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Castro Trenti, entre la Gloria terrenal y el Infierno electoral… y viceversa

13/07/2013 04:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El batidillo en el que devino el proceso electoral por la gubernatura, 25 diputaciones y cinco alcaldías de Baja California, llevó al PRI, en cuestión de horas, de la Gloria propia del triunfalismo exacerbado al Infierno en la Tierra

El batidillo en el que devino el proceso electoral por la gubernatura, 25 diputaciones y cinco alcaldías de Baja California, llevó al PRI, en cuestión de horas, de la Gloria propia del triunfalismo exacerbado al Infierno en la Tierra, marcado por la exigencia del “voto por voto, casilla por casilla”, dejando a sus dirigencias, tanto a nivel nacional como estatal y a Fernando Castro Trenti, navegando en los mares de la incongruencia y el ridículo.

Vueltas que da la vida, en la elección bajacaliforniana, el PRI hizo exactamente lo mismo que criticara en la elección federal de 2006: intentar ganar en el recuento de sufragios, lo que, afirmaban panistas y perredistas, los priístas no supieron o no pudieron ganar en las urnas, situación que dejó muy mal parado al Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Baja California, institución hoy hundida en el desprestigio.

Más allá de si era justa o no la exigencia de Castro Trenti, el candidato priísta derrotado por Francisco Vega en los comicios del 7 de julio, la belicosidad con la que Nancy Sánchez, presidenta del PRI bajacaliforniano, salió a defender un presunto triunfo cacareado desde antes de que cerraran las casillas, deja ver la poca memoria histórica de los priístas, marcada por ese cínico descaro que les es tan propio.

Si bien ante las anomalías encontradas en paquetes electorales, lo que eventualmente se requería para limpiar la elección, era el recuento de votos, que la alta burocracia del PRI saliera a decir que su decisión de impugnar el proceso se daba porque les interesa defender la democracia, solamente los deja en evidencia, cuando hace justamente un año, eran los más férreos opositores a transparentar la victoria de Peña Nieto.

En aras de la congruencia que debiera prevalecer en el escenario nacional, de cara a la grave crisis de credibilidad que impregna a la clase política mexicana, queda claro que cualquiera que presuma de demócrata, debe serlo en la victoria y en la derrota, dos rubros en los que el PRI está muy lejos de actuar bajo la misma sintonía, siendo la selección de su candidato a la gubernatura, el mejor ejemplo de ello.

En este sentido, antes de empezar a echar culpas a diestra y siniestra, buscando en el exterior a los causantes de la derrota tricolor, calificando como Elección de Estado al pasado proceso electoral, primero debieran abolir su desmemoria y recordar que fueron ellos, los priístas, los que prácticamente organizaron las elecciones, con Rubén Castro Bojórquez al frente del IEPCBC, de ahí que los errores que se presentaron antes, durante y después del 7 de julio, traigan la marca del PRI.

La realidad es esa y no asumirla es dar vueltas en círculo, quedando sus quejas y reclamaciones sobre el proceso electoral, como la mejor evidencia de que a la coalición Compromiso por Baja California, se le hizo bolas el engrudo, mientras la simulación y el auto engaño, además de la antidemocracia partidaria, aspectos básicos en toda derrota, se apuntan para seguir reinando en el Partido Revolucionario Institucional.

Y es que cuando creíamos que ya lo habíamos visto y escuchado todo, vino el Nuevo PRI a decirnos que la elección del futuro gobernador de Baja California, fue fraudulenta, con una “caída del sistema” muy sui generis, una vil y clara estafa electoral en contra del sufragio efectivo y que, por lo tanto, urgía, en principio, recurrir al voto por voto para aclarar lo turbio y luego, de comprobarse el truco empleado por panistas, perredistas, panalistas y pebecistas, obrar en consecuencia, dándole la victoria a FCT o reponer la elección.

¿La coalición Unidos por BC robó al ladrón de elecciones más especializado de este planeta? Ni Franz Kafka, el Maestro de lo absurdo, habría pensado en un escenario donde “chamaquean” al tahúr de tahúres, de ahí que resulte increíble que lo digan en el PRI, cuando además de su amplia experiencia en temas ad hoc, estaban estratégicamente ubicados al interior del IEPCBC, desde donde podían, lo mismo amañar el proceso a favor de FCT que impedir que el PAN, PRD, Panal y PEBC, hicieran lo propio en beneficio de Kiko Vega.

¿Es el PRI de BC un ejemplo contemporáneo del “Cazador Cazado”, aún teniendo en sus manos la operatividad del IEPCBC? Difícilmente, sobre todo porque se trata de un partido que en el 2012 supo operar de manera impecablemente sucia, la imposición presidencial de Enrique Peña Nieto, ejercicio antidemocrático que ubicó al Partido Revolucionario Institucional como un muy duro hueso de roer, mismo que deberá esperar otros seis años para volver a participar.

¿Por qué se perdió la gubernatura, si el IEPCBC, con Rubén Castro Bojórquez a la cabeza, está cooptado por el PRI? Quizás confiaron demasiado en sus escenarios positivos y se olvidaron del voto cruzado por el Factor Hank Rhon, además del enorme crecimiento mediático del “golpeador” priísta de bolsillo, Felipe Ruanova y sus 42 mil sufragios, amén del probable hartazgo causado por las “encuestas telefónicas sesgadas” y las encuestas de salida (en las que, obvio, no es obligatorio decir la verdad), de donde los operadores de FCT, seguramente sacaron falsas tendencias a su favor, resultando todo esto en un coctel para el desastre electoral.

Sea cual sea la razón de la ya tradicional derrota priísta por la gubernatura, el escenario político bajacaliforniano vuelve al origen, 1989, cuando la exigencia de cambio buscaba darle sentido al desorden heredado por las administraciones de Roberto de la Madrid Romandía, Xicoténcatl Leyva Mortera y Oscar Baylón Chacón, principalmente, modelos de gobierno que está claro, no le interesaron al 19% de los electores, de un gran total de 39% que decidieron sufragar el pasado 7 de julio.

Y sin embargo, que haya triunfado la coalición formada por el PAN, el PRD, el PEBC y el Panal, al recibir el 16% de votos emitidos por los poco más de 833 mil electores que acudieron a las urnas, contra el 15% de Compromiso por Baja California, tampoco es un cheque en blanco para Kiko Vega, pues antes habría que interpretar correctamente el mutismo político del 61% de los electores bajacalifornianos, esos que decidieron quedarse en casa, integrados en el ejército abstencionista, lo cual sería prueba de que el modelo panista de gobierno los tiene muy contentos y seguros del triunfo blanquiazul o, por el contrario, muy descontentos, aunque impasibles.


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Roberto Díaz Ramírez (122 noticias)
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