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LA CIENCIA DEL SUJETO, ¡No soy el cuerpo, la mente, ni el ego!

15/03/2021 09:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La autoindagación revela que somos atemporales ¡No soy cuerpo, no soy mente, no soy ego, soy el Testigo! Existo en el instante presente continuo y atemporal, mi naturaleza es infinita, más allá del universo

EXTRACTO DEL LIBRO:

 

Eso que penetra todo, a lo que nada transciende y que, como el espacio universal nos rodea, llena todo completamente desde dentro y desde fuera, ese Supremo Ser no dual —eso eres tú.

 

Sankaracharya

 

 

Eso en quien todos los seres residen y que reside en todos los seres, que es el dador de gracia a todos, El Alma Suprema del universo, el ser sin límites —yo soy eso.

Amritbindu Upanishad

 

 

 

 

El Sujeto, el ser no nacido e imperecedero, el observador de todo el fenómeno de la existencia, que permanece siempre igual a sí mismo y no es afectado por las modificaciones del objeto, sustrato de existencia que no conoce principio, medio ni fin... Según lo más avanzado de la filosofía hindú: Eso, cuya prueba es esto, es decir el universo objetivo y perceptual en el que el cuerpo humano se encuentra sumergido, es idéntico al Propio Sí Mismo. Sea lo que sea Eso, que cada uno es, verdaderamente otro no puede ser, más que Eso.

 

Antiguamente al proceso de conocer directamente al sustrato de existencia, se lo denominó religión, en el sentido de unir el conocimiento sensorio de lo transitorio con el conocimiento supersensorio de lo permanente e ilimitado. Mediante los nuevos avances de la Física del Siglo XXI, nos aproximamos a una comprensión más amplia de la naturaleza de la materia y la energía, el tiempo y el espacio, que necesariamente incluye a la conciencia como elemento o fuerza interactuante, modeladora del orden que controla al universo. El hecho es que no sólo hay universo, sino que éste es regular y comprensible, resultado de leyes lógicas. Tales leyes existen porque la estructura actual del universo y la mente lo permiten y a su vez, estas mismas leyes posibilitan la conservación de largo plazo de esta estructura. ¿Por qué existe tal estructura? ¿Es un azar matemático o una intención consciente? ¿Podemos llegar al límite de esta pregunta y encontrar la verdad?

 

Las limitaciones a que nos acostumbra el cuerpo, fortalecen la fe interna en lo transitorio y limitado de nuestra naturaleza. El poder de la fuerza de voluntad no se extiende más allá de las reacciones motoras del cuerpo y el uso inteligente de las herramientas. No logramos concentrar la mente y hacer que llueva o cambiar las circunstancias sólo con el pensamiento. ¿Si realmente somos, el mismo sustrato de existencia, que se presenta a sí mismo como teniendo un cuerpo humano, cuál es la razón por la cual no podemos controlar directamente todas las fuerzas del universo únicamente con la voluntad mental? ¿Qué impide que podamos existir en el nivel de dioses, aunque sigamos siendo perecederos, debido a que el cuerpo lo es?

 

Una respuesta que parece aclarar el tema es que, todas nuestras limitaciones obedecen a los hábitos mentales que incorporamos de los otros que nos rodean. Hacemos lo que vemos hacer a otros. Podemos y no podemos hacer, de acuerdo a lo que vemos que hacen otros. O sea, las creencias de otros, fijan una huella en nuestras neuronas, de la que luego no logramos escapar. Lo que nuestro cerebro puede hacer responde a un sistema de creencias. El bebé se adapta a la cultura de hábitos de sus padres. Su crecimiento y desarrollo, así como su total potencial, responde a una imitación de los hábitos que observa en otros. Básicamente, estamos inmersos dentro de un programa o software cerebral interno, adaptable culturalmente, que denominamos condición humana. Preexiste una determinada función asociada con esta condición, fijada en forma colectiva, por lo que es muy difícil superarla o escapar de ella en forma individual.

