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Charla con Federico Ortiz Maldonado

12/10/2011 01:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Primer título en la era profesional

Córrele con la leyenda

Una cosa era segura: acudiría a la cita. Un amigo estaba ansioso de hablar con alguien, pues anda enamorado y es debutante en estos asuntos. Para no llegar tan temprano, quise matar tiempo postrado frente al televisor; embobado veía el concierto de AC/DC en el estadio River. De repente sonó el teléfono, de inmediato respondí. "Necesito que bajes ya al café. Frente a mí tengo a una leyenda americanista. Está gustoso de charlar contigo", sentenció la voz, era mi amigo. Sus mariposas en el estómago pasaron a segundo plano. Rápido agarré mis triques y a correr.

Afortunadamente el café se encuentra a una distancia razonable de mi casa, su casa. Ingresé al lugar con ansia de encontrarme a esa leyenda. Estúpido tal cual puede ser uno ante la incertidumbre del asombro, creí que vería a Zelada o Antonio Carlos Santos. Sin embargo, y para fortuna de todos, no fue así.

Con gesto educado y sonrisa sincera se presentó: "Federico Ortiz Maldonado, a tus órdenes". Sí, quizá el nombre a muchos de ustedes no les diga nada. Pero vayan con sus padres o abuelos y pregúntenles por él. Al verlo, un hombre de edad avanzada, gloria viviente en perfecto estado, la nostalgia se apoderó de mí.

Como ya les he comentado, mi padre falleció hace ya algunos ayeres. No por eso suprimo algunas de sus anécdotas. También les he compartido que si de algo se jactó en vida fue de ser americanista de hueso. Mi viejo creció con Ataúlfo Sánchez, Fernando Cuenca, Martín Ibarreche, Alfredo del Águila, Antonio Jasso y Federico Ortiz Maldonado. Nombres y hombres que hicieron historia con América allá por los años sesenta. Ortiz Maldonado formó parte del plantel que le dio a los americanistas su primer título en la era profesional, esto en la temporada 1965-1966.

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Festejo americanista

El hombre y el fútbol

Señor tranquilo, adulto agradable, Federico Ortiz Maldonado, acompañado por sus dos "reinas" (esposa e hija), abre su baúl de recuerdos —más presentes que nunca— para compartirlos sin reparo alguno. Su rostro se convierte en una enorme sonrisa, obsequio a una juventud ignorante de su aporte: "Es un placer hablar y ayudar a nuevos periodistas".

Ya entrados en la charla, lanzo el tema de hoy en día: ¿cómo ve al América actual? Se borra la sonrisa y su mirada parece perderse en un tiempo lejano, en una distancia de años donde el amor a la camiseta, al gusto por el balón, ha desaparecido. "Antes era un fútbol parsimonioso, se paraba la pelota. Había jugadores más comprometidos. Hoy en día se cansan de fallar, corren más y no detienen el balón".

Cierto, reconoce que el fútbol de antaño era más lento. Pero no por eso torpe. Más bien todo lo contrario. Un factor fundamental es que actualmente se apuesta más por atletas que por futbolistas, seres capaces de divertirse en la cancha y valorar al balón como un compañero.

Otro aspecto fundamental para Ortiz Maldonado es el compromiso con la camiseta que portas. Con orgullo y deleite refiere cómo fue su debut con América: "Yo llegué y les dije que era un jugador indicado para ser titular y para ser americanista. ¿Por qué? Porque de entrada les advertí que sería campeón. Si tú llegas a un equipo como América no puedes pensar en otra cosa que no sea ser campeón. Por algo es un equipo grande, un equipo importante en el país".

Ese compromiso parece ser una utopía actualmente. Ya son pocos, si no es que nadie, los que se atreven a inyectar seguridad desde el primer momento. Y no solamente con la firmeza de comprometerse a ser campeón, sino además con actitudes de lealtad a la profesión de futbolista dentro y fuera de la cancha: jugar al cien, convivir con la afición, evitar vicios y amor a la cancha. "Si en la calle te paran para saludarte, pedirte una foto o un autógrafo es un honor. Nada cuesta hacerlo". Por ello aboga que lo primero que debe aprender un futbolista es a ser humilde.

Más sobre

Para Don Federico es vital el entrenamiento. Pero no ese que consiste en desgastar al jugador con rutinas de correr o estirarse durante horas. "Dar vueltas y vueltas corriendo por más de una hora no sirve. Es importante, pero no es prioridad. Un jugador que se la pasa corriendo y no sabe qué hacer con el balón no funciona. Yo, como entrenador que soy, pongo a los muchachos a practicar con el balón, pues es con él con el que se juega". En sus palabras, un buen técnico "no es el que obliga, sino el que enseña".

Sus lecciones consisten desde inculcar cómo parar un balón hasta pegarle. Y es que el golpeo para cada jugada es distinto. No es lo mismo pasarle la pelota a un compañero que cobrar un tiro libre o concretar una opción a gol. "Si tienes a un compañero a un metro no le vas a pegar de lujo o volea", precisa. En este sentido, ejemplifica la labor de un contención, encargado de recuperar balones pero incapaz de tocarlo. Para citar a un jugador, coincide conmigo, Gerardo Torrado. "Si supiera tocar un balón de los muchos que recupera, ¡hombre!".

El instante de la leyenda

Saliéndonos del tono, nos dejamos ser. En ese fluir de palabras, él se apropió de todas. Y con justa razón. Quien debía escuchar era un servidor. Con una memoria prodigiosa me hizo viajar a un pasado desconocido para mí, muy reconocido por él. Guió la ruta a sus años mozos y no opuse resistencia.

Anécdotas más, anécdotas menos, compartió pasajes que bien podrían llevarse varias cuartillas. No obstante, su mar de historias regala detalles de sumo valor. Fiel a su concepto de humildad, describió con santo y seña sus trajines en el transporte público para trasladarse del hogar a los entrenamientos y viceversa. Nada de glamour para cubrir la imagen.

Contó sus aventuras como entrenador del equipo de Guardias Presidenciales, donde tuvo que replantearse a sí mismo tras conocer la disciplina militar. No por ello traicionó sus convicciones y a los soldados, a pesar de su resistencia a entrenar, los puso a pulir el toque de balón. Tan los pulió que ganó el campeonato a nivel nacional.

Pero fue su sentimiento de futbolista, el arraigo por los colores americanistas, lo que más nos conmovió. El café lo transformó en un estadio y alzando los brazos buscaba las tribunas llenas. En su mapa imaginario, más real que nada, agradeció a la afición. Detuvo un momento su andar por la cancha, paró el balón y volteó hacia hombres, mujeres y niños que coreaban su nombre y le pedían metiera otro gol. Con una sonrisa indescriptible, les brindaba un aplauso. Es a ellos, a los que alientan al equipo, a quienes rinde tributo por haber creído en él y por ser parte importante del equipo América.

Y que nos vamos

Fotos, abrazos y admiraciones fue el cierre del encuentro inesperado. Antes de partir, Ortiz Maldonado, con lágrimas derramadas, pide a la juventud de hoy en día evitar el consumo de alcohol, tabaco y drogas. Hace un año perdió a un hermano víctima del tabaquismo.

Una vez que cruzó las puertas del café y partió en compañía de sus reinas, le pedí a mi amigo que no echara a perder el momento con sus andanzas amorosas. Curiosamente él tampoco quiso abordar el tema. "Tenemos que hablar de Ortiz Maldonado, no hay más", sentenció.

Y habló toda la tarde sobre él. Yo también.


Sobre esta noticia

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Fuente:
elbuenfutbol.com
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Reportaje
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