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Charla con Martín Caparrós

11/12/2012 00:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Charlando con Martín Caparrós

Los desconocidos

Durante seis horas ha atendido a representantes de la prensa para hablar de Ida y vuelta, el libro que recién publicó junto al escritor mexicano Juan Villoro. Dos horas más tarde ha de presentar en el Centro Cultural Elena Garro dicha publicación. No denota cansancio, tampoco hartazgo. Amable, ya sin el bigote que le caracteriza, nos recibe.

-¿Cómo les va?

Acto seguido nos invita a sentarnos. ¿Para qué preguntarle sobre lo que ha respondido a lo largo del día y volverá a procurar dentro de dos horas? No sabe quiénes somos y nosotros fingimos no tener idea de quién es. Sabemos que es periodista y escritor argentino, pluma obligatoria para leerse, sin embargo recurrimos a una frase que pronunció en Guadalajara, Jalisco, durante la Feria Internacional del Libro: ‘Se gana más intimidad con la gente cuando no se le conoce’. Y así, con el tema del libro sin tocarse, entablamos una charla con Martín Caparrós.

El hincha

Autor del libro Boquita, Caparrós matiza con honra que Boca Juniors fluye en su sangre, abriga su piel. Templo, diván y extensión hogareña, La Bombonera es su refugio cada 15 días siempre y cuando la labor no sea obstáculo. Es un recinto donde en compañía de su hijo la pasión tiene sentido en la devoción propia y en la heredada. No obstante, Boca es una disyuntiva en su expresión.

Su convicción de orgullo bostero contrasta con la aceptación de la realidad en el equipo. La mirada radiante se apaga con el fluir de sus palabras. No es Julio Falcioni el causante total de su desencanto, sino la ausencia de estandartes en la cancha. ‘Yo ahora me relaciono con el fútbol argentino con bastante cabreo, con bastante bronca, porque rompe las pelotas que me priven del placer de que en Boca jueguen los que podrían jugar’, desahoga con molestia. Amparado en la nostalgia busca en sus recuerdos más recientes a Carlos Tévez, Rodrigo Palacio, Juan Román Riquelme.

-Jugadores, ustedes tienen hasta de sobra. Vaya, juegan, pero no en Argentina.

-Sí, así es. Uno de los efectos de la globalización es que hasta hace 10 años, los jugadores para poder ser vendidos a Europa solían pasar por el embudo de Buenos Aires. Si un jugador de Santa Fe, de Salta, de las provincias, quería que lo compraran en Europa tenía que jugar en Buenos Aires. En San Lorenzo, en Boca o en River.

-Ahora el vuelo es directo.

-Los disfrutábamos nosotros (los bonaerenses). Claro, era injusto para las provincias. Ahora no, ahora los van a comprar a las provincias cuando tienen 14 años.

Los países importadores, dos o tres ligas europeas importantes, le arrebataron de alguna manera el deleite de contemplar talentos nacionales. De rebote le derivaron un temor, un instante que espera nunca ocurra: ‘No dejo de imaginarme un momento en que tenga más ganas de ver un partido Barcelona-Manchester que ver un partido de Boca con jugadores de tercera categoría’. Añora la grandeza reflejada en la danza estética de piernas xeneizes, en los héroes que alimentan su identidad incorruptible como hincha: ‘Soy de Boca’.

El futbolero

Su fidelidad a Boca no se negocia, pero ello no le impide disfrutar del gusto por el fútbol. Caparrós considera su historia como espectador llena de altibajos. Tales efectos intermitentes encontraron escala en Barcelona, se detuvieron con el equipo de Josep Guardiola. A tal grado se removieron sus entrañas que hasta guardó sus simpatías merengues.

‘Estoy en una especie como de nube, de nirvana, porque nunca en mi vida vi un fútbol tan bueno como el de Barcelona. Llevo más de 45 años viendo fútbol y nunca vi nada que se le pareciera. Nunca fui del Barcelona, siempre fui del Madrid porque mi padre era madrileño, mi padre era socio del Madrid antes de la guerra’, detalla alzando los hombros.

Le agrada hablar del conjunto blaugrana, se siente bien haciéndolo. Manotea al aire tratando de hallar los calificativos precisos para Xavi, Iniesta y Messi. No lo logra. Voltea a su alrededor queriendo encontrar a alguien que le ayude a poner sobre sus labios lo que desea exclamar. Nadie le echa la mano. Tras una pausa, continúa: ‘Tienen una idea de cómo quieren hacerlo. He visto equipos que tienen como cierto concepto pero al Barcelona lo ves 15 minutos y ya lo entendiste. Es tan claro, es tan preciso, funciona tan bien, es el concepto de fútbol más claro que he visto en mi vida’.

