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Compartió Dolores Jiménez su pasión y entrega revolucionaria

06/06/2011 04:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

ímbolo de autonomía femenina y rebeldía revolucionaria, la escritora y periodista Dolores Jiménez y Muro es recordada por reunir ideas que con su propio puño dieron vida al Plan político y social de Tacubaya y, posteriormente, al prólogo del Plan de Ayala. De acuerdo con los historiadores, durante la revolución no todas las mujeres podían aspirar a realizar tareas que implicaran la escritura y el análisis político, sin embargo, Jiménez y Muro, quien nació el 7 de junio de 1850, ejerció esa labor junto con Juana Belén y Elisa Acuña. Estas mujeres fueron también fundadoras de grupos políticos de obreros y de mujeres, además de estrategas y dirigentes de protestas públicas. Actos que las llevaron a ser prisioneras políticas e intelectuales en el exilio. Oriunda de Aguascalientes, Dolores Jiménez y Muro fue una profesional de la lucha revolucionaria, capaz de discutir sus propuestas con sus compañeros de lucha y desde la prisión, donde debatió con los enemigos de más alto rango como Aureliano Blanquet. Mujer de varias épocas, Dolores fue antes que nada una sólida liberal republicana, testigo de la dictadura porfiriana desde sus inicios hasta su caída y partícipe del surgimiento de la revolución. Desde niña fue formada en los ideales republicanos del liberalismo juarista, como hija de un alto funcionario del gobierno en San Luis Potosí, viviendo de cerca las intervenciones extranjeras, la guerra, la anarquía, con la esperanza de vivir en un mundo más tranquilo y el deseo de tener una Patria respetable, como lo señalaba en sus poemas cívicos de juventud. Dolores fue interlocutora de varias generaciones de luchadores sociales, y es que durante se juventud vivió en el ambiente liberal e intelectual de San Luis Potosí, donde pasó varios años entre tertulias literarias y la vida en sociedad. Como muchas jóvenes de clase media y alta de la capital potosina, leía y estudiaba en casa, bajo las sugerencias de los padres y amigos de la familia. Su talento para la escritura ya era reconocido desde 1874, cuando fue invitada por el gobierno estatal, al lado de Benigno Arriaga, a participar con poemas cívicos en las fiestas septembrinas. Entonces, ser liberal era sinónimo de ser generoso, dedicado a las humanidades y dispuesto a no dar demasiada atención a los bienes materiales, por lo cual estimulaba su conocimiento a través de las artes, los idiomas, la lectura y la creatividad literaria entre los jóvenes. Fue durante el Porfiriato, en 1883, cuando Dolores quedó huérfana de padre y madre y su participación en acciones filantrópicas le ayuda a tomar conciencia de la condición de los trabajadores, de su miseria y explotación. Situación que se ve reflejada en notas posteriores hechas desde la cárcel, cuando se asume como testigo de la pobreza rural y urbana de muchos mexicanos. Cultivó la continuidad de su condición de intelectual al lado de las nuevas generaciones, manteniendo relaciones de amistad y solidaridad con los crecientes círculos liberales potosinos, especialmente al lado de Camilo Arriaga, hijo de Benigno, a quien ella conoció. Los Arriaga promovían la lectura y la discusión de nuevas ideas desde su enorme biblioteca, con la que Dolores seguramente también fue favorecida. El 11 de septiembre de 1910, Dolores Jiménez, como presidenta del Club Femenil Hijas de Cuauhtémoc, encabezó una protesta en la ciudad de México, en la glorieta de Colón, contra el fraude en las elecciones, con la consigna "es tiempo de que las mujeres mexicanas reconozcan que sus derechos y obligaciones van más allá del hogar", acto que la llevó presa. Cuatro años más tarde, en 1914 estuvo recluida en prisión nuevamente durante 11 meses por órdenes de Victoriano Huerta. De acuerdo con datos registrados por ella misma, los tratos dentro de la prisión eran más duros para ella, pues conocían sus habilidades como escritora e intelectual al servicio de la revolución. Situación que la llevaría a la soltería y soledad con valor y dignidad, como ella misma lo manifestó en repetidas ocasiones. No obstante, en 1925 se apaga la flama de la "antorcha de la revolución", su mayor pasión, y Dolores, a diferencia de muchos de sus compañeros, no tuvo más herederos que sus versos perdidos en algunos diarios publicados entre tres épocas y en el recuerdo de sus colegas sobre su significativa colaboración en un plan político social compartido. Su ímpetu por la lucha revolucionaria quedó implementada en el Plan de Ayala, del cual se dice fue un escrito caracterizado por su cuidada caligrafía de "la culta y abnegada escritora revolucionaria". Mientras que en el documento del Plan político y social de Tacubaya, otro documento escrito por la pluma de Jiménez y Muro muestra perspicazmente su arraigada convicción por los derechos liberales desconociendo al gobierno de Porfirio Díaz, por las omisiones, fraudes y presiones que tuvieron lugar en las elecciones. Su talento, autonomía y energía revolucionaria e intergeneracional, constituyen un hito en la historia de las mujeres mexicanas. El 15 de octubre de 1925, Dolores Jiménez y Muro perdió la batalla contra la vida.


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