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Concluye 168 Representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa

22/04/2011 10:16 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En medio de una Iztapalapa exaltada, acalorada, que dejó atrás los días de guardar para volcarse a las principales calles y protagonizar tumultos, Gilberto Morales y mil 500 actores más cumplieron el objetivo de representar la 168 edición de la Pasión de Cristo. El asfalto caliente, el gentío, tumultos, empujones, falta de organización, confrontaciones verbales y en algunos casos hasta físicas entre los asistentes, así como la sobrada presencia de comerciantes, poco a poco se han ido integrando a lo largo de los años a la tradición del vía crucis. La 168 representación no fue la excepción y a la procesión del nazareno, el joven de 20 años, fue acompañada en todo momento por empujones, pisotones y alguna que otra “mentada de madre” entre los observadores. Sin importar que al lugar acudan más de un millón de personas, los habitantes colocan sillas, mesas e instalan puestos a lo largo del recorrido para ver pasar al mesías que este año cargó una cruz de 90 kilos y 6.10 metros de largo. Después de sentenciado y azotado en una Macroplaza Cuitláhuac y bajo un sol que no perdonó ni un minuto la representación, el Jesús de Nazaret inició su deambular por los ocho barrios. Los romanos como cada año abrieron camino al nazareno después de las 14:20 horas. Apenas llevaba 10 minutos cuando tuvo que descansar la pesada cruz pero no por no poder con ella, sino por falta de camino ante la serie de tumultos que impedían continuar con la procesión. Los romanos por demás lanzaban latigazos mientras los caballos trataban de abrir paso. Ni los organizadores podían controlar el trayecto. Fueron los jóvenes asistentes menores de 18 años quienes en grupos caminaban en filas, apenas tocándose los hombros, y quienes abrían paso. La gente, apostada en las banquetas, gritaba: “pinches chamacos, dejen de ir armando desmadre”; “son a esos los que deben de sacar”. Año con año son los jóvenes asistentes quienes logran abrir los trayectos, al tiempo que protagonizan los mayores empujones. Pisotones, jalones, manoseos, groserías, todo se intercambia en la marea de gente que trata de ir a un lado del Jesús de Iztapalapa presenciando la escenificación. Gilberto Morales, en tanto, se mantuvo firme. El joven no expresó fatiga más que un sudor imparable. “Tú puedes, no te rindas”, gritaban algunas señoras al tiempo que insultaban a los jóvenes por no dejar ver con tranquilidad el vía crucis. La segunda caída del nazareno pasó sin incidentes. Lo mayor que perturbó al iztapalapense originario del Barrio de San Pablo fue tener que detenerse por momentos ante la falta de camino derivado del mar de gente que se arremolinaba. Ni siquiera Dimas y Gestas, los ladrones que son crucificados a su lado, pudieron ir abriendo camino como otros años. Fue en el escenario de la tercera caída donde los asistentes que aguardaban apostados en frente de ella protagonizaron una breve confrontación con los jóvenes que seguían al nazareno. “Sólo arman desmadre”, gritó una señora al señalar a los policías que “son a esos a los que no deben dejar pasar”. Empujones, patadas, pisotones, groserías y mentadas se intercambiaron debajo de la escenografía de la tercera caída. Así, mientras el Jesús era limpiado por el manto blanco que Verónica, representada por Adriana Flores, le entregó y en donde quedó plasmada su imagen, abajo los codazos, gritos, empujones y remolinos de gente estaban al por mayor. Sin apoyo de romanos, nazarenos, Comité Organizador ni autoridades policiales, el tumulto se disipó sin incidentes mayores para continuar la procesión rumbo a la calzada Ermita Iztapalapa. Ahí los jóvenes, junto con demás asistentes, protagonizaron como cada año un zafarrancho con los granaderos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) local. Apenas empezaron los encontronazos cuando la gente se abrió y sólo se observó al cuerpo de granaderos conteniendo a los jóvenes. Gilberto Morales, quien andaba por la última parte de su procesión previo a iniciar el ascenso al Cerro de la Estrella, detuvo su caminar por instante sin tener que descender la cruz. Apenas se controló el tumulto, reanudó su camino entre granaderos quienes una vez que le dieron el paso cerraron de nueva cuenta el trayecto restringiéndolo únicamente a actores. La molestia de los espectadores apostados en Ermita Iztapalapa y calles aledañas propició más mentadas y rechiflas a los granaderos quienes se mantuvieron firmes. Romanos a caballo y demás actores siguieron la procesión rumbo al Cerro de la Estralla que se convierte en Gólgota. Arriba, Judas Iscariote ya estaba ahorcado de un pirul ante la culpa de haber vendido al nazareno, mientras otra multitud esperaba el ascenso de Gilberto Morales, el Cristo. El imparable sol no fue motivo para disipar a los asistentes, como tampoco los empujones y golpes. Mientras, abajo, la iztapalapa exaltada volvía a sus costumbres. Calles sucias, con basura en el asfalto, familias apostadas afuera de sus puertas, niños comprando dulces y una que otra pareja discutiendo luego de los empujones fue el escenario que quedó tras la 168 Representación de la Pasión.


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