Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Elbuenfutbol escriba una noticia?

Charla con Juan Villoro

18/12/2012 00:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image

Charlando con Villoro

Habíamos terminado de entrevistar a Juan Villoro como parte de una encomienda laboral. Preguntó qué hora era. Faltaba poco más de una hora para que, junto a Martín Caparrós, presentara el libro Ida y vuelta. En lugar de despedirse, o de despedirnos, surgió la charla. Como él dice: ‘Cualquiera que sea aficionado sabe que no puede vivir en silencio’. Debido a que tenía medido el tiempo para llegar puntual a su compromiso, nos invitó a matar los minutos hablando de fútbol.

El futbolero y sus cosas

Devoto seguidor del Necaxa, cautivado con el Barcelona de Guardiola y eternamente agradecido con la figura de Ángel Fernández, Villoro también tiene sus cábalas. Si algo le pone nervioso es el instante previo a la ejecución de un penalti cuando de sus Rayos o de la Selección Mexicana se trata. Una vez que ve al jugador colocando el esférico sobre el césped y preparado para tirar le da la espalda al televisor. Prefiere llevarse la sorpresa del gol, o en su defecto no sentirse culpable, responsable de que el esférico no haya entrado a la portería.

Con la misma angustia padece partidos y futbolistas. Entre los nombres que le causan estupor se encuentra el de Guillermo Franco, jugador que no le llena el ojo en lo absoluto. ‘Tengo amigos que lo defienden y llegan a decirme que les gusta cómo juega. Discuto con ellos, escucho sus razones, sin embargo no me explico cómo es que les gusta. Simplemente no lo entiendo. Cabe una remota posibilidad de que el equivocado sea yo, pero no lo creo. ¡Es el Guille Franco!’, dice mirándonos con el convencimiento de que Franco no puede agradarle a nadie.

-¿Y sí te llegas a calentar?

-Pues es parte de esto, es un duelo de terquedad, de insistencia por querer convencer al otro.

Si discutir con alguien sobre las preferencias hacia tal o cual jugador ya implica temple para disimular enojo, mayor aún es la entereza si te ponen a un antifutbolero enfrente. Claro, depende de quién sea el detractor.

-A Monsiváis no le gustaba el fútbol. Tú lo sabes mejor que nadie.

-Sí. Con todo y que no entendía bien a bien los motivos que hacían del fútbol algo más que un deporte para los mexicanos, siempre fue muy respetuoso.

Y es que en Monsiváis, Villoro encontró a un antifutbolero no solamente respetuoso sino también repleto de humor involuntario. Era imposible no deleitarse con el fallecido Monsi. Para muestra basta un botón: ‘Si le abordaban lo fatídico que ha resultado en nuestra historia el tema de los penales, él hablaba de motines o hacinamientos. Creía que le hablaban de cárceles, del sistema penitenciario’.

Sin embargo no todo ha sido miel sobre hojuelas cuando ha querido hablar con otros, su nervio de futbolero lo ha traicionado alguna que otra vez. Razones de sobra ha tenido para quedarse callado. De hecho, a cualquiera nos ha pasado. La diferencia radica en el personaje que nos hace enmudecer.

Emocionado por conocer a Marcelo Bielsa, Villoro fue advertido por Jorge Valdano de que el Loco dignifica su mote y lo pondría a prueba antes de interactuar con él. Lo puso sobre aviso de que el actual entrenador de Athletic de Bilbao tiene fascinación, obsesión, gusto, manía o cualquier tipo de apego por el número 6. No obstante se olvidó de mencionarle cuál sería la prueba.

-Llego muy contento con Bielsa e inmediatamente me recibe con una pregunta. Me pidió que le dijera en orden cuáles son las seis reglas básicas, mundiales, que todo texto narrativo debe tener.

-¿Y se las dijiste?

-No, yo estaba impresionado. Además se puso muy serio, estricto. Me quedé pasmado. Piensas en decirle que fue un placer conocerlo e irte; te impacta.

