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Carlos Monsivaís y la Lucha Libre a dos años de su partida

19/06/2012 10:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Carlos Monsivaís./Photo By Alejandro Islas

Texto publicado originalmente en el número 371 de Súper Luchas.

Hemos perdido a Monsiváis. No hay retórica que trascienda la brutalidad de su ausencia.

Sabina Berman

El pasado 19 de junio dejó de existir Carlos Monsiváis. Aún no se cumple un mes, así que podría pensarse que es un cliché llamarlo imprescindible, pero desde hace años sabíamos que lo era, y existía el miedo a perderlo, el mismo miedo que todos tenemos ante la eventual pérdida de los padres. Todo tema concerniente a la vida en México fue abordado por Monsiváis. Por supuesto la lucha libre es uno de ellos. A manera de homenaje, recordamos su participación en un documental español en el que, sin estar previsto por los realizadores, se convirtió en protagonista,

El 6 de junio de 1990, en el canal TVE1, de la cadena Televisión Española, se estrenó Gladiadores en la arena mexicana, del director Pascual Cervera. El filme, comisionado ex profeso por la televisora ibérica, se realizó en México después de un amplio periodo de investigación. En él podemos revivir lo que era la lucha mexicana en el periodo previo al boom de los noventas. El argumento original se sostendría en la correspondencia entre don Carlos Suárez, manejador de Santo, con un ignoto amigo español, pero la presencia del escritor Carlos Monsiváis hizo obligado un cambio de rumbo. Sin guión de por medio, Monsiváis improvisó convirtiéndose no en entrevistado, sino en anfitrión. Gladiadores en la arena mexicana se volvió un importante documento sobre la lucha libre, el cual, lamentablemente, permanece en la oscuridad, y aún en Internet es difícil encontrar la mínima información sobre él. Hace una década, cuando laboraba en otra revista, conocí a Saúl Gómez, quien se desempeñaba como fotógrafo y había aparecido en varias escenas del documental siendo un niño, entrenando con Blue Demon y manteniendo la esperanza de, al crecer, convertirse en estrella de la lucha. En ese entonces, Saúl me proporcionó una copia del video, que guarda un invaluable testimonio del pensamiento de Carlos Monsiváis con respecto al pancracio nacional, quien se define a sí mismo como ‘Periodista, escritor y tímido, aunque tenaz, aficionado a la lucha libre’.

Éstas son algunas de las reflexiones de Monsiváis que aparecen en el documental:

(A Carlos Suárez): Si lo interrumpí, fue para coincidir y añadir. Creo yo que a lo que dice de las volteretas y esta suprema composición, hay que añadir lo que me parece determinante: las máscaras, que es un género expresivo y fantástico del más alto orden, tanto que no me extrañaría ver de pronto una exposición de máscaras en el Palacio de Bellas Artes o en el Museo Nacional de las Artes.

Las llaves y las contrallaves son importantes, pero de lo que estoy seguro es que librados nada más al rostro humano, la variedad de la lucha libre sería mucho menos expresiva.

El culto por las máscaras en la lucha libre y en la cultura popular ha ido en aumento. En los años cincuentas eran dos o tres luchadores muy famosos: El Santo, Blue Demon y el Médico Asesino, pero después, ya para los años setentas, su uso se masificó, y yo creo que en este momento podemos decir conservadoramente que de haber cuatro mil luchadores en la república mexicana, dos mil ochocientos usarían máscara. Esto puede deberse a razones sociológicas o a razones estéticas, de la preferencia de la máscara al rostro natural, de razones freudianas o de otra índole, pero sobre todo tiene que ver con la construcción total de la lucha libre como un fenómeno eminentemente teatral. La máscara hace las veces de un recurso teatral óptimo; es al mismo tiempo intimidadora y divertida, amenazante y jocosa, se presta a las complicidades del espectador, le permite figurarse qué clase de rostros anidarán tras esas telas, se presta a la imaginación de sastres o familiares. A las razones que yo propongo para el uso masivo de la máscara, seguramente se opondrán los luchadores, a quienes no les queda de ningún modo reconocer el carácter esencialmente dramático del espectáculo, al margen de todo lo que haya de resistencia física, de capacidad deportiva.

Tras una serie de testimonios de gladiadores, aparece Monsiváis con la máscara de El Fantasma. Antes de quitársela afirma:

Yo uso la máscara porque soy académico de la lengua, y no quiero que se escuchen las impropiedades y barbarismos que vivo en el ring.

El uso de la máscara se empezó a extender en México a partir de los años treintas, a imitación de la lucha de los Estados Unidos, del wrestling, y hoy es ya un lugar común. Seguramente en el origen estaban el hombre de la máscara de hierro, el fantasma de la ópera o cualquiera de los arquetipos del rostro superpuesto, del rostro fantástico, que aterra, exorciza, intimida, pero después se ha convertido en la idea del rostro deseable, del rostro que cualquiera hubiese querido tener, y gracias a eso se ha extendido de una manera tan extraordinaria.

Ya es un lugar común decir que gran parte del sentido de la lucha libre es el teatro, pero siempre hace falta afirmar que los actores más entusiastas no son los luchadores, sino los espectadores. Creo que al entrar a la arena no sólo suspenden su incredulidad, sino también dejan afuera las inhibiciones y son violentos, arrojados, decididos, malhablados. En otras palabras, cambian absolutamente su personalidad, y cuando salen de la arena, recuperan la propia, que también puede ser, pero no necesariamente, violenta, arrojada, decidida y malhablada. Hay un contagio colectivo que vuelve a toda la arena una sola persona, tan agresiva como jamás se concibe.

Por otra parte, esta relación del espectador con el luchador, esta vivencia que se nutre con la catarsis, permite su aprovechamiento político. La oposición, por ejemplo, ha creado un personaje, Súper Barrio, que se presenta como uno de los defensores de las causas populares.

El público para revistas y cómics dedicados a la lucha libre es sin duda veinte o cincuenta veces más amplio que el que va a las arenas. No encuentro una explicación muy convincente; uno puede decir siempre que es el imaginario colectivo que ahí se satisface, pero es una explicación un tanto abstracta. Quizá lo mejor sea decir que el sentido de la aventura se compensa muchísimo con el mundo de la lucha libre, y que hay algo que tiene que ver con el gusto por el vestuario que exige esos cromos chillones, esos colores realmente estrepitosos de las revistas. Lo cierto es que es una industria en pleno florecimiento que no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado mucho en los años recientes, y uno puede decir sin mentira alguna, que podrá no haber lucha libre, pero siempre habrá lectores para temas relacionados con la lucha libre.

Los resultados en la lucha libre son siempre anticlimáticos. Sólo en la lucha libre el bien se enfrenta al mal en igualdad de condiciones. Lanzando una frase tan parroquial, no me queda más remedio que despedirme.

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Sobre esta noticia

Autor:
Superluchas (1942 noticias)
Fuente:
superluchas.net
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353
Tipo:
Reportaje
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Distribución gratuita
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