Chema Gil (chemagilgarre@gmail.com)
¿Quién lo hubiera dicho?. El Presidente Santos de Colombia, quien compartiera alguna de las más altas responsabilidades de Gobierno con Álvaro Uribe, se está mostrando como un jefe de Estado mediocre y que está sometiendo a su país, tanto en el plano interno como el externo a un proceso de debilitamiento de tal magnitud que está siendo aprovechado, unas veces de forma sutil y otras de forma descarada, por países del entorno y los propios grupos del crimen organizado, comenzando por los narcoterroristas de las FARC. Ni qué decir tiene como se visualiza la debilidad del Estado en las calles, en cuanto a los niveles de criminalidad. Santos asumió la jefatura del Estado de Colombia, habiendo logrado ese país, avances más que significativos en cuanto a la lucha contra el narcoterrorismo de las FARC y actividades de otros grupos de crimen organizado transnacionales. Con un decrecimiento más que evidente de las actividades paramilitares.
Es hora ya de que se hable con claridad de las FARC, pues lejos de responder a los nostálgicos ideales de movimientos revolucionarios de los años sesenta y setenta del siglo pasado, inducidos por la política de bloques de la Guerra Fría; hoy las FARC no son más que una organización criminal internacional, vinculada a los grandes beneficios del narcotráfico, así como al mantenimiento de la desestabilización geopolítica de ese hemisferio; desestabilización que responde a intereses muy concretos de ciertas ideologías expansionistas, como las preconizadas por Hugo Chávez Frías desde Venezuela y algún socio de lejanas fronteras que busca su expansión en toda Latinoamérica. Hugo Chávez, un individuo que ha retorcido el mensaje del libertador Bolívar quien, con heroísmo, supo conducir la lucha por la independencia, por la descolonización, reclamando para Latinoamérica INTEGRACIÓN, que no nuevas formas de imperialismo. Chávez retuerce el único mensaje en el que parece creer, lo manipula mediante demagogia populista. Chévez y los suyos, los mismos que están destruyendo descaradamente la calidad democrática de su país, destruyendo la convivencia de los venezolanos; quizá la expresión más clara sean los 150.000 muertos que ha provocado el crimen organizado en sus calles, la ineficacia de las fuerzas de seguridad y la intromisión en el poder judicial que traiciona al pueblo por el que –en teoría- ejerce su ministerio, cuando muestra tan bajos niveles de eficacia. Tal traición concierne igualmente a ciertos elementos de ejército, promocionados por el régimen, que lejos de mantenerse fuera de la defensa de intereses políticos determinados, se muestra obscenamente como defensor de un régimen ideológico…¿no son todos venezolanos?, más pareciera que sólo fueran venezolanos los que públicamente se alinean con el régimen chavista. Tener contacto con algunos militares venezolanos muestra a las claras cuál es la situación: “Sentimos vergüenza ajena; parte de ciertos altos mandos han pervertido su condición de militares para convertirse en los jefes de los negocios con los que se está saqueando Venezuela”, me decía no hace mucho un militar venezolano. Colombia, que es el verdadero objeto del presente análisis consiguió que, por fin, buena parte de las organizaciones internacionales más importantes, como la propia Unión Europea, dejarán de prestar el reconocimiento de ‘fuerza beligerante’ a las FARC-ELN. Pocas cosas más importantes puede haber en las relaciones exteriores de Colombia que lograr, en los países del área y por parte de las organizaciones internacionales y diferentes actores del Derecho Internacional, que las FARC sean señaladas por lo que son, TERRORISTAS. Santos y su Gobierno están más entretenidos en combatir, y no siempre por métodos ortodoxos, a Alvaro Uribe ante un eventual proceso electoral, que en hacer de Colombia un país más fuerte en la escena internacional. ‘los juegos bajo la mesa’ con Venezuela, dirigidos a debilitar la imagen de Uribe, tan sólo han conducido a un debilitamiento de Colombia en el área. Mientras Venezuela, como Ecuador, siguen siendo territorio abonado al movimiento estratégico de grupos de las FARC, las mismas que no dudan en jugar a ‘engañifas’ en las que de manera casi infantil cae el Gobierno de Santos. No diré yo que el Gobierno de Uribe lo hiciera todo de manera perfecta; eso no puede decirse de ningún Gobierno del Mundo, ni siquiera del más eficaz; pero lo cierto es que la dinámica política de Santos y los suyos ha debilitado a su país y lo está haciendo poroso a un incremento de la inseguridad colectiva. Tuve la oportunidad, meses atrás, de conocer al vicepresidente de Colombia, el señor Garzón. Me pareció un político de gran debilidad argumental, escasa capacidad de proyección de sus actividades en el exterior (estábamos en Washington, por motivos diferentes); con un staff –el que le acompañaba- en el que el más sobresaliente, lo digo muy en serio, era quien se ocupaba de que la delegación colombiana funcionara y a quien le debo las gracias por su amabilidad y su capacidad de vender Colombia tal como merece ser reconocida. Santos y su Gobierno no parecen percatarse de que las debilidades que están mostrando pueden dar paso a una nueva etapa de sufrimiento para los colombianos; mostrar a Colombia débil, cuando existe un entorno hostil, es muy preocupante.
'Los juegos por debajo de la mesa' con Venezuela debilita a Colombia y a los colombianos frente a los narcoterroristas de las FARC
Tuve un contacto, hace unas semanas con un miembro del Gobierno de Colombia, distinto al vicepresidente Garzón, después de que publicara un extenso análisis sobre las relaciones internacionales de las FARC y el papel de Venezuela. Lo que más me llamó la atención fue el hecho de su preocupación porque nadie del Gabinete de Gobierno conociera su ‘exposición de hechos’, que en buena medida describían que se iban a desarrollar acciones absolutamente desleales contra Alvaro Uribe y, pensaba –yo pienso lo mismo- que toda esa cuestión debilitaría a Colombia. Yo no creía posible que desde determinados ámbitos cercanos al poder se iniciara una batalla espúrea contra Uribe; pero los hechos han venido a darle la razón. Como periodista me comprometí a guardar el secreto de la fuente de información pues, me dijo que la vida puede valer bien poco si te enfrentas a ciertos poderes en Colombia.
El Gobierno de Colombia, que preside Juan Manuel Santos bien debiera preocuparse de procurar el desafecto con las FARC a nivel internacional, desarrollando las acciones precisas. El Gobierno de Colombia conoce las relaciones de las FARC con organizaciones bien ubicadas en países del Norte de Europa, organizaciones que aparecen vinculadas con grupos tan distantes como el Frente POLISARIO o ciertas organizaciones de Palestina. El Gobierno colombiano debiera preocuparse, mediante acciones eficaces en el ámbito global, de que determinados parámetros del Derecho Internacional establezcan que no puedan ser consideradas fuerzas beligerantes grupos terroristas que atenten contra la DEMOCRACIA, sea el estado que sea; pues si bien el terrorismo no es una figura claramente establecida en el Derecho Penal Internacional; lo que sí está claro es qué es un Estado Democrático, y ningún grupo puede arrogarse atentar contra la voluntad soberana plasmada en las urnas…¿O es que Colombia no es una DEMOCRACIA?.