-¿Y qué pasó?

-De la nada comenzó a reírse y me abrazó. ‘¿Cómo te va?’, ‘¿qué cuentas?’.

Necaxa, contigo a la distancia

Sale a colación el nombre de Roberto Saporiti, director técnico argentino que estuvo en el banquillo de Necaxa previo a Manuel Lapuente, encargado de guiar a los Rayos al título en la temporada 1994-1995. Agradecido con Manolo por haberle otorgado un campeonato, Villoro recuerda a Saporiti con nostalgia: ‘Nos hacen falta tipos así, que se enfoquen en mejorar el juego. A Pumas también les dio vida después. No fue campeón, pero procuraba el juego’.

Entre el jubiloso pasado noventero y la tristeza de la actualidad necaxista, hace hincapié en la mudanza a Aguascalientes. La partida no ha beneficiado al equipo y sí ha lastimado la lealtad de los pipilas que aguantaron a capa y espada la tempestad a la que no le llega calma.

-Te duele. Claro, como buen necaxista he ido hasta Aguascalientes para ver a mi equipo, pero es mucho sufrimiento. Inevitablemente recurres al pasado para sonreír.

Se remonta al ayer en que los 10 o 15 seguidores presentes en las tribunas del Estadio Azteca gozaban de un manjar en el campo. Con victoria o derrota de por medio, sabían que saldrían del Coloso de Santa Úrsula con un gran sabor de boca, orgullosos de haber visto a sus ídolos tratando la cancha como un pasto sagrado. ‘Todo se puede resumir a lo siguiente: Ivo Basay, Alex Aguinaga, Alberto García Aspe, Ignacio Ambriz, Gerardo Esquivel, Ricardo Peláez, Luis Hernández, Nicolás Navarro, Cuchillo Herrera, Ratón Zárate. Como suelo escuchar a muchos: ¡qué tiempos aquellos! Puedo irme más atrás, pero ubiquémonos en lo más reciente’.

-Ya te tocó vivir las dos caras de la moneda que honran a un aficionado: la gloria de títulos y el infierno del descenso.

-Un descenso marca la pauta para reafirmarte. En mi caso, soy un masoquista convencido de que el Necaxa es algo de lo muy bueno que me ha dado la vida. Lamento que mi sufrimiento haya aumentado sin pedirlo. No por un descenso, sino porque me distanciaron del equipo llevándoselo a Aguascalientes.

-Una partida que pudo haber engendrado villamelones.

-Que son legítimos, también forman parte del fútbol. Eso sí, no hay que tomarlos en serio.

-Igual y ellos mismos no saben que son villamelones.

-No, ni siquiera. Están por estar, para sentirse parte de algo, para mantenerse dentro de la tribu.

Maradona, su conmoción

Todo argentino que se precie de ser futbolero y pisa tierras mexicanas tiene como una de sus principales tareas acudir al Estadio Azteca. En su travesía es vital conocer el sitio donde el hombre se hizo Dios, donde Diego Armando Maradona dejó de ser mortal para erigirse como deidad. Acudir al Coloso de Santa Úrsula es más que una excursión, significa una visita fantástica en la que el Mundial del ’86 no forma parte de una anécdota pasada, sino de una magia bastante presente. Aunque dicha encomienda también aplica para los mexicanos, al menos aplica para uno, Villoro.

Estuvo ahí para ver a Maradona haciéndole a los ingleses el mejor gol ilegítimo en la historia de las Copas del Mundo, así como el mejor gol legítimo en la historia de los Mundiales. Ha sido uno de sus momentos cumbre como apasionado al balón; la estampa viva que no tiene fecha de caducidad. Sigue, y seguirá, asombrándole. Mientras el corazón continúe latiendo, los dos goles del Pelusa perdurarán en sus entrañas.

-Cuando acudo al Azteca es inevitable no buscar a Maradona en la cancha. No es necesario reconstruir en la memoria lo que hizo, pues ahí sigue. Todo es cuestión de saber ver.

