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Batallas socio-ambientales en México

14/04/2011 02:21 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Batallas socio-ambientales en México por Víctor Manuel Toledo* Última modificación Apr 13, 2011 09:14 PM

¿Es posible hoy, en los albores del siglo XXI, cuando el capital alcanza su máximo grado de rapacidad en la historia y la supervivencia de la especie humana se ve seriamente amenazada, separar las luchas sociales de las batallas ecológicas o ambientales?

Batallas socio-ambientales en México

Radiografía de los movimientos en defensa del medio ambiente

La respuesta es un rotundo NO, pues el capital convertido ya en una gigantesca fuerza global, justo se nutre parasitariamente del trabajo de los seres humanos y del trabajo de la naturaleza. Libre de toda atadura, sea legal, social o cultural, el capital domina, impone, arrasa, se expande y se multiplica. Su mercado es una fuerza voraz, una inundación indetenible, incapaz de autorregularse, y es la acumulación progresiva de esta irracionalidad, la que ha dado lugar a una civilización suicida, a un gigantesco experimento autodestructivo, cuya expresión más preocupante es el cambio climático de escala global.

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México es hoy un ejemplo notorio de esa doble destrucción, social y ambiental, de los territorios, provocada por la expansión del capital nacional y transnacional. Hoy, el mapa de la república es un vasto escenario de batallas entre las fuerzas ciudadanas y los cientos de proyectos mineros, hidráulicos, energéticos, turísticos, agrícolas, forestales, químicos e incluso biotecnológicos (los cultivos transgénicos) que buscan implantarse. A esta tragedia contribuyen, con diferentes matices y con honrosas excepciones, los gobiernos en sus tres escalas (federal, estatal y municipal) y en sus tres colores (derecha, centro e izquierda). Frente a ello, han surgido decenas de movimientos sociales de carácter esencialmente rural, primordialmente en las regiones indígenas del país. En México existen entre 12 y casi 17 millones (Censode Población, 2010) de mexicanos que se reconocen o auto-reconocen como indígenas. Por ello en el país existen 26 regiones indígenas (mapa 1), principalmente en el centro, sur y sureste del territorio, las cuales captan más de la cuarta parte del agua que la nación recibe, aloja áreas de enorme riqueza biológica (biodiversidad), mantiene buena parte de las selvas y bosques que aún quedan, y es el ámbito donde se manejan y conservan los principales recursos fitogenéticos del país: maíces, jitiomates, chiles, calabazas, vainillas, cacaos y otras 100 epecies más de especies domesticadas. Si a lo anterior se agregan los territorios de los campesinos mestizos, buena parte de los cuales presentan rasgos similares a los indígenas salvo que no hablan otra lengua más que el español, el panorama se ensancha. Nutriéndose de su cultura ancestral y de su historia agraria, las comunidades campesinas e indígenas se enfrentan y resisten el embate por mercantilizar y privatizar los recursos naturales, sean bosques, alimentos, biodiversidad, ríos o suelos. En estas resistencias aún se escuchan los sonidos y ecos de la revolución agraria de principios del siglo XX, pues ese movimiento logró dos cosas: la re-campesinización del campo, y la restitución de la memoria mesoamericana. Si los pueblos indígenas poseen 28 millones de hectáreas en prácticamente todas las zonas ecológicas del país, el sector de propiedad social (30, 000 ejidos y comunidades) detentan más de la mitad del terriorio del país con 106 millones de hectáreas.

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Dos tipos de batallas

En estas batallas socio-ambientales, se defienden al mismo tiempo los recursos naturales, el territorio, la cultura, la memoria histórica, la vida colectiva y la autogestión comunitaria, es decir el poder social. Las batallas socio-ambientales adquieren dos principales expresiones: (1) las resistencias, de carácter defensivo, que buscan evitar la implantación de proyectos destructivos; y (2) aquellas que impulsan y realizan proyectos alternativos, como el manejo comunitario de bosques y selvas, el café orgánico, el turismo alternativo, la producción agro-ecológica, etc. Quizás es obvio decir que por lo común, las segundas resultan de la transformación cualitativa de las primeras, es decir, que casi siempre todo proyecto alternativo es el fruto o la consecuencia de una reacción de las comunidades o las regiones frente a diversos tipos de amenazas. En otras palabras las batallas de resistencia se tornan en batallas de proyectos alternativos, un pasar de la defensiva a la ofensiva, cuando la sociedad civil decide no solamente defenderse sino pasar a la construcción de formas de vida alternativas.

Las batallas socio-ambientales de resistencia se han multiplicado en los últimos años por buena parte del país. Hoy se pueden reconocer no solamente cientos de movimientos locales o regionales, sino organizaciones o redes de escala nacional contra la minería, las presas y los pesticidas, en defensa del agua, del maíz o de los alimentos orgánicos, y los afectados en general por cualquier tipo de irracionalidad ambiental. Aquí destacan las luchas contra las empresas mineras Canadienses, Inglesas, Norteamericanas, Francesas y Mexicanas, a las que les han sido concesionadas más de 50 millones de hectáreas. En los últimos años los conflictos por la explotación minera de oro, plata, cobre, etc. bajo métodos altamente contaminantes y pasando por los derechos agrarios e históricos de la comunidades rurales, se han multiplicado. Hoy existen resistencias ciudadanas contra la minería en Baja California, Chihuaha, Nayarit, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas (mapa 2). Otro caso notable es la movilización campesina contra el maíz transgénico, que en unos pocos meses ha brotado y se ha expandido rápidamente desde Chihuaha, Nayarit y Michoacán hasta Tlaxcala, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Yucatán y San Luis Potosí (mapa 3). En el caso de las presas, en marzo del 2011, en la pequeña ciudad de Pinotepa en la costa de Oaxaca, marcharon más de 6, 000 personas, campesinos, indígenas, pobladores, maestros y ciudadanos ligados a las iglesias de la región para pedir la cancelación del proyecto hidroeléctrico Paso de la Reina, una resistencia encabezada por el Consejo de Pueblos Unidos en una resistencia encabezada por el Consejo de Pueblos Unidos en Defensa del Río Verde (COPUDEVER). Existe al menos otra media docena de conflictos en torno a la construcción de presas en Jalisco, Guerrero y Chiapas.

