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Calaveritas de azúcar

11/02/2018 19:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando los habitantes de un sitio se niegan a abandonar lo que un día les perteneció. (Relato corto de terror narrado en torno a una fogata)

                                                                                                                                                            Ricardo Rincón Huarota

Mis cuatro abuelos están sepultados en el mismo cementerio. Para ser más preciso, en la misma fosa, uno sobre otro. Es por eso que en Día de Muertos tenemos una gran reunión familiar para visitar la tumba de nuestros ancestros, pero también aprovechamos el encuentro para realizar actividades recreativas.

Coincidió que en noviembre del año pasado recibí la sugerencia de un amigo para ir en esas fechas a una vieja hacienda en Morelos que hoy es hotel. Él era el gerente y me aseguró que toda mi familia la pasaría muy bien ya que la diversión, el descanso y la buena comida de la región estaban garantizados.

Llegamos por la tarde-noche a la extensa propiedad que tenía albercas, áreas de juego y jardines que, extrañamente, lucían desiertos. Ningún empleado salía a nuestro encuentro hasta que se apareció una mujer ya mayor que nos dio la bienvenida. Se identificó como el ama de llaves y sonriente nos dijo que las instalaciones serían para nuestro uso exclusivo debido a que no había más huéspedes.

De inmediato nos instaló en nuestras habitaciones, las cuales quedaban dentro de lo que fue la casa grande de la Hacienda de Beltrán. Más tarde, la señora tocó puerta por puerta para avisar que la cena estaba servida, por lo que nos dimos cita en el rústico comedor, donde saboreamos una rica cecina fresca de Yecapixtla y tlacoyos rellenos de frijol.

Después de la cena, la mujer nos invitó a salir al jardín para prender una fogata y cuando todos estuvimos en torno a la pira, les relaté la historia de las viejas haciendas porfirianas de Morelos, muchas de ellas, como en la que estábamos, se especializaban en la producción de azúcar.

Justo cuando les comentaba que en el estado hubo cerca de 40 haciendas azucareras, repentinamente se escuchó la voz de un anciano: “37 para ser exactos”. Sorprendidos, todos volteamos hacia el lugar de donde provino la voz y vimos a un hombre envuelto en un sarape, agachado, cortando el pasto con unas tijeras. Se incorporó y nos dijo: “Buenas noches, soy Jerónimo, el jardinero, pero todos me llaman Don Jero.

El hombre se acercó a la luz de la fogata y pudimos observar lo ajado de su rostro y lo famélico de su cuerpo. Dijo entonces: “Sí, señores, había 37 haciendas que estaban en manos de 18 familias muy ricas”.

Como si estuviéramos todos bajo un transe hipnótico escuchábamos al anciano que continuó: “el azúcar y sus derivados, como el alcohol de caña y el aguardiente, eran productos muy rentables. Pero todo ese progreso -dijo con lamentación- se acabó cuando los revoltosos derrocaron en 1910 a Don Porfirio”.

Más tarde, la señora tocó puerta por puerta para avisar que la cena estaba servida, por lo que nos dimos cita en el rústico comedor

Su relato fue interrumpido cuando se abrió el portón principal y vimos las luces de un auto. Era mi amigo que iba a supervisar nuestra estancia. Me adelanté para saludarlo y a comentarle sobre el misterioso jardinero que, cuando volteamos hacia la fogata, había desaparecido.

El rostro de mi amigo se descompuso y dijo: “volvió a hacerlo”. Ante mi sorpresa, confesó: “aquí no hay jardinero, se trata de un aparecido, Don Jerónimo Beltrán, el dueño de la Hacienda, quien murió violentamente un siglo antes, junto con su esposa, por defender la propiedad de las fuerzas zapatistas”.

Con lujo de detalle me relató el trágico desenlace de Don Jero, pero me pidió no contar nada pues necesitaba el trabajo y las apariciones estaban ahuyentando a los vacacionistas y al personal del hotel.

Regresé sobresaltado a mi habitación, hilvanando los extraños sucesos ocurridos desde nuestra llegada; pero también con el dilema de contar la inverosímil historia a mi familia o guardar silencio con la esperanza de que no siguieran ocurriendo más hechos sobrenaturales.

