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Celebra 50 representaciones la “¡Soldadera¡” de Miguel Sabido

28/03/2012 00:46 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La obra “¡Soldadera!”, escrita y dirigida por Miguel Sabido, con la actuación de Lisbi Cuéllar, celebró anoche sus 50 representaciones y fin de temporada con la develación de una placa a cargo de la actriz Jacqueline Andere y del director escénico José Solé, en el Teatro Helénico de esta ciudad. “Es admirable el talento de Miguel Sabido, y quiero decirte que siempre nos sorprendes, pero de verdad, cada vez lo haces, (por eso) deseo pedirte una cosa delante de tu público, amigos y de la gente que tu quieres, a nombre de todos ellos, no te retires del teatro, mejor di voy a pensarlo, prometido?”, le pidió la reconocida actriz de cine y televisión. A lo que el maestro Sabido, dijo que sí, que lo va a pensar, al momento en que todo el público que llenó el teatro gritó y ovacionó la respuesta del afamado director y dramaturgo. La puesta en escena, que protagonizó primero la actriz Martha Zavaleta, quien asistió y recibió un trofeo de manos de Miguel Sabido, estuvo a cargo de Lisbi Cuéllar, quien dio vida a una soldadera de la Revolución. En medio de una escenografía sustentada en imágenes de Francisco Villa, Emiliano Zapata y Porfirio Díaz, entre otros, soldaderas y soldados, ricos aristócratas y el emblemático tren revolucionario como un ente protagónico, se desarrolló el monólogo. El trabajo unipersonal está basado en los acontecimientos revolucionarios en México. Una mujer, a bordo de un tren, recorre el país y narra los terribles sucesos que realizaron los hacendados y las tropas villistas, dando una visión femenina del suceso. El tren se llama “Leyes de Indias”, nombre que alude a las leyes promulgadas por Carlos V y que establecieron una república de indígenas y otra de españoles. En este periodo de la Revolución Mexicana, en apariencia, desaparecieron dichas leyes, pero hoy en día quedan espectros de las mismas. La puesta en escena “Soldadera” es una metáfora sobre México, espacio territorial y social que, después de cinco siglos logró liberarse para preguntarse por qué de la Revolución y cuál fue su logro. A través de la visión del personaje central, se conocen otras mujeres con diferente carácter y sentimientos que contrastan o coinciden para mostrar un amplio abanico femenino, desde las indígenas y las mujeres de hacendados, hasta las intelectuales, lo que ofrece al público una nueva visión de los hechos, mediante un lenguaje que en ocasiones recurre con palabras altisonantes. Es por lo anterior que sobre el pequeño escenario, el espectador ve a la más humilde soldadera a bordo del tren y desde él, esa mujer ve la revolución de Villa, en el norte, y toma parte en ella. Después participa en la lucha de Zapata y luego hace un juicio contra la “Revolución vendida”. Entonces ya abordo del tren, ella es víctima de abusos sexuales y sufre la más inhumana de las incomodidades y todo tipo de insalubridad. Es ahí cuando sus recuerdos llegan a ella. Evoca las injusticias sociales, la discriminación racial, los golpes y la muerte de su hermana pequeña en la hacienda donde vivió. También recuerda al sacerdote y su proceder cuando decía entenderlo todo o hacer como que todo lo entendía. Por su mente desfila el patrón, quien abusó de ella siendo apenas una joven, y su novio, quien la abandonó al no soportar la vergüenza de ver a su novia mancillada ante la burla del pueblo. Basada en hechos reales, la obra está documentada en experiencias del autor para crear una metáfora que invita a la reflexión.


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