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Catolicismo vivo y atractivo

02/06/2010 10:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿Qué ha pasado con el catolicismo mexicano? ¿En qué estado se encuentra? ¿Es vivo y atractivo?

mujer

Sursum Corda / 2 de junio.- En el transporte público se ven muchas cosas. Una vez una chica ponía un empeño singular al maquillarse, usando un espejo de bolso se esmeraba por verse atractiva y presentable; mi curiosidad hizo que la vista se desviara hacia la parte inferior del espejo de donde colgaba una pequeña leyenda impresa en color azul: “eres especial, única e irrepetible”. Inmediatamente pensé: “O el ego de esta mujer está supra valorado o bien hay una crisis seria de autoestima”.

Inmediatamente, mientras veía cómo la chica seguía en su maquillaje, surgió otra cuestión: “¿Cuál sería la historia de esa mujer?” Tal vez, conjeturando, una vida insatisfecha, alguna separación, el divorcio, depresiones o, por el contrario y por qué no, una vida de éxito profesional que le hace demostrar su optimismo por la vida al ser única y especial.

Mi pensamiento voló hacia otras personas que he conocido y, lamentablemente, han sufrido mucho y quieren ser escuchadas solamente. El sentido de su existencia está desorientado, no hay por qué vivir, no tiene caso seguir adelante, nada hay en el futuro. Confundidas y desilusionadas no hablan de otra cosa que del sufrimiento. Su semblante y su capacidad física arrojan a la luz esas carencias emocionales que se reflejan en la mirada y en el cuerpo entero.

Muchos tienen anhelo de Dios. La crisis existencial en la que pueden vivir requiere de una atención particular que les permita salir adelante y, desafortunadamente, los medios de comunicación y pseudo líderes religiosos y de opinión han hecho de terapeutas al ofrecer cursos de superación personal, pláticas, grupos de ayuda mutua, métodos de meditación y conocimiento propio que, no en pocas ocasiones, tienen como requisito el desembolso de buenas cantidades de dinero. En la época de la nueva era, pseudomística y cuasirreligión se arrojan a un mercado cuyos principales clientes son los sujetos en crisis. La clave del éxito es la religiosidad del confort que se contrapone a la antigua pretensión de las Iglesias históricas: el dolor y la expiación para llegar a la redención. Y el punto es que la mayoría de estas personas necesitadas nacieron, crecieron y se formaron en el catolicismo que ve, tal vez con preocupación pero sin muchas ganas de actuar, cómo los bautizados se marchan porque, sencillamente, no se les escucha, atiende y comprende.

La Iglesia católica mexicana presume y jacta de ser la segunda más grande a nivel mundial. Todavía a finales de los noventa, México era el baluarte del catolicismo global. De aquí saldrían los misioneros que darían el impulso vital y necesario a la Nueva Evangelización en el tercer milenio de la era cristiana, desde esta nación se levantaría la columna católica para instaurar un nuevo orden, el de la cultura de la vida. Sin embargo, este país no está bien. Estamos enfermos y tristes, desesperanzados y pesimistas. ¿Dónde está el catolicismo?

Estoy convencido, y este es mi acto de fe, del mensaje de Cristo y del depósito de esta tradición cristiana que posee la Iglesia. La fe madura requiere, por encima de los rasgos humanos de la institución, la convicción íntima de que el mensaje del Evangelio está vivo, que es motivo de esperanza y de paz, pero no todos son capaces de caminar o hablar como adultos porque viven en la fe de los niños que necesita ser formada. Contrasta en este México piadoso y de devociones, la arreligiosidad y el ateísmo. Cada 28 de mes, la imagen del apóstol Judas Tadeo pasea en las calles para ser llevado a San Hipólito, el templo antiguo que se levantó sobre las ruinas del imperio azteca. El 12 de diciembre, la Basílica de Guadalupe está abarrotada, millones y millones llegan al encuentro de la Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive y las cosas siguen igual, siendo evidente el estado de pecado social cuando la corrupción permea en las estructuras políticas, instituciones y en la vida personal.

