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Charla bien con Tomás Boy (Parte I)

22/02/2011 13:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Charla de Tomás Boy con ELBUENFÚTBOL* (Parte I)"En las cuentas se lleva una regla, desde el uno al llegar hasta el cien. El que quiera ser hombre derecho que se enseñe a mirar su nivel. Sin talento no busques grandeza porque nunca la vas a tener. Soy el Jefe de Jefes, señores, y decirlo no es por presunción... "

Jefe de Jefes, Los Tigres del Norte

Introducción

Hace mucho no les obsequiábamos una charla pambolera, pero ahora les traemos una con el mismísimo Tomás Boy. En esta ocasión no fuimos todos en bola, pues la visita con el Jefe era la encomienda de un compromiso laboral para este servidor.

Previo a cumplir con la entrevista pactada, un dejo de temor existía en mi persona. No era para menos, pues la ocasión en que charlamos con Vilar, el Jefe nos echó una mirada de pocos amigos al distraer a uno de sus jugadores en plena concentración. Aquella vez cruzó frente a su servidor y con un tono seco y amenazante expresó "bue-nas no-ches".

Pasaron los meses y nos volvimos a topar para darle rienda suelta al fútbol cara a cara. Nos saludamos y por obra divina Tomás andaba de buenas. Dado que el partido ante América se efectuaría al día siguiente, se nos indicó que teníamos a lo máximo un límite de 10 minutos para estar con él. Sin embargo, situación hasta ahora inexplicable, le caímos bien y hasta mandó pedir café para extendernos por más de una hora.

"A ver, hablémosle al mesero. ¿Quieren un café o algo?", dijo Boy. Pues pa´luego es tarde pedimos café americano y él pidió lo mismo: "pues que sean tres". (Éramos tres porque me acompañaba Jorge Covarrubias, editor de video y responsable de la fotografía).

Terminado el compromiso de chamba, Tomás insistió en hablar de fútbol. Apasionado, gustoso de la charla y malhablado a más no poder compartió un sinfín de cosas. Obviamente nos caló para saber si valía la pena permanecer con nosotros o de plano retirarse. Soltó al aire nombres como los de Javier Pastore, Moriconi, Claudinho, y al comprobar que le resistíamos el embate sentenció: "esto sí me gusta".

Primero nos sentamos en una mesa donde los rayos del sol pegaban con poca intensidad. Pero una vez que se pusieron bravos le quemaban la espalda a Boy, quien de plano pidió nos cambiáramos de mesa: "vámonos para allá porque aquí me está pegando el pinche sol". En el trayecto de una mesa a otra, no muy largo, manoteaba y hablaba sobre cuestiones tácticas.

De recuerdos, sentimientos y pachangas

Sentados nuevamente, comenzó con todo la tertulia con ELBUENFÚTBOL*. Directo y en corto dijo que nomás el mote de Jefe no le gusta nada, pero como se lo han repetido tantas veces ya es casi como su nombre. Claro, no le huye al compromiso de portar el sobrenombre y, por el contrario, se echa porras a él mismo: "en mi época no había un jugador como yo. Me cae de madre que no, era único. Jugaba más o menos como Zidane, así se las pongo. Entonces así sí vale la pena que me digan Jefe".

Y ya entrados en sus épocas solté el nombre de Johan Cruyff. Bajo un silencio sepulcral Boy me aventó una mirada fuerte, pero sensible a la vez. Echó la espalda hacia atrás, alzó los brazos, y exclamó: "era un genio. El tipo reinventó y revolucionó el fútbol. Incluso me atrevería a decir que fue mucho mejor que...". Pensó un momento la respuesta y con un susurro dijo "no la vaya a cagar". Tras meditar, aventó que "...Pelé es el número uno y después viene Cruyff".

Hablando de esas figuras, específicamente de Cruyff, se le preguntó por qué no jugó en Europa. Entonces levantó el brazo y su dedo índice se dirigió a mi cara. Sin que Boy pronunciara palabra alguna entendí algo así como: "no mames, me vas a poner triste". Pero como el Jefe es el Jefe no se anduvo con medias tintas y contó que pudo haber jugado en el Perugia, junto a Paolo Rossi, pero dos factores le impidieron emigrar en 1979: obstaculización por parte de Tigres , que lo había firmado como jugador franquicia, y su propia comodidad. "Sentí que no me pagaban lo que yo debería ganar. Además, estaba yo ya casado y eso pues... la neta es que fui muy comodino".

Ya entrados en estas cuestiones de matrimonios y noviazgos, abordó la parte sentimental del futbolista. Como técnico ha visto cómo las esposas de jugadores son las que determinan el contrato, incluso aspiraciones de su pareja. "No importa que no juegues, te están pagando 50 mil dólares. Además, no nos vamos a estar mudando para ver si tú juegas", refiere Boy sobre lo que ha presenciado.

