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El comensal - Gabriela Ybarra

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12/08/2019 02:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Edición: Caballo de Troya, 2015 Páginas: 176 ISBN: 9788415451556 Precio: 15, 90 € (e-book: 3, 99 €)

Entre la literatura reciente que aborda, de forma directa o como telón de fondo, el conflicto de ETA en Euskadi, sobresalen títulos tan diferentes como Patria (2016), de Fernando Aramburu, Mejor la ausencia (2017), de Edurne Portela, o El comensal (2015), de Gabriela Ybarra (Bilbao, 1983). Este último fue seleccionado por Elvira Navarrodurante su año como editora del sello Caballo de Troya. La autora, una desconocida hasta entonces (no solo por no haber publicado, sino porque se dedica a los estudios de mercado y se muestra discreta en las redes sociales, de modo que no hacía ruido en el sector literario antes de debutar), combina la investigación periodística del asesinato de su abuelo paterno, Javier de Ybarra, en 1977, con la narración intimista de la muerte de su madre, en 2011. Un libro breve, autobiográfico, que ha sido una de las sorpresas de la narrativa española. Entre sus reconocimientos destaca que su traducción al inglés estuvo en la longlist del prestigioso Man Booker International Prize de 2018; aunque el hecho de que se tradujera al inglés ya constituye un logro en sí mismo. La autora toma como punto de partida la idea del comensal invisible: un miembro de la familia que ha fallecido, pero que sigue presente de alguna manera para los demás; el tópico de que nadie muere del todo mientras sus seres queridos lo recuerden. Este concepto le sirve para vertebrar el texto en dos partes. En primer lugar, la crónica del asesinato de su abuelo: una reconstrucción del suceso, a partir de los recuerdos de sus herederos y de los periódicos. Gabriela Ybarra admite que se permite alguna que otra licencia; ni la memoria ni el reportaje son nunca exactos, en medio navega la imaginación, que en cualquier caso le sirve para fijar su versión del crimen, del momento del secuestro a frescos costumbristas como el sacerdote que intentaba localizarlo con la ayuda de un péndulo. El punto de vista tiene la singularidad de que ella no había nacido cuando se produjo el asesinato, pero tampoco puede aproximarse al asunto como una observadora imparcial por cuanto afecta a sus allegados. En este sentido, resulta interesante que complemente la reconstrucción con su experiencia, años después, de lo que supuso vivir bajo la amenaza del terrorismo: del escolta de su padre al traslado de la familia, con el secuestro como un relato que resonaba en el hogar durante su infancia. La segunda parte se centra en el cáncer que padeció su madre y el posterior duelo. Alterna fragmentos sobre el avance de la enfermedad ?el modo en el que se instala en la familia, el desconcierto ante una muerte prematura, el acompañamiento mientras recibe tratamiento en Nueva York? con reflexiones posteriores, cuando la autora visita el hospital o el cementerio un año después. En esta ocasión sí ha vivido el proceso de la pérdida, que narra con templanza, sin recrearse ni aligerar el dolor. El cáncer es cáncer para todo el mundo, pero según el tono del relato adopta unas connotaciones u otras. Este se percibe veraz, mesurado, natural, y, por eso mismo, conmovedor. La madre como una mujer que se está muriendo; ni una «heroína» ni una «luchadora», nada de los discursos mediáticos que abundan sobre el cáncer. Tampoco cae en el sentimentalismo para purgar la aflicción; un ejercicio de contención impecable. Gabriela Ybarra es una narradora disciplinada, comedida, exacta, más cerebral que emotiva, tal vez el resultado de una educación orientada a mantener la compostura, la perseverancia, la tenacidad. Estas cualidades se plasman en la escritura. Algunos lectores han señalado una supuesta falta de unidad entre ambas partes; en concreto, ponen en duda la conveniencia de incluir el relato sobre la madre. Sin embargo, sí existe una conexión: la experiencia de la muerte en una misma familia, por un lado, y la canalización a través de la escritura que lleva a cabo la autora, por otro. Gabriela Ybarra no había pensado en la muerte hasta que su madre enfermó, no había vivido un duelo. Ese fue su punto de inflexión. El asesinato de su abuelo integraba la historia familiar anterior a su nacimiento, por lo que lo miraba desde la distancia, sin la implicación de quien fue testigo del secuestro. La enfermedad de la madre despertó su interés por el pasado; pero es sobre todo el padre, para quien ambas pérdidas resultaron devastadoras, quien enlaza los episodios. De algún modo, el dolor del padre cuando mataron a su progenitor conecta con el dolor que tanto él como sus hijas tienen ante la muerte inminente de la mujer. La experiencia del duelo hace que la autora mire a su padre con otros ojos, que comprenda mejor la primera pérdida. El libro, en conjunto, es una exploración de la muerte desde las dos caras de la moneda: en su vertiente más periodística, sin conocerla en primera persona; y en clave personal, siguiendo el declive. image Gabriela Ybarra Escribir como una manera de canalizar el duelo; así puede entenderse El comensal . Purgarse, recuperar el orden, entenderse a una misma; he aquí uno de los muchos posibles caminos de la creación literaria. La autora comenta en algún pasaje que escribe con frecuencia. Sin más obra publicada por ahora, invita a reflexionar sobre el uso de la escritura para sí, como diario, pequeñas ideas o apuntes sueltos. El libro se compone de fragmentos breves, con un estilo depurado, sobrio, concentrado, que solo puede ser fruto de mucha práctica. Hay quien cree que El comensal debe su éxito a un tema bien encontrado o a la oportunidad del parentesco con una víctima de ETA. Se equivocan: Gabriela Ybarra no será la autora de un único libro. En sus páginas hace referencia a Robert Walser, y ella también se desenvuelve como cronista de su vida, como observadora atenta del entorno. Con El comensal , la literatura española ha sumado a una excelente escritora de no ficción.

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devoradoradelibros.com
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