 

A nivel de evolución psicológica de las conciencias, en términos paleontológicos, recién estamos abandonando la programación básica animal. El ser humano es una especie muy nueva sobre el planeta Tierra, de apenas unos cientos de miles de años, con ancestros que se remontan a casi 3 millones de años, y que nos acercan a nuestros parientes los chimpancés y gorilas.

 

Y la conciencia del animal está todavía mucho más confinada al cuerpo físico. Carece de desarrollo de una conciencia espiritual, capaz de comprender y usar todo su potencial.

 

Antiguamente, tanto los místicos occidentales como orientales, se apartaban del grupo, buscaban el aislamiento y la concentración sobre determinadas rutinas mentales, para hacer posible la migración desde la percepción sensoria a la supersensoria. Hoy contamos con la ciencia para apoyarnos, pero no existen caminos abiertos de investigación para avanzar racional y científicamente sobre la Ciencia del Sujeto.

 

La lógica sobre lo que el Ser o Sujeto es en Sí, nos permite comparar y discriminar sobre lo que creemos ser, en base a la percepción mental. Así descubrimos que lo transitorio no es idéntico con nuestra real naturaleza, que nada de lo que existe en correlación con el cuerpo físico es el sujeto real. Lo más concreto o lo más abstracto, es igualmente contradictorio con la naturaleza del Propio Sí Mismo.

        

Si uno se concentra sobre la pregunta “¿quién soy yo?”, atravesará el entretejido de la ilusión perceptual y podrá descubrir su propia identidad, libre de todo condicionamiento. Algunos buscan esta experiencia en forma intelectual, otros fisiológica. La más elevada y evolucionada, es aquella que permite vencer las limitaciones de la materia y el cuerpo, admitiendo el control de la realidad por la mente. Habiendo, como paso previo, alcanzado el pleno control de la propia mente.

 

Bajo el punto de vista psicológico, los hindúes consideran que sólo existe un alma en todo el universo. Así el alma humana y Dios, son un mismo Ser único. Desde esta perspectiva, la idea de la religión abandona el concepto primitivo de la adoración como forma de obtener favores del Cielo, para transformarse en un método preciso de autoindagación y de evolución del propio potencial de la conciencia, desde las limitaciones físicas a la omnipotencia. De modo que la búsqueda de Dios, o de sí mismo, se convierte en un proceso evolutivo activo. Y si bien se considera la transformación del cuerpo, dentro de éste camino, la clave del mismo, es la comprensión correcta o interpretación correcta de la realidad. Tal percepción directa de la verdad, está condicionada por la capacidad de renunciar a todo lo que uno en sí, no es. En cuanto a la identidad personal con el sustrato de existencia.

 

Nuestra idea de seres atados a un cuerpo, limitados en todos los aspectos, es reforzada por las acciones y hábitos diarios, así como por la secuencia de pensamientos internos. El esfuerzo, está dado en reemplazar estos hábitos y lograr así mayores niveles de libertad interna. No se trata de ser más que otros, no se trata de obtener lo que deseamos, no se trata de ser exitosos en la vida en términos humanos corrientes. De lo que se trata es poder ser uno mismo, en Sí mismo. Comprender que nuestra corriente vital de vida o existencia, está volcada al exterior de lo que en Sí cada uno es. Y esto ocasiona la identificación con lo externo a la propia naturaleza, con lo que uno mismo no es. Revertir esta tendencia es el objeto de la Ciencia del Sujeto.

 

Sin embargo, no es fácil que los seres humanos comprendan la prisión en la que se encuentran, como para que puedan desear hacer el esfuerzo necesario para salir de ella. Prefieren la cárcel de la percepción de sus sentidos, el placer del cuerpo y la satisfacción de algunos de sus deseos, antes que disciplinarse y alcanzar desarrollo y control sobre cuerpo y mente.

 

El problema con esta actitud son los resultados. Ningún ser humano logra plena satisfacción en el mundo material y sensorial. Y es lógico que esto sea así, porque si uno no se percibe a sí mismo, tal cual es en realidad, no logra paz estable y vive perturbado por objetos extraños a su verdadera naturaleza.