A él le tocaron otras épocas en estos menesteres: "en mis tiempos las señoras, mamás de las chavas pues, les pedían que no se acercaran o anduvieran con un futbolista, nos concebían como viciosos, mujeriegos. Ahora, suplican a sus hijas para que se casen con jugadores. ¡Nada tontas!, pues saben que ahí está el pan". No pudo contenerse y nos advirtió sobre el matrimonio: "eso de casarse está cabrón, es un pedo. Piénsenlo".

De paso, abordó el tema de las indisciplinas o carácter fiestero del futbolista durante una concentración o previo a un juego. Aceptando que él como todo ser humano bebe y fue joven, acudió a asados o fiestas siempre y cuando fueran después de los partidos. Considera que en este aspecto el futbolista de hoy pondera más la juerga y el desmán por encima del deseo y gusto por jugar, además de que se perdió el sentido que tenía la pachanga: "antes las hacías para festejar un triunfo o para intercambiar opiniones acerca del equipo", comparte.

En mi época no había un jugador como yo’

Cauteloso de revelar nombres, confesó que él mismo se ha visto en la necesidad de actuar como padre de futbolistas al ir a "sacarlos de antros, tables y cabarets" porque están hasta "las chanclas". Eso sí, no se opone a que los jugadores se diviertan, pero sí especifica que lo hagan cuando no esté un partido en camino.

Ya entrados en el balón

Uno de sus deseos como técnico es entrenar a las Águilas. Lo considera un equipo "chingón", poderoso y que tiene todos los ingredientes de un reto. Por el contrario, siente apatía y enemistad por Pumas, equipo que simplemente no le causa la menor emoción. "El América es chingón, lo tiene todo. Ese es uno de mis anhelos. Además, pisar la cancha del Azteca cada 15 días ha de ser una fregonería", confesó. Y sobre el Estadio Azteca sentenció: "cualquier técnico que lo pisa se caga. Quien diga que no, está mintiendo. A huevo que impone y mucho".

Actualmente entrenador monarca, Boy no tiene tapujos en decir que uno de sus más gratos momentos como técnico fue con Veracruz. Pese a que lidió con jugadores del calibre de Antonio Carlos Santos, consiguió plasmar en la historia del fútbol mexicano una etapa memorable con los Tiburones Rojos.

No fui a Europa por comidono’

"Ustedes mismos lo recuerdan y seguramente estaban pequeños, pero lo tienen presente. Aquel era un equipazo. Tenía a Apud, Careca, Santos, Peña, una camada de grandes jugadores. Además, implicó tener bajo mi mando a jugadores muy difíciles, cabrones", comparte Tomás. Y agrega: "uno de ellos era Santos, el mejor jugador que he dirigido. El tipo era un mago con la pelota, un futbolista de otro nivel. Pero tenía un carácter especial, de hecho es con el que más conflictos tuve. Las cosas llegaban incluso al punto de él o yo. Así de cabrón".

De ese recuerdo salta al fútbol actual. El rostro se le pone serio, molesto, triste, pues considera que al jugador actual se le ha olvidado el gusto por correr detrás de un balón o pisar una cancha. El factor económico, dice, ha influido de manera avasallante sobre la mentalidad del futbolista: "ahora aman más el dinero que el fútbol mismo. Piensan más en comprarse un coche u otras madres en lugar de anhelar portar la camiseta de la Selección, por ejemplo".

La llegada de los torneos cortos vino a limitar y contrarrestar el surgimiento de valores mediante la nula capacidad para apreciar talentos, poca continuidad y falta de identidad con una playera. Critica el arte de rolar de un equipo a otro sin que al futbolista se le dé tiempo para mostrarse, que como consecuencia también afectan al entrenador. "Ahora somos entrenadores exprés. Si no ganas un partido no sirves, te corren y al día siguiente ya estás en otro club. Eso no puede ser, pero dado que los torneos cortos exigen resultados pues hay que darlos a la de ya", indicó con molestia.

El América es chingón, lo tiene todo’

Y como no podía quedarse callado en este sentido, le atizó a los promotores. Los ve como perros de caza dispuestos a morder sin importar que sea al propio dueño al que lastiman: "van a matar al futbol si no se detienen. En un afán para satisfacer su ambición molestan con infinidad de cosas a los jugadores, quienes no saben dónde están parados por tanta promoción que le hacen a sus carreras; nunca saben dónde están y en cualquier altibajo los representantes les pueden establecer un comportamiento de permanecer en uno y otro lado para que puedan cobrar un buen salario. Los representantes están muy perros, están muy cabrones".

Refiere los casos de jugadores que han vestido tres o cuatro camisetas distintas sin siquiera haber disputado cinco partidos completos; jugadores fieles a soportar banca siempre y cuando les paguen sus 70 mil dólares mensuales. "Les vale madre si juegan o no, quieren su dinero. Y claro, parte de esa lana va para el promotor que los coloca", sentencó el Jefe.

Continuará…


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elbuenfutbol.com
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