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Las batallas que se dan en el ámbito de los proyectos alternativos, generalmente ligados a la producción o a los servicios, y que implican una organización sólida y permanente, información y conocimientos científicos y tecnológicos, aparatos administrativos y vías de comercialización, son luchas que se dan en la órbita de un mundo dominado por el neoliberalismo. Aquí las batallas son por la creación a contracorriente de modos alternativos de articulación con la naturaleza y de nuevas maneras de producir, circular, transformar y consumir. Dado que se basan en principios y valores contrarios al capital tales como la cooperación, la solidaridad, la acumulación colectiva o comunitaria de la riqueza, el respeto irrestricto por los procesos naturales, la democracia participativa y el comercio justo y orgánico, sus desafíos son de índole diferente. Producto de varias décadas de experimentación, los proyectos alternativos son casi siempre iniciativas de cooperativas o comunidades rurales en torno a ciertos productos o servicios. Aquí destacan las cooperativas de pescadores en Baja California o Quintana Roo, las comunidades forestales de selvas tropicales o bosques templados agrupadas en organizaciones como la UNOFOC, con cerca de 500 comunidades y ejidos, y las cooperativas productoras de café orgánico bajo sombra, que solamente en Chiapas rebasan las 100 (mapa 4). Se estima que sólo en cinco entidades (Quintana Roo, Oaxaca, Puebla, Chiapas y Michoacán), el número de proyectos e iniciativas alternativas alcanza los 1, 040.

Más sobre

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El potencial de las batallas socio-ambientales: una aproximación geo-política

Una manera de neutralizar las luchas anti-sistémicas, las batallas contra el neoliberalismo, es la de mantenerlas aisladas, restringidas a sus ámbitos locales o regionales. Ello impide realizar acciones de mayor envergadura, especialmente las de carácter político. Si la fuerza total es mucho más que la suma de sus componentes, entonces una somera revisión de la fuerza que en conjunto representan estos movimientos permite ponderar su verdadera fortaleza. Y ello se traduce en poder social.

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A escala nacional las resistencias han quedado organizadas en 8 grandes Redes (figura7), que en conjunto agrupan a casi 300 organizaciones regionales (Cuadro 1). Por su parte los proyectos alternativos, de varios tipos, tambien se ensamblan en al menos 7 organizaciones (figura 8), principalmente de forestería comunitaria, de café orgánico y de turismo alternativo. La CONOC agrupa a seis de ellas. ¿Cual es la presencia a escala nacional de todos estos movimientos tanto en número de participantes como en el tamaño de los territorios? No se dispone aún de información suficiente para responder a esta pregunta, pero sí existen indicadores de su magnitud. Por ejemplo tan sólo la UNOFOC, agrupa a 56 organizaciones regionales de numerosos municipios y controla una superficie que sobrepasa los 4.5 millones de hectáreas (mapa de la figura 5). Por otra parte un análisis preliminar de los proyectos alternativos de carácter comunitario o de cooperativas a escala municipal, revela una considerable extensión territorial (mapa de la figura 8).

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Conclusiones

En suma, el recuento de estas batallas, y su representación geo-política, nos ofrece un panorama esperanzador, cuyo potencial organizativo es enorme. Queda como reto articular estos cientos de movimientos y, sobretodo, el encauzarlos dentro de una gran corriente que no solamente resista los embates del capital, sino que construya un poder social basado en una modernidad alternativa, es decir, que deje de imitar las formas dominantes de concebir a la naturaleza, de producir, circular, consumir y de mirar al mundo, y que retome la historia, la cultura y la memoria de los pueblos. Ello supone antes que todo el esclarecimiento y la discusión teóricas, capaz de ofrecer con claridad fórmulas concretas de construcción del poder social, traducido en proyectos productivos, financieros, jurídicos, tecnológicos y culturales por fuera y en contra del orden dominado por el capital. Las bases están dadas, sólo falta echar a andar.

*Presentación en el Foro Nacional para la Regeneración Socio-Ambiental, Cuetzalan, Puebla

Victor Manuel Toledo CIECO-UNAM

vtoledo@oikos.unam.mx

Referencias

Barrera-Bassols, N., M. Astier, Q. Orozco y E. Boege. 2011. Saberes locales y defensa de la agrodiversidad. En: S. Alvarez-Cantalapiedra (ed). Convivir para Perdurar: 295-307. Icaria Editorial, Barcelona.

Boege, E. (2008). El Patrimonio Biocultural de los Pueblos Indígenas de México. Instituto Nacional de Antropología e Historia. México

De Sousa Santos, B (ed). 2011. Producir para Vivir: los caminos de la producción no-capitalista. Fondo de Cultura Económica.

Toledo, V.M and N. Barrera-Bassols(2008) La Memoria Biocultural: la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales . ICARIA Editorial, Barcelona.

Toledo, V.M., E. Boege & N. Barrera-Bassols. (2010). The biocultural heritage of México: an overview. Langscape, 3: 6-10.

Zermeño, S. 2010. Reconstruir a México en el Siglo XXI. Océano.


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bionero.org
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