es una lástima que se haya dado una sola función, pero se espera que haya una temporada en marzo. Cosas de esta extraña promoción cultural yucateca que cada vez entendemos menos.

Por esto! 10 de enero de 2012


Sobre esta noticia

Autor:
Redliteraria (173 noticias)
Fuente:
redliterariadelsureste.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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