 

Encontrarse a Sí Mismo y a Dios, percibir y realizar que ambos son la misma esencia inmortal y única, en el sustrato primero y último del propio Ser, no parece ser el resultado uniforme que permiten las diferentes religiones mundiales. Lo que parecen crear es más bien una psicología de la dependencia y la división, un debilitamiento de la voluntad y no un fortalecimiento. Consolidan la creencia de que la conciencia espiritual existe en otro plano, del cual el ser humano se encuentra físicamente excluido. Es una forma de destruir la unidad esencial entre el hombre y Dios, entre el alma humana y el Espíritu inmortal. En el otro extremo se encuentra el ateísmo; pero ambos, al parecer, se encuentran unidos por sus resultados finales: el debilitamiento de la voluntad humana, la esclavitud a las limitaciones de los sentidos y al condicionamiento de los pensamientos.

 

Por el momento, no podemos probar la existencia física de Dios. Lo interpretamos como un supuesto a priori de nuestro pensamiento. Cuando lo abandonamos y caemos en el materialismo, perdemos la capacidad de superar las circunstancias.

 

Por encima de las creencias personales, la idea de Dios nos permite contactar la fuente de las mayores potencias de nuestro propio Ser y abrevar en el oasis de nuestra capacidad de amar y aproximarnos al ideal del Bien Superior. Sea como sea, el concepto o idea de Dios, nos permite contactar con nuestro alterego superior y deshacernos de las cargas del odio y todo vicio, ganando una visión de vida positiva y superadora.

 

El motivo de todas nuestras acciones no es el dinero. Éste se presenta como objetivo porque sirve para adquirir bienestar. Lo que buscamos en la vida, entonces, es bienestar y la forma en que lo buscamos determinará el éxito parcial o completo que podamos finalmente obtener. La meta universal es suprimir el dolor y reemplazarlo por felicidad. Deseamos ser permanentemente felices. El problema es que el cuerpo del hombre existe por dentro de un mundo impermanente, donde todo está condenado a desaparecer y sujeto al cambio constante. Todos los objetos son transitorios y son resultado de un compuesto de elementos y factores, que tienden hacia la disgregación. De modo que todos los objetos de felicidad, son transitorios, fugaces. No es posible lograr una felicidad estable identificada con objetos transitorios.

 

El placer, que es la sensación que registran nuestros sentidos corporales y cerebro, es el estímulo principal que dirige nuestras acciones en la vida. Tenemos aversión por el dolor y apego por el placer. De ahí, el surgimiento de todas las adicciones, que destruyen y pervierten la naturaleza humana en millones de personas. Somos capaces de soportar el dolor, en tanto y en cuanto nuestra apetencia de mayor placer se vea, en algún modo, satisfecha.

 

Y nuestra felicidad, depende de desarrollar capacidad personal para satisfacer las necesidades básicas de la vida. Si logramos hacer esto exitosamente, disfrutamos de una cuota constante y prolongada de felicidad.

 

La conciencia de paz plena, o bienaventuranza, es la máxima meta para la condición humana. Antes, al proceso para lograr tal estado se lo denominaba religión, ahora podemos llamarlo de Ciencia del Sujeto.

 

No podemos negar la identificación con el cuerpo, ni sus consecuencias. Si el cuerpo enferma, nuestra mente enferma y desarrollamos conciencia de enfermedad. Por tanto, la forma de buscar bienaventuranza y evitar el sufrimiento, es atender al cuerpo para mantenerlo saludable. Es necesario que sepamos incorporar los hábitos correctos de alimentación y ejercitación física, para mantener al cuerpo en excelente estado y equilibrio, aún en edad avanzada. Olvidar esto, es una invitación al dolor futuro y a la pérdida del control mental.

