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Cien freeways catafixiados

17/11/2014 23:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Por Luis David Niño Segura

Esta semana me disponía a leer algo que me acercara más a la realidad que a la ficción (si es que podemos poner la objetividad en la imaginación) así que entré a la primera librería que encontré.

Bueno eso de mencionarle, si usted me lo permite, entrar "a la primer librería que encontré", es mero adorno a la presente escritura, la verdad es que ya sabía a qué librería tendría que ir para encontrar la obra más reciente de Magali Tercero Cuando llegaron los bárbaros. La intención que tenía en ese momento era turbia, lo confieso. Quería criticar ?comparar- cómo estaban ordenados los libros en la librería Educal de Querétaro a la librearía Educal de Palacio Clavijero en Morelia. El resultado no cambió mucho al ya preconcebido. La librería de Querétaro es un asco, bueno si usted me lo permite, ahora que lo pienso, ambas tienen lo suyo, pero con ese afán de criticar algo que de entrada sabes no te gustará, a mí me pareció que dicha librería, o como dijeran los abogados clásicos, la librería de marras, era para mí, un revoltijo de editoriales sin ningún orden.

Bueno pero no nos desviemos del tema, la idea aquí era esclarecer que aparte de deambular mirando los estantes de más de dos metros de alto llenos de libros (perdone usted mis desvaríos pero no se ha preguntado ¿por qué ponen esos estantes tan altos, qué acaso no saben que es imposible ver los títulos de los libros a esa altura?) me acerqué con la empleada y le pregunté que si tenía el libro de Magali Tercero. También, si me permite usted el descaro, la intención de comprar el susodicho libro era para realizar la presente reseña además de compararlo ?criticarlo- con los escritos de otros periodistas que le han entrado al género ese de la narcoviolencia.

El desconsuelo llegó cuando me comentaron que no tenían el libro de Magali Tercero de editorial Planeta. No sé si hice alguna cara de molestia (bueno si rechiné los dientes) pero quien me atendió no tardó en aliviar mi disgusto y me ofreció otras dos obras de la misma escritora. No lo pensé mucho y pronto compré su obra Cien freeways DF y alrededores (libro declarado ganador en el Primer Concurso Nacional de Crónica Urbana UACM 2005). Debo confesar que me acerqué a él con algo de escepticismo, pero de los males el peor. Si no podía tener en mis manos Cuando llegaron los bárbaros al menos conseguí un consolador más viejo. La vendedora mostró su felicidad, las enseñanzas del amigo de todos los niños habían dejado buenos dividendos: me lo catafixió.

La obra de Magali Tercero está llena de reflexiones concisas, de pequeños vistazos de sabores melodiosos. Cien Freeways DF y alrededores está construido por historias deliberadamente seleccionadas, las cuales se van entretejiendo de tal manera que aparecen puentes dialógicos que se corresponden mutuamente; pero esos diálogos anacrónicos se van desenvolviendo en un ambiente que pueden ser muchos o uno solo. Así, nos vamos divirtiendo con las punzadas de reflexiones que la autora no dice pero se perciben a lo largo de la narrativa.

Un libro de crónicas que se desenvolvieron entre los años de 1990 a 2005 y que nunca abandonan el género periodístico como enseñanza preconcebía, como herramienta de reflexión. Pero no nos encontramos aquí con un estilo Gonzo, sino con una narrativa honesta y en ocasiones aventurera. Se percibe un autoaprendizaje tanto de la autora como de los lectores. Así, por ejemplo, cuando se lee ´Una noche de putas´ se percibe el impulsivo carácter y el fino instinto de Magali Tercero para encontrar la historia y plasmarla sin parafernalia. En otras palabras, a la autora no le gana la "verdira."

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Resaltan por todos lados la sagacidad con la que cuenta para atrapar las historias. De las crónicas más emblemáticas están ´Del otro lado del espejo: cien freeways en Los Ángeles´, donde no solo encontramos diatriba sino sobre todo vivencias. Historias contadas de primera mano donde la escritora nos deja a nosotros como lectores la última palabra, no influye en los comentarios, captura imágenes y las arroja al mundo de las ambigüedades, de las interpretaciones. A lo largo del libro sabemos que la autora no busca conclusiones rimbombantes de corte snobfilosóficos.

Su postura es como de tránsito, de simple enlace entre la realidad y la percepción y, justo en medio, la encontramos a ella pincelando estéticamente lo que nos deja el arte. Cada una de las historias que vamos devorando en el transcurso de las páginas, abordan diversos temas que se pueden conjuntar en uno solo. Las similitudes se van desnudando poco a poco. El mismo sentimiento de humor ácido y de cruda realidad que se encuentra en los testimonios de noche de putas es el mismo fílin que se aprecia en los testimonios del Centro Femenil Tepepan.

No sé qué es lo que más puede cautivar de la lectura, si la crónica, que ayuda a formar un testimonio histórico de diversas concepciones de lo que es ser defeño (pero un defeño de la calle) un chilango más pues; o si lo que más resalta cuando uno termina de leer ciertas historias es que el país no ha cambiado mucho en los últimos 24 años. ´Cinco close-ups de la lucha libre´ nos explota en la cara con esa pasividad. Clichés de la chilangolidad, si usted me permite emplear esa palabra. A qué le apostamos en la vida diaria, ¿a la suerte? Porque eso parece suceder en la calle de Bolívar, mexicanos aferrados a un cachito de lotería como se aferran a la imagen de la Virgen de Guadalupe.

En cada una de las páginas de Cien freeways DF y alrededores nos vamos encontrando con eso, con una crónica que se puede tornar en documento histórico, en pequeños vistazos de una ciudad que no cambia, que se mantiene colgada de una construcción imaginaria de sí misma. Pero la narrativa de Magali Tercero, por el contrario, es expansiva, no se amaga, ni se detiene, no se bloquea. Plasma sin pudor los hechos y de nosotros depende saber si estos mienten; asimismo, plasma también su invención y de nosotros -como lectores- depende saber si la cronista dice la verdad. Es crónica sí, pero es crónica que aborda un mismo tema desde diversas ópticas. Una crónica diversificada que como un alka-seltzer tiene efecto burbujeante.

Confieso que la catafixia en la librería estuvo bien, me dejó buen sabor de boca. Ya le estoy dando el último sorbo a mi café y hace como seis horas que leí la última página. Tendré que seguir buscando Cuando llegaron los bárbaros en otras librerías; mientras tanto, veo a mi esposa leer Cincuenta sombras más oscuras de E.L. James y le voy poniendo punto final a estas líneas. Definitivamente necesito otra dosis de crónica efervescente, de otras catorce crónicas y sus alrededores.

Tw: @ld_nio

e-mail: [email protected]


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
grupocronicasrevista.org
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Tipo:
Reportaje
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