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Cerró un ciclo de su vida Sergio Montero, pionero de la restauración

19/11/2010 10:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La vida docente del pionero de la restauración en México, Sergio Montero Alarcón, cerró su círculo con una lluvia de aplausos que se prolongaron por más de un minuto en un auditorio lleno y de pie. Asimismo se develó una placa en reconocimiento a su valiosa trayectoria de más de cuatro décadas dedicadas a la preservación del patrimonio cultural del país. Hasta este 2010, Sergio Montero contribuyó en la formación de todas las generaciones de restauradores mexicanos y extranjeros que a partir de 1966 comenzaron a prepararse en el entonces Centro de Investigación de Conservación del Patrimonio Artístico “Paul Coremans”, transformado en 1968 en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía “Manuel del Castillo Negrete” (ENCRyM). Por ser uno de los fundadores de la ENCRyM y pionero de la restauración en México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) le rindió un homenaje al que asistieron colegas, amigos, familiares y en su mayoría ex alumnos —hoy importantes restauradores— y sus actuales, la última generación que Montero formó en las aulas. Y precisamente uno de esos discípulos, David Torres Castro, del noveno semestre de la licenciatura y quien en un mes egresará como profesional, fue el encargado de dar inicio a la mesa donde se comentaron las aportaciones del especialista y se recordaron un sinfín de anécdotas ocurridas durante el tiempo compartido con el profesor. “Vengo a hablar por todos los alumnos que hemos pasado por las clases de Sergio Montero”, comenzó David Torres, quien en seguida preguntó a los asistentes si recordaban la primera clase con Montero, en su caso —afirmó— estaba emocionado de saber que uno de los pioneros de la restauración en México no sólo seguía en la escuela, sino que sería su maestro. “Sus clases fueron lo que me acercó a la restauración en la vida real y no la que cuentan los libros; porque hay aspectos que no se pueden aprender en los textos, sino que solamente existe en los grandes profesores y en los grandes maestros”, dijo. La voz de los ex alumnos la tomó Carolusa González Tirado, profesora de diversos cursos de restauración en Latinoamérica, quien advirtió que la imagen que tiene de él es la de una idea legendaria que se ha formado en el imaginario popular de varias generaciones de restauradores. Recordó que el profesor Montero no estudió la Licenciatura en Restauración porque él fue uno de sus fundadores, con lo que abrió el camino para que las siguientes generaciones la estudiaran. En su juventud estudió Artes Plásticas en La Esmeralda y luego permaneció un tiempo en Europa Oriental, donde conoció y aprendió los principios de la restauración, mismos que aplicó al patrimonio mexicano: desde armar el esqueleto de un mamut, preservar una escultura prehispánica de barro, atender colecciones de títeres, hasta coordinar proyectos de pintura mural. Carolusa González expresó su agradecimiento por la infinidad de anécdotas que el profesor le compartió durante sus clases, “que al final resultaron de gran valor didáctico porque en ellas transmitía su experiencia, con ellas me enseñó a ser restauradora, me enseñó cómo ejercer la profesión, en ese sentido el profesor Montero es una especie en extinción”. También comentó que durante muchos años, antes de que se emplearan los exámenes de organismos internacionales como los del Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (Ceneval) o las pruebas psicológicas estandarizadas, a iniciativa de Sergio Montero el examen de admisión de los aspirantes a la Licenciatura en Restauración incluía —como una de las pruebas más decisivas— la elaboración de un títere y una pequeña representación improvisada. “El maestro explicaba que cuando uno habla a través de un títere, expresa su verdadero yo inconciente; el muñeco era muy importante para evaluar el interés y las aptitudes de los aspirantes y, entre otras ventajas, esto evitó deserciones por falta de interés o capacidad”. Cabe recordar que Sergio Montero también es titiritero. Una época de su vida la destinó a elaborar personajes que luego cobraban vida en sus manos y las de su familia, en un teatrino. Esta afición lo llevó a restaurar una importante colección de títeres de la Compañía Rosete Aranda, acervo del Instituto Nacional de Bellas Artes. En el homenaje también participaron los restauradores Isabel Medina y Manuel Serrano; las palabras de bienvenida las dio la directora de la ENCRyM, Liliana Giorguli, quien definió a Montero como una persona comprometida con su pensamiento y la conservación del patrimonio. Destacó la valentía de hombres como él para generar esta escuela y a nombre de toda la comunidad le agradeció sus años de enseñanza. El homenaje finalizó con la develación de una placa “En reconocimiento a Sergio Montero como profesor fundador de la ENCRyM y pionero de la restauración en México”, colocada en la entrada del Aula Magna de la escuela.

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