A duras penas concilié el sueño, pero de madrugada, me despertó un ruido. Me asomé por la ventana y en la penumbra de la noche vi a Don Jero, de espaldas, que  barría la hojarasca del jardín; en ese momento giró, lentamente comenzó a avanzar hacia mí y a medida que se acercaba podía distinguir su rostro desfigurado y sangrante que terminó azotando en el cristal para decirme: “lárguense de aquí”. De golpe cerré las cortinas y, aterrado, comprendí que teníamos que salir cuanto antes de ese lugar.

Sin embargo, me sorprendió el amanecer buscando la manera de cómo convencer a mis familiares de irnos sin mencionarles lo ocurrido. Me hice el firme propósito de que nunca sabrían que el jardinero era un fantasma y que se me había aparecido de madrugada; pero por sobre todas las cosas, jamás se enterarían de que, la noche anterior, una muerta nos había servido la cena.

 (La ilustración de este texto es de Oliver León)

 SEMBLANZA DEL AUTOR

Ricardo Rincón Huarota. (Ciudad de México, 7 de noviembre de 1963). Arqueólogo especializado en religión prehispánica. Escritor. Ganador del Premio Nacional de Ensayo sobre la Huaxteca (2016), con la obra Presencia de Tlazoltéotl-Ixcuina en la Huaxteca prehispánica, organizado por el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Cultura Federal.

Ha sido investigador en el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Desde julio de 2016 forma parte de la Enciclopedia de la Literatura en México, auspiciada por la Secretaría de Cultura Federal. Autor de diversos artículos especializados entre los que se cuentan: Algunas reflexiones sobre la arqueología y la etnohistoria de Sonora (1992) y Estudio comparativo entre las garantías de seguridad jurídica actuales y la normatividad del Derecho azteca (UNAM-IIJ, 1993). De 1989 a 1994 fue colaborador y coordinador de diversas publicaciones del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, entre las que se cuentan: Nuestra Constitución (1991); Diccionario Histórico y Biográfico de la Revolución Mexicana (1991); Las mujeres en la Revolución Mexicana (Coordinador, 1992); Ricardo Flores Magón. Programa del Partido Liberal y Manifiesto a la Nación (1992). Entre 1998 y 2008 coordinó el Programa de Recorridos Turístico-Culturales de la Ciudad de México, del Gobierno del Distrito Federal. En 2009 incursionó como articulista en las revistas de gastronomía Soy Chef y elgourmet.com. En esta última fue autor de la Columna Bicentenario (2010), que abordó temas de gastronomía y su vinculación con la Independencia y la Revolución. Su cuento Calaveritas de azúcar fue uno de los ganadores del concurso “Escribe un cuento de terror”, convocado en 2012 por la editorial Random House y El mecanismo del miedo. En 2014 el jurado del Concurso “Cuentos de futbol”, lo seleccionó como uno de los ganadores con el relato corto de terror El campeón, antologado en el libro Cuéntame un gol. Cuentos de Futbol, (España, Verbum, 2014) presentado por el autor en mayo de 2014 en Madrid. Dicha antología fue presentada el 5 de diciembre de 2014, en el marco de la FIL de Guadalajara.

A finales de 2014, el relato Agua salada y tierra de panteón fue publicado en la antología Necrópolia. Horror en Día de Muertos (Ed. independiente). Su interés por el patrimonio cultural de la Ciudad de México y la literatura fantástica, lo motivó a escribir Dieciséis Fantasmas. Cuentos de terror de las 16 Delegaciones del Distrito Federal, coedición entre Rosa María Porrúa Ediciones (México, 2015) y Editorial Verbum (España, 2015) Dicho libro fue presentado en el marco de la FIL del Zócalo en octubre de 2015 y en la FIL Guadalajara en diciembre de ese mismo año. En noviembre de 2015, fue uno de los miembros del Jurado del concurso internacional de relato de terror “Cuentos de Fantasmas”, convocado por la Editorial Verbum, y que dio como resultado la antología Palabras en la Niebla. 20 cuentos de fantasmas. (España, Verbum, 2016). En octubre de 2016 presentó Presencia de Tlazoltéotl Ixcuina en la Huaxteca prehispánica, obra ganadora del Premio Nacional de Ensayo sobre la Huaxteca, en el marco de la FIL del Zócalo, y en diciembre del mismo año la citada obra se presentó en la FIL Guadalajara. Actualmente colabora en el periódico virtual GLOBEDIA.

Me asomé por la ventana y en la penumbra de la noche vi a Don Jero, de espaldas, que barría la hojarasca del jardín

 

 


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