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El Camino de Santiago por Navarra

02/08/2021 05:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Texto por Elena Ortega

Fotos por Asier Calderón y Elena Ortega

El fabuloso legado artístico y cultural de Navarra deja latente la importancia que ha tenido esta comunidad a lo largo de la historia. Su ubicación ha marcado la puerta de entrada del Camino de Santiago francés a España, desde los verdes relieves pirenaicos atravesados por ríos hasta las llanuras doradas que se abrazan con viñedos, allá en los límites de La Rioja, donde continúa hasta Santiago. Una ruta que muta a cada paso mostrando la identidad de esta tierra llena de contrastes.

Entre los siglos XI y XVI las vías que llevaban hasta Santiago vivieron un gran auge que culminó en la creación de poblaciones, hospitales, ermitas, monasterios e iglesias para abastecer a los peregrinos, un excelente patrimonio del que podemos disfrutar hoy. El camino renació en la segunda mitad del siglo XX: su declaración como Patrimonio de la Humanidad terminó de impulsar su fama mundial y desde entonces son miles las personas que se lanzan a transitarlo a pie, en bicicleta, a caballo o a vela, ya sea como una vivencia religiosa, espiritual o cultural.

El Camino francés es uno de los más emblemáticos, y adquiere mayor relevancia estos dos años Xacobeos, 2021 y 2022, en los que el trasiego de peregrinos llena de vida las calles empedradas de los municipios que acoge a su paso. Aunque cuenta con varias ramas alternativas, el camino principal hace su entrada por los bosques de los Pirineos, con Roncesvalles como punto de partida en Navarra, donde es imprescindible visitar el Silo de Carlomagno, el Museo-Biblioteca que exhibe el ajedrez de Carlomagno y la Colegiata de Santa María, ligada desde sus orígenes a la corona y que fue hospital de peregrinos. En ella se hallan los restos del rey Sancho?VII el Fuerte.

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Desde Roncesvalles aguardan 750 kilómetros hasta Santiago de Compostela. El camino comienza con un descenso por espesa vegetación entre la que podemos imaginar a personajes mitológicos. Rodeados de robles, hayas y prados que envuelven pueblecitos de casas de piedra con tejados de pico como Burguete, donde se hospedó Hemingway, llegamos a Zubiri, la primera parada en la ruta. Allí podremos ir en busca de una fuente que, según la leyenda, tiene propiedades curativas, y descansar junto al puente de la Rabia, conocido así porque los animales que pasaban por sus arcos se curaban de esta enfermedad.

El murmullo del agua acompaña hasta Pamplona. Es el del río Arga, cruzado por más puentes pétreos. Será el de la Magdalena el que nos permita adentrarnos en la ciudad, tras pasar, unos metros más arriba, bajo la Puerta de Francia (1553). En las animadas calles del casco viejo nos detendremos en la catedral de Santa María, en la popular calle Estafeta y en el ayuntamiento, protagonista del chupinazo el 6 de julio, para después continuar hacia Cizur Menor.

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La extenuante subida a la Sierra del Perdón tiene su recompensa con un mirador a 770 metros de altitud desde el que divisar la cuenca de Pamplona a un lado y el valle de Izarbe al otro. En este punto hubo una ermita y se decía que, al llegar, los peregrinos conseguían el perdón de los pecados. Antes de dejarlo, podremos tomarnos una foto en el monumento al Camino de Santiago (1996), junto a los molinos del primer parque eólico de Navarra.

Los frondosos bosques dan la bienvenida a una vegetación más mediterránea que vaticina un cambio rotundo del paisaje.

La siguiente parada es Puente la Reina, una bonita villa medieval con un sobrio puente románico de siete arcos de medio punto que da nombre al lugar. En el valle de Yerri los campos se tornan dorados. Junto a ellos caminaremos hasta Estella, población situada a unos 20 kilómetros y a la que accederemos por la rúa Curtidores, en la que se aposenta la iglesia del Santo Sepulcro, con una impresionante portada del siglo XIV. Más adelante, el río deja otro puente esencial de un arco y la vida de Estella transcurriendo a los dos márgenes del río Ega.

La última etapa, que enlaza Estella con Viana, en la frontera con La Rioja, se realiza en 40 kilómetros de subidas exigentes, por lo que muchos la dividen en dos partes, haciendo noche en Los Arcos. El municipio posee un elegante casco medieval del que destacan la plaza porticada, la iglesia de Santa María y los antiguos hospitales de peregrinos, convertidos hoy en albergues.

Despidiendo las murallas de Viana, los viñedos se hacen más presentes, marcando el inicio de una tierra hecha por y para el vino desde la que seguiremos caminando por tierras burgalesas, palentinas y leonesas antes de adentrarnos en Galicia.


Sobre esta noticia

Autor:
Sixtojavier (1170 noticias)
Fuente:
revistabinter.com
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1930
Tipo:
Reportaje
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