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Bendita confusión

09/09/2011 01:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image¿Alguna vez han jugado a no ser ustedes por un instante? A mí me da por hacerlo de vez en cuando, pues lo siento como una terapia. Claro, debe ser muy de vez en cuando. Se los recomiendo ampliamente. Esto se los digo por lo que me pasó en la semana al acudir a dar una conferencia, más bien charla, a una preparatoria. El motivo de la invitación fue sobre la importancia de fomentar el hábito de la lectura entre los jóvenes. Hablé de otras cosas, menos de libros.

Llegué muy temprano a la cita, una hora antes para ser preciso. Justo ese día no hubo tráfico. Toqué a la puerta del colegio y una maestra me recibió como si llevara esperándome toda la vida. "Qué bueno que llega licenciado, justo a tiempo para iniciar su ponencia", exclamó con alivio. Miren que sí se veía angustiada la mujer. En fin. Jalándome del brazo me llevó hasta el auditorio donde había por lo menos 50 jóvenes con caras de aburrimiento o juegue y juegue con sus celulares. Nos dirigimos hacia una mesa colocada frente a todos los chavos, cogió un micrófono y pidió atención.

"Jóvenes, una disculpa por la demora. El licenciado Garza se retrasó un poco debido al caos vial, pero afortunadamente ya está aquí. Ahora pido a todos ustedes guarden sus cosas y sean respetuosos a la conferencia. Como bien saben el tema de esta ponencia es sobre valores y moral en la sociedad actual, cualquier duda o comentario hasta el final. Puede usted empezar licenciado", soltó la maestra. Ni modo, ya estaba ahí y ni cómo rajarme. Así que fui el licenciado Garza. Bien pude haber dicho que me confundía, pero me atrajo la idea.

De entrada le caí bien a los chavos porque me vieron vestido de jeans, camisa desfajada y chamarra. Debo decirles que no uso traje ni gusto del buen vestir. Como el tema de valores no lo domino y el de moral mucho menos, acudí al fútbol. Comencé por preguntarles a cuántos de ellos les gustaba este deporte. Más de 30 manos levantadas, casi todas de varones. "Ya estuvo", dije en mi mente. La maestra me miró con extrañeza. No la juzgo, no era para menos.

Sabedor de que les gustaba el fútbol me seguí con el tema. Abordé la importancia de contrastar las circunstancias en que ellos y un servidor jugamos al fútbol. A mí me tocó la suerte de poder jugar en la calle o canchas llaneras; los chavos lo hacen en canchas de fútbol rápido o Fut7. Para no dejar de lado a las damitas presentes ahondé en preguntarles cómo se sentían, cómo era su convivencia con los futboleros. Que se sueltan los corajes y traumas familiares. Les permití que interrumpieran a pesar de que la maestra les había dicho que dudas y comentarios hasta el final. Varias de ellas externaron sus molestias con la figura paterna. "En mi casa todavía se aplica esa estupidez de que los domingos son sagrados para el fútbol y tenemos que sentarnos con mi papá a verlo", "Tenemos una sola televisión y mi papá y mis hermanos la expropian para ver puros partidos", "Si no es de fútbol mi papá no habla de otra cosa".

Intercambié con todos y todas experiencias y anécdotas relacionadas al tema en cuestión. Para no hacerles tan largo el cuento duramos una hora en sana convivencia hablando sobre puro fútbol y su relación con la vida diaria. Tuvo que intervenir la maestra advirtiéndome de que el tiempo se había agotado. Me despedí, se despidieron. Si bien no aprendieron nada de valores y moral por lo menos se entretuvieron sin padecer una conferencia que bien pudo haberles generado más traumas.

Me retiré casi a empujones por la maestra, pues le corría el ansia por recibir al licenciado Leonardo. Cuando le digo que yo soy se puso pálida; se lo confirmé con mi credencial de elector. "Pero es que, y luego, no puede ser, ¿y el licenciado Garza?", tartamudeó (o cantinfleó) ante la sorpresa. "No lo sé, ya le explicará su ausencia el señor Garza", respondí.

Con una cara de "me van a correr" me guió nuevamente al auditorio y me presentó como el licenciado Leonardo. Apenada por la situación, la maestra no sabía ni qué hacer. Tomé el micrófono, expliqué a los chavos lo sucedido y aplaudieron. No a mí, sino a ella. ¿Por qué? Sin querer, y ante una bendita confusión, les ahorró una hora de letargo. Le devolvieron el color y yo seguí con la charla sobre fútbol otra hora más. Ya ven, hablé de otras cosas, menos de libros.

Por cierto, me molesta que me digan licenciado. Elías para los cuates.


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elbuenfutbol.com
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