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Causa furor muestra interactiva de “Las Meninas”, de Diego Velázquez

05/06/2011 06:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La exhibición de una de las máximas obras de la pintura universal, “Las Meninas” (1656), del pintor sevillano Diego Velázquez, quien nació el 6 de junio de 1599, es uno de los grandes atractivos del proyecto Museo vivo en las calles de Córdoba, con el que se promueve la candidatura de esta ciudad para ser en 2016 la capital europea de la cultura. La iniciativa de la Fundación Cajasur permite que en la Cuesta del Bailío, “Las Meninas” inviten a los cordobeses a conocer sus secretos de la mano de uno de los personajes de la misma pintura, tal es el caso de José Nieto Velázquez, quien sale del cuadro para explicar de forma amena e interactiva, los enigmas de uno de los cuadros más emblemáticos de Velázquez. Ello hace única esta exposición en España, tal y como sucedió con la técnica que empleó Diego Velázquez en sus obras, en las que destacó su estilo naturalista de iluminación tenebrista, por las influencias que tuvo de Caravaggio. Su formación se dio en la Sevilla del siglo XVII, que en ese entonces figuraba como una de las ciudades más ricas y pobladas de España, en donde confluía un sinnúmero de personas de todo el mundo, incluidos comerciantes flamencos e italianos. Según sus biógrafos, fue en el taller del pintor Francisco Herrera donde comenzó a interesarse por la pintura, pese al paso efímero que tuvo en ese lugar. Posteriormente se incorporó al taller de Francisco Pacheco, con quien adquirió su primera formación técnica y sus ideas estéticas. El amplio bagaje cultural de Pacheco fue imprescindible para que Velázquez se forjara en un ambiente más sólido. Para los conocedores de la obra de Velázquez, la trascendencia de haber sido aprendiz de Pacheco, radicó en que éste le enseñó “la libertad de la mano”, forma de pintar vista en El Greco (1540-1614), y que le sirvió para encontrar su propio estilo, que más tarde depuró en su estancia en Madrid. Después de servir como prototipo y ayudar en las mezclas de la pintura, en 1617 se incorporó al gremio de pintores de Sevilla, con lo que adquirió licencia para ejercer como maestro de imaginería y al óleo. Sus primera obra la realizó entre los 18 y 19 años, siendo ésta “Vieja friendo huevos” (1618), pintura que en técnica fue algo inédito, puesto que no existía en Sevilla algo similar, con los cuadros de género bodegón, producto de la reconocida pintura flamenca. En este tenor, su estilo se enmarcó en la imitación de la naturaleza, en la que a través de sus trazos logró la representación del relieve y de las calidades, en las que sobresalió el claroscuro, acentuando los volúmenes de los objetos, con un fuerte destello de luz. Los temas principales de su obra, aunque se centró en la naturaleza, destacó la religión por lo que se fijó en pinturas, como “La inmaculada Concepción”, “San Juan en Patmos” (Bosco, 1489), “Adoración de los Magos” (Boticelli, 1475); resultando de ello, “Cristo en casa en Marta y María” (1619), y otras que destacan su aspecto devoto. Por su calidad en la forma de pintar, rápido obtuvo el reconocimiento de la corte, por lo cual fue favorecido por el monarca Felipe IV y posteriormente por Juan de Fonseca, a quien conoció por la relación que sostuvo con el duque de Olivares. Ello le permitió viajar a Madrid, donde visitó las colecciones de pintura de los maestros visuales que en esa época preponderaban. Otra de las naciones que visitó fue Italia, para continuar aprendiendo. Así, por dos años de salario, Velázquez marchó a tierra romana, en donde estudió a los maestros del barroco. Entre ellos figuraron Pietro da Cortona, Andrea Sacchi, Nicolas Poussin, Claudio de Lorena y Gian Lorenzo Bernini. El conocimiento de estos pintores se observó en “La fragua de Vulcano” (1630) y “La túnica de José” (1629-1631), lienzos que realizó por encargo. En Roma tuvo oportunidad de pintar dos pinturas paisajistas, “La entrada a la gruta” y “El Pabellón de Cleopatra-Ariadna”. No obstante haber pisado Italia, su madurez como pintor llegó en Madrid, a los 32 años. En la capital española retomó, en 1631, su labor como retratista, género en el que destacó con una amplia producción. Pintó un “Retrato del príncipe Baltasar Carlos” (1632), que derivó del retrato de “El príncipe Baltasar Carlos con un enano” (1631), que representó el inició de una nueva técnica de Velázquez. Luego de haber tenido una segunda travesía por Italia en 1649, regresó a Madrid para consolidar su nombre y alcanzar su esplendor como pintor, labor que compartió con la administración, al ocupar cargos importantes en la regencia española, en 1651. Las obras que destacan de este periodo son “La fábula de Aracné” (1658), más conocida como “Las hilanderas” y “La familia de Felipe IV” o “Las meninas” (1656), en ambas se aprecia, según los conocedores, lo que es su último estilo, en donde parece representar la escena mediante una visión fugaz, a través del uso de pinceladas atrevidas que de cerca parecen inconexas. Con ello se anticipó a Manet y a los impresionistas del siglo XIX, en quienes influyó su estilo, que no sólo abarcó la pintura, sino también el dibujo, aunque su producción es mínima en comparación con la de sus cuadros. Diego Velázquez murió en la capital española, el 6 de agosto de 1660, dejando un legado que consta de más de 120 obras, entre retratos, pinturas y algunos dibujos.


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