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Celebran huicholes la vida con rito especial a los muertos

01/11/2012 06:21 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La mayoría de las culturas indígenas en el país destina el 2 de noviembre para honrar a sus muertos, sin embargo, la de los wixárika, o huicholes, es una de las etnias que sobre todo celebra la vida, aunque cuando uno de sus nativos muere, existe un rito especial. De acuerdo con el gobernador huichol y diputado local José Santos Rentería, este grupo mayoritario en Tepic y la mayor parte de Nayarit, denominado también wirrárika, no tienen en su calendario de costumbres y tradiciones, uno relacionado con el Día de Muertos, porque ellos, dijo, celebran la vida. Sin embargo, "cuando alguien muere, la familia se reune después, antes de los 10 días, con la intención de preguntar a los dioses que se llevaron al difunto, por qué falleció la persona", resaltó el entrevistado. La ceremonia dura toda una noche, y es encabezada por el mara'akame, o chamán, quien "durante sus plegarias se comunica con la persona fallecida y se entera de lo que le sucedió y porqué le sucedió", reveló. Durante el ritual, el difunto "se ve momentáneamente en otro espacio, en otro lugar, que nunca imaginó en la vida" y se los describe a sus familiares a través del mara'akame. Santos Rentería señaló que en ocasiones, algunos difuntos se oponen a venir, "o no quieren que se les moleste, no quieren que se les hable" y para conseguirlo, la familia tiene que esforzarse. “Deben prender velas, hacer muchos ritos y ofrendas para que el muerto acceda a comunicarse con ellos y darles detalles, desde la muerte”, comentó. Aclaró que la cultura huichol no tiene un festejo para el otoño; aunque en septiembre u octubre se realiza la Fiesta del Tambor o Yuimakuaxa, donde se agradecen los frutos de la tierra, como son las calabazas, los pepinos, el elote y la caña, entre otros. Además de que se realiza el primer viaje imaginario de los niños a Wirikuta. Sobre esta celebración, el presidente de la Fundación para la Defensa Wixárika de Nayarit, Braulio Muñóz Hernández, explicó que es un ritual para dar gracias a su deidad Tatéi Haramara, "Nuestra madre, el mar". En esta celebración se sacrifica a una res y se caza un venado, además de que se llevan ofrendas a los lugares sagrados, en Haramara, a Hanaki, a Âitsarie o a Tsakaimuta. Braulio Muñoz explicó que los padres de los niños, fijan una fecha para ir de cacería y traer sangre de venado para cuando la consigan, realicen la Fiesta del Tambor. Mientras tanto, el mara'akame busca a través de sus oraciones un venado, por los cuatro puntos cardinales, norte, sur, oriente, y poniente, además del centro, y llama a los antepasados para que desde sus lugares sagrados le ayuden a encontrarlo. Para la ceremonia, la cola del venado (máxa kuaxi) se amarra al tambor (tépu) para que purifique y acompañe a los niños, que deben estar limpios ante su madre, en su viaje a Wirikuta. Las mujeres, tres días antes prepararon el tejuino, bebida fermentada de maíz, y al tercer día por la tarde se lleva al xiriki, y se toma hasta el cuarto día en la ceremonia. Los niños durante el festejo llevan Ojos de Dios o tsiküri, explicó Muñoz Hernández, que son hilos de colores, tejidos como rombos, con franjas según las veces que hayan hecho el viaje. Los infantes viajarán durante seis años desde su nacimiento. Al iniciar la celebración, el mara'akame, con sus plumas en la mano, toca el tambor, que es el canto del elote; las madres de los niños entregan tamales, tortillas; y el padre, al cantor, la bebida para bautizar al niño y recibir su nombre en huichol. Los bautizan poniéndoles el nombre de una planta o alguno de los nombres del maíz; luego el mara'akáme lleva a los niños a Wirikuta, o Real del Catorce, a través del canto, al tiempo que nombran los lugares sagrados por donde, pasan. En el centro del lugar a donde llevan a cabo la ceremonia se colocan las ofrendas y un gran Ojo de Dios sostiene una cuerda, a la que están amarradas, borlas de algodón, que representa a cada uno de los niños que acudieron al ritual, y con ello se evita que se pierdan del camino. Braulio recalcó que todo esto sucede mientras los niños y sus madres están en ayuno, desde que salen, imaginariamente, por la mañana. Mientras tanto, el mara'akame toca el tambor, los sonidos representan los pasos hacia Wirikuta, a la vez que los niños tocan las sonajas. En una cuarta jornada, a mediodía en Wirikuta, el mara'akame salpica con agua sagrada y limpia con sus plumas, algodón y flores de cempasúchil a los niños que no cumplieron el ayuno y comieron elote o calabaza antes de tiempo. Muñoz Hernández, abundó que al llegar de la peregrinación imaginaria, los niños, las madres de ellos y todos los presentes comen, beben y descansan.


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