-¿Cómo recuerdas el partido contra Inglaterra?

-Fue todo tan rápido, tan increíble, que me quedé atónito. Con el gol de la mano creí que había sido de cabeza; Maradona fue tan ágil que corrió a celebrarlo de inmediato. Fue hasta que vi la repetición cuando supe que fue con la mano. Yo sigo creyendo que fue con la cabeza.

-¿Y el otro gol? ¿Te diste cuenta de que habías presenciado el llamado gol del siglo?

-Me pasmé. Sí supe que había visto una jugada extraordinaria, algo fuera de lo normal. Intuí que estaba siendo testigo de algo más que un gol. Mi asombro fue tan grande que me quedé perplejo, no sabía cómo reaccionar. Volteaba a ver a todos lados, queriendo que alguien me explicara qué había pasado, qué habíamos visto. Fue, y es, una ópera.

Para Villoro no hay duda alguna de que el mejor futbolista de todos los tiempos es Maradona. México ’86 se encargó de sustentar su opinión. Por mucho que Carlos Salvador Bilardo presuma de su 3-5-2 como causante de la Copa obtenida, Villoro ve en el Diego al verdadero autor material e intelectual de la proeza: ‘Maradona era capaz de convencer a través de su juego a toda una selección, de convencer a sus compañeros de que valían más de lo que ya eran. Lo hizo con Argentina, lo hizo con Nápoles. Llevó a sus equipos a situaciones inesperadas. Su liderazgo no ha sido igualado por nadie’.

-Seguramente lidias con quienes desprecian o ponen en tela de juicio el virtuosismo de Maradona basándose en lo que hizo fuera de las canchas.

-Ah, por supuesto. Si bien su conducta ha sido poco ejemplar, me resulta hasta cierto punto injusto que se quiera ilegitimar su aporte al fútbol escudándose en la crítica por su personalidad.

-¿Te quedó a deber algún sueño?

-Tanto como un sueño no, pero si hubiera jugado para la Selección Mexicana en el ’86 habríamos sido campeones del mundo, seríamos una potencia. Esa era la diferencia que marcaba él, es decir que nadie ha definido tanto al fútbol, que es un deporte de conjunto, como lo hizo él.

-No queremos imaginar lo que sentirías teniéndolo enfrente.

-Si no te emocionas con verlo, algo anda mal.

De 2010 para acá con el Tri

La medalla olímpica conquistada por Luis Fernando Tena y sus muchachos representa una de sus máximas alegrías en los últimos tiempos. Concediéndole méritos a todos los que tuvieron que ver para tal logro, Villoro enfatiza que un rasgo positivo en ese equipo fue la unión de un grupo sin tintes de protagonismo.

-Se notaba la química entre jugadores y entrenador. Entre los propios futbolistas hubo un compañerismo especial, hubo unidad, ninguno quiso sentirse más que el otro. Todos en el mismo barco, fueron un conjunto. Respetuosos de un esquema, ninguno osó en romperlo.

En contraste, la selección mayor le ha causado amargura. La imagen de Javier Aguirre en la conferencia de prensa previa al duelo frente a Argentina en Sudáfrica 2010 no se le olvida. La derrota estaba cantada. Frente a micrófonos y cámaras de todo el mundo, el Vasco se mostró resignado, agachado. Ni un ápice de esperanza otorgó. La alineación del Bofo, la insistencia por meter al Guille Franco y los errores defensivos confirmaron que se arribó al encuentro con la caída asegurada.

-La famosa conferencia con la gorrita.

-Y con la mirada hacia abajo. Fue allí donde supimos que todo había terminado. El partido fue una extensión de la derrota anticipada.

Con el adiós de Aguirre y la llegada del Chepo de la Torre al banquillo azteca, Villoro observa un equipo ordenado, leal a lo que dice el librito, receptor de la idea del entrenador, pero le halla piedritas en el zapato. Tenemos un director técnico que no transmite pasión y nos faltan ídolos.