 

La mayoría asocia el contacto con Dios con la oración y acudir a templos religiosos. Cultivar y desarrollar hábitos físicos, para mantener al cuerpo en estado saludable, es una forma correcta de contactar a Dios, fortaleciendo el estado de bienestar de todos nuestros tejidos. Cuando hacemos nuestros músculos y órganos más fuertes y sanos, mediante el ejercicio controlado, también estamos orando y cargando nuestro cuerpo de bendiciones naturales que provienen del Cielo de nuestra mayor armonía y equilibrio físico y emocional.

 

Podemos negar que nuestro Ser no sea idéntico con nuestro cuerpo físico. Pero, de ninguna manera, es posible negar que el cuerpo es el vehículo de expresión de nuestra realidad existencial material y que tal manifestación depende del cuerpo y que el mismo la condiciona en alto grado. Igual acontece con la mente, sin ésta no habría posibilidad alguna de conciencia y de estructura del propio yo.

 

Nuestro Ser puede que sea indiferenciado con la Existencia Absoluta, pero el hecho de la conciencia depende de la mente y del cuerpo: están correlacionados. El reconocimiento de esta verdad, nos obliga y compromete a cuidar de ambos y procurar desarrollarlos al máximo, para suprimir todo dolor y aumentar toda felicidad y posibilidad de paz plena.

 

El NeuroYoga es la ciencia que plantea la disminución y /o eliminación del dolor y sufrimiento. Nuestro cerebro realiza múltiples tareas, pero posee un comando central que las coordina. Detrás de cada una de nuestras actividades permanece una idea o conciencia de “yo”, que observa la acción. Sin este sustrato psicológico, no sería posible la memoria ni el pensamiento, no existiría elemento coordinante. La psicología occidental ha desarrollado varias metodologías para el estudio y comprensión del “yo”. Pero, en todas ellas siempre lo considera como un objeto y no logra así conocerlo en forma directa. En India, en cambio, se considera que esta estructura o sustrato de conciencia es un reflejo de la Conciencia Unificada Cósmica o Dios. De un lado aparece conectada con el cuerpo, sus circunstancias y limitaciones, lógicamente incluyendo la herencia genética y demás aspectos. Y por el otro, sostienen que este sustrato se encuentra interconectado con el cosmos, con  la fuente de toda existencia, conciencia y vida.

 

Como teoría no es tan absurda. Bajo el punto de vista que todo está interconectado, y que un electrón presiona al universo entero, en la misma proporción y medida que las fuerzas universales totales presionan sobre éste, la relación entre el cuerpo humano y el cosmos no sería ilógica. El poder mental, no sería algo totalmente abstracto, descansaría sobre la realidad del cuerpo físico y las distintas capacidades estarían relacionadas intrínsecamente con las diferentes capacidades para controlar las fuerzas o energías que atraviesan los cuerpos humanos.

 

Los antiguos identificaron estas fuerzas con dioses. Hoy las podemos conocer como electromagnetismo, gravedad, fuerza electrofuerte y fuerza electrodébil. Mencionaron que todo vibra y que los átomos son resultado de esta vibración. Homólogamente la teoría de cuerdas sostiene algo semejante, y postula la existencia de vibraciones armónicas que crean las subpartículas cuánticas, unidades que operan como ladrillos de la materia visible. Es decir, los nombres y las interpretaciones son diferentes, pero las relaciones de causa y efecto son semejantes.

 

De acuerdo con la definición de que el sustrato de existencia del ser humano, es uno y el mismo con el sustrato de existencia absoluto; no deberíamos experimentar dolor y sufrimiento, siendo nuestra naturaleza ilimitada. Pero, la estructura del “yo” se encuentra identificada con el cuerpo físico y con las formaciones mentales, que continuamente mutan en una danza de pensamientos siempre inquieta.

 

En la medida que más profunda sea esta identificación, más intenso y profunda será la percepción y sensación de dolor y sufrimiento, de angustia existencial en lugar de bienaventuranza. ¿Cómo se corrige? Mediante toda práctica de concentración mental que deshaga el proceso de identificación, liberando al sustrato de existencia en su propio campo o naturaleza incondicionada.