En su trance de júbilo culé comparte un pasaje que jamás imaginó. Sucedió. El 10 de diciembre de 2011, el duelo Real Madrid-Barcelona paralizó un pedazo de Estados Unidos, nación que no suele conmocionarse por 22 tipos corriendo y dándole de patadas a un objeto redondo. ‘Todos los bares estaban llenos de gente disfrazada de Papá Noel. Queríamos ver el partido (Juan Villoro y yo). Todos llenos. Así que caminamos y caminamos y caminamos hasta que llegamos al lugar donde lo vimos. Estuvimos tres cuartos de hora haciendo cola para poder entrar y ahí dije 'estamos todos locos'. ¡En Nueva York! ¡Una cuadra de cola para entrar a ver el Madrid-Barcelona!’.

Bajo la tónica de asombro da pauta a otra incredulidad. Así como hay mujeres bellísimas pero imperfectas, el escritor quiere creer que no todo en Barcelona es perfecto, que hay algo oscuro que equilibre tanta hermosura: ‘Deben comer niños enchilados a las cuatro de la mañana en una cueva en no sé dónde, o deben matar vírgenes. Seguro que tienen algo inconfesable, espantoso, terrible. No puede ser todo tan bueno’. Entre carcajadas se cuestiona en cuál rincón del orbe estarán las cuevas repletas de niños enchilados.

La risa desaparece de inmediato. En estos tiempos tan mediáticos en torno a Barcelona y Real Madrid, tan polarizado entre ambas aficiones, tan enconado entre los adeptos de Mourinho y Guardiola, Caparrós tiene al enemigo en casa. Su principal detractor lleva su apellido.

-Mi hijo dice que el Barcelona lo aburre, que juega con demasiado toque, que no tiene ningún suspenso. Y no sé, sospecho que lo dice para joderme.

-Y hay muchos a los que les aburre.

-¿A ustedes les aburre?

-No.

-Hay cosas que no comprendo. Digo, el fútbol es algo que lo entiende hasta el que no le entiende.

El futbolero que escribe

El intercambio de opiniones respecto a los gustos futboleros guían a una coincidencia: un gran número de partidos nos arrullan; Argentina y México comulgan en aburrimiento. Lo insípido que emana de una cancha no es tan terrible cuando se reinventa en la frontera literaria que ofrece el periodismo escrito a través de la narrativa.

A lo largo de 90 minutos, las porterías pueden permanecer solitarias, abandonadas. Si bien les va, un tiro a gol celebran. En las tribunas un silencio aletargado o un coro de bostezos rinden culto al pobre ritual llevado a cabo en el campo. Con semejante panorama digno de hundirse en el olvido, una pluma osada, incluso ociosa, se aventura al rescate: ‘Dejar al descubierto que lo que uno dice es peor que lo que está contando’.

-Uy, ya nos están apurando.

-¿Ya se acabó el tiempo?

-Parece que ya.

-¡Ah!, el árbitro.

Antes de dar por concluida la plática, Caparrós otorga una última reflexión tanto para los lectores de este sitio como para el lector azaroso con inquietudes de escribir sobre la pasión inexplicable: ‘Un partido de fútbol es un relato extraordinario. Probablemente la literatura tiene más posibilidades en los márgenes, en los bordes de ese partido. De algún modo el partido ya se relata a sí mismo. Se puede buscar más en las historias, en los jugadores, en las hinchadas, en los significados culturales. En las cosas que rodean a un partido’.

¿Y el libro?

Con otra entrevista por conceder en torno a Ida y vuelta, Martín Caparrós nos despide no sin antes preguntarnos dos cosas.

-¿Ustedes escriben de fútbol?

-Eso creemos.

-¿Dónde escriben?

-En un sitio llamado ELBUENFÚTBOL*.

-No lo conozco.

En unos minutos nos volverá a ver. Acudiremos a la presentación, donde ya nos ocuparemos del libro y donde nos observará con intriga. ‘Sus caras se me hacen conocidas. Creo haberlos visto no sé en dónde y no sé cuándo’, dirá.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
elbuenfutbol.com
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