-Digamos que Chepo se asemeja a Vucetich en cuanto a ese perfil.

-Podemos decir que sí. Ambos son ganadores, muy buenos con lo que hacen, dominadores de sus sistemas, pero no contagian eso que nos fascina.

-Cuando el entrenador no te la transmite, siendo que es la cabeza de un equipo, el plantel tampoco. A menos que aparezca un jugador que se atreva a ser una especie de oveja negra que, sin alterar el orden, marque la diferencia con un aporte de su chistera.

-Y no lo tenemos. Una selección es el espejo de un país y actualmente no tenemos un jugador con el que nos identifiquemos. Hay futbolistas buenos, con nivel, pero que no alcanzan el estatus de ídolo. No solamente se trata de identificarnos con él sino también, como ustedes dicen, que marque la diferencia.

-Como Cuauhtémoc Blanco.

-El último que tuvimos. Podrá irritarte por su forma de ser, pero el tipo nunca tuvo miedo de echarse un equipo a los hombros, de atreverse y de darle un giro a las cosas.

-Un irreverente fuera y dentro de las canchas.

-¡Claro! ¿A quién no le gustan los irreverentes?

-A La Volpe.

-Mejor cambiemos de tema.

Apenas escuchó el nombre de Ricardo Antonio La Volpe y nos incita a cuestionarle a Martín Caparrós qué opina sobre él. Con una sonrisa pícara pide que lo hagamos bajo nuestro propio riesgo: ‘Pregúntele por su paso en Boca Juniors. Si se enoja, yo no sé’.

Lo terrible

Como todo en la vida, hay cosas que no deberían suceder. Una de ellas es que se vaya la luz. Peor aún cuando está por comenzar un partido de tu equipo o uno que los pronósticos venden como un partidazo.

-No se rían, es algo terrible, caótico.

-Bueno, es que te entendemos.

-¿Ustedes también se ponen mal?

Ante tal circunstancia, Villoro carece de una costumbre ante la emergencia, ante el caos. Como puede quedarse sentado agarrándose la cabeza y cuestionándole al foco por qué a él, puede aventurarse a salir de casa para abordar un taxi con destino incierto pero pidiéndole al chófer que sintonice el encuentro o bien le llama a algún amigo para que se lo narre por teléfono.

-A veces es lo contrario. Les cuento una anécdota con un taxista. Me había perdido un partido y cuando le pregunté al chófer cómo había estado me dijo que estuvo muy malo, aburrido, que lo de siempre. Llego a casa, reviso en sitios web deportivos y descubro que había sido un juegazo. Aunque no lo puedas remediar, sí te deprime.

-También hay que agradecer que en ocasiones te pierdes de partidos infumables.

-Concuerdo. Hay partidos que no deberían verse por salud mental. Y hay equipos que piden a gritos no ser vistos. ¿Ustedes padecen alguno en especial?

-Al San Luis. Mira que ya son palabras mayores.

-Bueno, allí hay que agradecer que se vaya la luz.

Vámonos yendo

A punto estaba de iniciar su cátedra sobre Barcelona y Josep Guardiola, su delirio hoy en día, cuando alguien le hizo saber que faltaban cinco minutos para la presentación del libro. Ni tan medido tenía el tiempo.

-Oigan, ya nos quedamos picados. No les pregunto qué hacemos, la lógica indica que tengo que irme. ¿Ustedes van a ir?

-Sí.

-Ah, pues nos vemos allá.

Y allí nos vimos. Terminada la presentación (motivo de otro texto) pidió que nos acercáramos a él y susurrando nos pidió un favor: ‘Vayan con Caparrós y primero que les firme un ejemplar. Una vez que haya firmado pregúntenle por La Volpe, quiero que se vaya con una sonrisa’. No lo hicimos. Afortunadamente un asistente al acto se agarró al escritor argentino para hablar sobre Ida y vuelta.


Sobre esta noticia

Autor:
Elbuenfutbol (276 noticias)
Fuente:
elbuenfutbol.com
Visitas:
491
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.