En la época de la nueva era, pseudomística y cuasirreligión se arrojan a un mercado cuyos principales clientes son los sujetos en crisis

¿Qué ha pasado con el catolicismo mexicano? ¿En qué estado se encuentra? ¿Es vivo y atractivo? Juan Sandoval Íñiguez, cardenal arzobispo de Guadalajara, señalaba una cosa tremenda sobre la identidad mexicana y el caso Maciel. En el fondo habría que preguntarse qué tanto el ser mexicano tiene esta parte del fundador de los Legionarios de Cristo: la doble moral. Nos hemos atorado y parecemos anquilosados en el ritualismo, la superstición, la justificación del pecado y en el escepticismo, y que el cristianismo nada tiene que hacer en la calles, que el catolicismo es cosa de los domingos y nada más.

Desde mi punto de vista hay dos factores que influyen para que el catolicismo no sorprenda. Primero, en los pastores. Siempre hay excepciones, pero la regla es perfilar a los curas hacia un burocratismo religioso. Insensible a la realidad, el cura promedio se conformaría con las celebraciones y ceremonias que le generen las ganancias que sostengan a las parroquias y pagar los sueldos. Poco a poco, la opción hecha libremente se convierte en carga; nadie da lo que no tiene y el catolicismo aparece, desde los pastores, como una forma del cristianismo que más que liberar, impone; que más que redimir, condena. Cansados y desconcertados, los curas observan y se preguntan si ha valido la pena haber sido ordenados en un país cristiano cuando hay una disociación de la propuesta católica con la realidad. El cura mexicano sigue siendo el paradigma y referencia para muchos que necesitan guía y consuelo; pero él mismo tiene vicios arraigados que petrifican al catolicismo: es el hombre-dios quien tiene la última palabra, el que absuelve y condena, a quien no se le puede cuestionar y su vida y asuntos personales no incumben a los demás a pesar de ser un hombre público y de fe. En muchos curas mexicanos, el catolicismo se ha convertido en sinónimo de poder, politiquería y anhelo por los fueros perdidos hace mucho tiempo, cuando la religión fue perseguida hasta la muerte.

Por otro lado, los fieles. Es evidente la fractura que hay en la fe que forma dos cauces; por un lado los clérigos y por otro, los laicos que todavía creemos que somos la tropa de los ordenados. Aunque se asoma una delegación tímida de responsabilidades en la dirección de organizaciones diocesanas, los laicos todavía no pueden asumir los roles encargados a la jerarquía. Nuestras vicarias de laicos son conducidas por curas; los agentes comprometidos reclaman, cada vez más, la carencia de una coordinación y diálogo franco y sincero con los ministros responsables y se tiende a clericalizar en lugar de promover y apoyar el sacerdocio común a todos los bautizados.

Y lo más grave, a mi parecer, es que los laicos hemos perdido el estupor por el mensaje que guarda el catolicismo, el del resucitado que dio una vida nueva, liberándonos de las antiguas cadenas de la esclavitud. No hemos hecho del cristianismo una opción de vida convirtiéndolo en un ritualismo supersticioso que sólo se asoma cuando hay algún evento importante o una urgencia en nuestras vidas, de ahí que vivamos en esta sociedad que, en lugar de anunciar con alegría el misterio pascual, camina por el sinsentido de una religión que no agrada y que es extraña.

“Soy especial, única e irrepetible”. Ese mensaje tiene mucho en común con el catolicismo; cuando fui catequizado, me enseñaron que esas características las tuve desde mi bautismo y confirmación. Hijos de Dios, hermanos de Cristo, templos vivos del Espíritu Santo en una fe que libera y da la esperanza de la vida nueva y eterna. En su esencia, el catolicismo es vivo y eficaz, capaz de transformar y levantar; pero en la sociedad mexicana, la cara de la Iglesia aparece arrugada y desmaquillada. Cada día muchos se van de la Iglesia y lo peor es que otros permanecen en Ella indiferentes, pasivos y melancólicos; tristes y apáticos. Tendremos que activarnos y dejar a un lado el burocratismo que ha impreso ambiciosos programas y planes de pastoral que sólo se quedan en el papel para que en estos tiempos que transcurren, la Iglesia no pierda a las generaciones que ahora viven en la desesperanza. Ya ha pasado, la historia lo ha enseñado.

Sursum Corda. El blog de Guillermo Gazanini Espinoza

http://blogs.periodistadigital.com/sursumcorda.php


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