 

Necesariamente tales prácticas están aplicadas sobre el sistema nervioso humano, y en la medida que se progresa en la tensión y relajación profunda, de los canales nerviosos, se obtiene mayor control sobre el cuerpo, las emociones y los estados de conciencia. No se trata de mera teoría, sino de práctica intensa, sistemática y continuada, para alcanzar los objetivos fundamentales.

 

Por tanto, la liberación del dolor y sufrimiento no es resultado de una intelectualización o una comprensión abstracta de la propia realidad. Se trata de una experimentación física directa, mediante técnicas psicofísicas precisas. Menos practiquemos, menos experiencias tendremos, menos comprensión alcanzáremos, menor poder tendremos sobre nuestros estados de conciencia y sus poderes potenciales.

 

Se requiere entonces, comprensión sobre la naturaleza o causa del dolor y sufrimiento, comprensión de los medios correctos para suprimir el dolor y esfuerzo correcto para usar estos medios en forma constante, sobre la propia realidad de cuerpo y mente.

 

No estamos en esta situación por el caprichoso deseo de un dios o dioses malvados. La materia inorgánica evolucionó en orgánica. Los animales progresaron y desarrollaron cuerpos con cerebros más y más grandes. En lo alto de la cadena está el ser humano. La identificación con el cuerpo y la mente, permite proteger al cuerpo de numerosos peligros y los pensamientos nos permiten desarrollar conciencia. La solución pasa por invertir, en forma controlada, lúcida y consciente, todo el proceso que demoró alrededor de 3.500 millones de años, para retornar al estado original del sustrato de existencia consciente. Es decir, lograr producir un estado natural de conciencia independiente del cuerpo y de la mente. ¿Esto es posible? Si los supuestos son correctos, en el sentido que sólo hay un único Ser existente por Sí Mismo en Sí Mismo, es posible. No hay otra forma de averiguarlo, que realizando los experimentos o prácticas de entrenamiento correctos.

 

Dicho así, todo parece fácil. Pero el camino se encuentra repleto de piedras y obstáculos. Piedras formadas por nuestras impresiones mentales latentes, pensamientos que se acumularon como archivos temporales, que ofrecen resistencia a ser borrados. La acumulación de estas impresiones totales, es la fuerza que nos condiciona y mantiene sujetos a la identificación con el cuerpo y la mente, junto a todas sus funciones automatizadas.

 

¿Y qué son estas impresiones? Son los programas de control de la vida, que tienen origen en la primera ameba hasta el ser humano. El archivo de la vida individual sobre el planeta Tierra. Esto es lo que hay que desprocesar. Se trata entonces, de un trabajo o hábito que debemos saber incorporar a nuestras rutinas diarias.

 

Analizando la causa del dolor, aparece que el deseo es su principal fuente. El deseo crea la necesidad y la insatisfacción de dicha necesidad, degenera en sufrimiento. Desear comer es algo natural, de esa manera el cuerpo recarga su provisión de elementos químicos. El problema es cuando deseamos comer en exceso o no deseamos comer. Por ambos caminos caemos en la abulimia y en la anorexia. Con todos los demás deseos posibles, se presenta el mismo problema del desequilibrio. Algo en su justa medida nos beneficia, en exceso o en falta, nos perjudica. De modo que debemos aprender a controlar al deseo y equilibrarlo con nuestra necesidad real, en su justa medida, sin caer en extremos.

 

 

 

 

 

 

Roberto Guillermo Gomes

Yogui Mettàtron

 yogi.mettatron@gmail.com

 

 

Arquitecto / Periodista / Ecologista / Escritor / Máster en Neurociencia Cognitiva, Psicología, Yoga, Acupuntura, Osteopatía, Yoga Terapéutico  y Mindfulness. Creador del NeuroYoga. Desarrollador del Programa FlashBrain para el incremento intelectual y de la técnica de Meditación Sináptica. Impulsor y líder de la iniciativa por el 2% del PIB mundial, en forma anual, para dar solución definitiva al triple flagelo del hambre, superpoblación y calentamiento global

 

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