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Comparten Beatriz Rivas y Federico Traeger sus “Amores adúlteros”

18/02/2011 01:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Calificado como un libro divertido, sensual y apasionado, pero también peligroso, “Amores adúlteros”, de Beatriz Rivas y Federico Traeger, se presentó la noche de ayer en la Fundación Sebastián, de esta capital. Se muestra el mundo de él y ella, dos personas con pareja, responsabilidades, hijos, vidas hechas que perdieron brillo. Un día se reencuentran, se aventuran a gozar un placer prohibido. Hay posibilidad de un futuro que aterra y fascina. En su página web, la coautora señala que esta es una novela, escrita a cuatro manos junto con Federico Traeger. Sobre él y ella, añade que “podremos espiarlos en su mayor intimidad, pero también, podemos ser sus cómplices”. Según Rivas, “podremos mirarles el alma, morderles el nombre que no tienen, y llegar a la conclusión de que, como ellos, todos nosotros somos capaces de arrojarnos sin salvavidas en un mar muy bravo, pero también prometedor”. Los autores recomiendan leer este libro que viene con escenas fotográficas y con cuatro canciones escritas, compuestas, grabadas y cantadas especialmente para la novela. Se pueden escuchar en (www.amoresadulteros.wordpress.com). “Amores adúlteros”, asevera que el amor debería ser razonado, razonable, conveniente, prudente, de acuerdo con las reglas sociales y familiares, pero entonces no sería amor. La invitación es para gozar de ese placer prohibido. ¿Cómo nace una infidelidad?, ¿cómo se vive?, ¿de qué se alimenta?, ¿cómo y cuándo termina?, ¿termina?... Sobre estas interrogantes Beatriz Rivas y Federico Traeger escribieron el libro “Amores adúlteros”, dijeron anoche. Durante el acto se precisó que se trata de un libro en el que, a través de impetuosos y apasionados mensajes de texto, los involucrados van contando su disipado amor ante el divertimento y asombro de cualquier lector común. “Todo empezó esa mañana, él bajó las escaleras oliendo a ella. Caminó por la avenida sintiéndose dueño de su vida, ligero, con ganas de tener una guitarra para ir tocando y cantando. Entró en una cafetería, fue el primer comensal. “Se le notaban los besos en la mirada y el whisky en la sonrisa. La mesera lo atendió, mientras en su cabeza sonaba una canción. En tanto esperaba su desayuno, imaginaba que ella estaba enfrente. Le susurró: Tus ojos son un mar al que reconozco y en el que nunca me he sumergido. “Más tarde llegó a su hotel, se tiró sobre la cama y pensó, mientras su cuerpo se fue hundiendo despacio en una sensación difícil de describir pero parecida a la certidumbre de haber encontrado algo esencial.” Sin ningún pudor narrativo, Rivas y Traeger se metieron en las sábanas con los protagonistas para exhibir sus deseos más primitivos, sus irrefrenables ganas de amarse y agotarse mutuamente, mientras muestran el lado más frágil de la monogamia. Son adúlteros y temen dejar de serlo.


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