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Cautiva el circo mexicano “Montecarlo” al público peruano

19/08/2011 01:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La tarde estaba impecablemente vestida de gris con un viento que “surfeaba”, desde la costa, la imponente lona azul del mexicano “Circo de las Estrellas “Montecarlo”, recubierta con una lluvia de luces amarillas. Óscar Coronel, su director artístico, lucía nervioso. Iba de un lado a otro, vestido con traje charro mexicano. Los niños corrían, se atropellaban y buscaban afanosamente sus asientos para volcar luego sus energías en potentes gritos. Un cuarto de siglo habría de transcurrir para que Óscar Coronel cristalizara su sueño: tener su propio circo, su espectáculo con malabaristas, payasos y motociclistas que se juegan todos los días la vida en el péndulo y el globo de la “muerte”. “Quise probar suerte y me separé de mi casa inicial: el circo de los `Hermanos Fuentes Gasca´ y comenzamos así, con mi padre, mi hermano y un socio, con un circo pequeño que hoy es grande y con el cual recorremos Centroamérica, México, Ecuador, Bolivia, Perú y Chile”, indicó, en entrevista con Notimex. Aquí no hay domadores de leones o tigres, ni elefantes, monos, pero sí mucha creatividad, música mexicana, mariachis, bailes norteños, payasos, acróbatas, hermosas mujeres y jóvenes dispuestos a entregar todo frente al respetable. En el interior de la carpa todo es ordenado: las redes para que eviten accidentes a los artistas, las pistas, las luces están sincronizadas e incluso se respira la paz suficiente que ha permitido que algunas palomas aniden, temporalmente, en lo alto. “El Montecarlo” tiene una sola una pista pero hay mucha pasión y es suficiente para desplegar su espectáculo atractivo donde desfilan artistas que danzan, zapatean y le sacan brillo al escenario a punta de taconazos o bailando música norteña mexicana. A la entrada se escucha en unas bocinas la potente voz del cantante Pedro Fernández y su tema “Me encantas”. El estribillo: “Me gusta como bailas como te mueves/ Me gusta como besas cuando te atreves”, se escucha en la fila antes de ingresar al circo. Fernández quedaría media hora después en el olvido frente a la acrobacia de jóvenes mexicanos y colombianos que surcan por los aires, de extremo a extremo, en una constante danza con la muerte pues un error de cálculo y caen desde unos 20 metros. Un equilibrista colombiano salta a una joven que permanece inmóvil en la cuerda de fierro, a unos diez metros de altura y todos los asistentes piensan, en determinado momento, que los dos se vendrán abajo. Le ponen emoción y arrancan aplausos. El circo es una especie de graffiti, que demarca su territorio con cosas novedosas, donde destaca el amigo de los niños, “Pirulito”, un payaso que lo mismo hace bromas, se enoja, se le caen los amplios pantalones y hace acrobacia. Él es el rey de la noche. Un grupo de jóvenes, con el payaso incluido, se suben al “péndulo de la muerte” y “Pirulito” se quita los grandes zapatos y se calza unos deportivos para poder sostenerse dentro y luego en la parte posterior de ese artefacto que va de un lado a otro. Finge llorar. El director artístico del circo mexicano, Óscar Coronel, asegura que los 35 malabaristas, payasos, motociclistas y contorsionistas, se entrenan diariamente pero admite que, en ocasiones, hay accidentes. La magia del circo no ha sido sepultada por el Internet o el cine “3D”, asegura este hombre que dice que nació y morirá dentro del circo. “Mi papá era un chamaco que se escapó de la casa y entró al circo y aquí se casó, tuvo sus hijos y se desarrolló. Por eso amamos el circo”, indicó. Los niños que participan de este espectáculo tienen un profesor que les enseña las materias habituales de todo colegio, de cualquier país del mundo y luego son sometidos a evaluaciones para continuar alguna carrera. Los más grandes participan en otra parte del espectáculo, el llamado “Globo de la muerte”, donde cinco motociclistas hacen malabares y corren a gran velocidad. Pero hay riesgos; el propio director artístico se quebró en un espectáculo la clavícula y el brazo. A pesar de ello quienes hoy forman parte del show ensayan mucho y tienen nervios de acero y montan máquinas bien afinadas. Los artistas circenses se ganaron el aplauso de miles de peruanos de la zona norte de Lima quienes pagaron entre 17 y 25 dólares para ver el espectáculo de esta tropa que va tomando por asalto los pueblos, las calles y se va metiendo al corazón de la gente. En Perú está vetado el uso de animales para los espectáculos lo que lleva a los artistas a redoblar esfuerzos si es que quieren seguir vigentes en un mundo tan cambiante, que busca cotidianamente nuevas formas de entretenimiento. “El chiste está en realizar espectáculos bien estructurados, llamativos y convincentes si no se pierde al público”, reconoce el director artístico. En tono nostálgico y mientras el frío y la humedad comienza a calar dentro de la carpa, Coronel dice que con su grupo o familia, como él la llama, se irá en los próximos días a Chile a recorrer un nuevo sol frente al mar.


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