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Concluye INAH restauración de dos obras de Rufino Tamayo

19/05/2011 10:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los frescos “El canto y la música” y “Revolución”, considerados entre los más importantes del artista oaxaqueño Rufino Tamayo (1899-1991) fueron restaurados por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para lograr su óptima conservación. Realizados a lo largo de tres décadas dentro de la llamada Escuela Mexicana de Pintura (siglo XX), la primera de ellas titulada “Revolución”, retrata una escena de la rebelión de las clases obrera y campesina, contra la burguesía, informó un comunicado del INAH. De acuerdo con el documento, el destacado pintor mexicano Rufino Tamayo, realizó “Revolución” en 1938 en una de las paredes iniciales y la parte superior de dos arcos, de lo que hoy es el Museo Nacional de las Culturas, abarcando cerca de 80 metros cuadrados. A decir de Jaime Cama Villafranca, coordinador de ambos proyectos de restauración, esta obra posee una mejor técnica al fresco. “Aunque no deja de ser carente del rigor del bello fresco italiano”, en comparación con “El canto y la música”, que fue realizado por el artista cinco años antes, en 1933”, añadió. “A Tamayo no le hizo mucha gracia pintar al fresco, y `Revolución´ es el último caso en que usó este procedimiento. Posteriormente él se separó de la Escuela Mexicana y se consolidó como un extraordinario pintor en otro campo, sobre todo en el caballete y en murales transportables”, aseguró Cama Villafranca, quien tuvo el apoyo de los restauradores Magdalena Rojas y Baruch Adrián Lozano, en la dirección de los grupos de trabajo. La restauración se llevó a cabo debido que el mural estaba cerca del patio del edificio que aloja el Museo Nacional de las Culturas, y es que la zona inferior derecha del mural estuvo expuesta durante años a los efectos de la intemperie, de tal manera que presentaba pérdida de imagen. Según datos proporcionados por el INAH, tras realizar un desempolve y una limpieza superficial, se procedió a la consolidación de la superficie pictórica. Las labores de consolidación consistieron en la inyección puntual, en alrededor de 400 puntos, de un material adhesivo afín con el mortero original, elaborado a base de hidróxido de cal (cal) y caseína (proteína de leche), con el que se recuperó la cohesión y estabilidad del aplanado que funciona como soporte del fresco. Después se llevó a cabo la reintegración cromática mediante la técnica de rigatino, que es un entramado de finas rayas que se superponen, principalmente en el guardapolvos, el cual diseñó Tamayo a manera de diamantes de tonos grises. Al respecto aseguró restaurador perito del INAH, “en el momento en que estuvieron limpios y reintegrados los guardapolvos, éstos recuperaron su importancia. Tamayo determinó hasta dónde llegaba su imagen y la parte inferior la resolvió con un planteamiento geométrico”. Aseguró que “el restaurador tiene que jugar ajedrez con el mural, cada que el jugador mueve una ficha, altera todo el tablero, aquí sucede lo mismo”. Sobre “El canto y la música” dijo el especialista que mientras Tamayo lo pintaba para la entonces Escuela Nacional de Música, conoció a la que sería su esposa, la pianista Olga Flores Zárate, y más allá de este relato, dicho fresco también refleja una de las líneas ideológicas de la Postrevolución. Se trata de una obra que abarca una superficie de 80 metros cuadrados que se distribuye en los muros, norte, oeste, este, así como en el cubo de la escalera del edificio ubicado en la calle de Moneda, donde Tamayo representó mujeres de rasgos indígenas que gesticulan al cantar y tocan instrumentos populares como guitarras, mandolinas, platillos y clarinetes. Al momento de la restauración y debido a la aplicación de una resina natural, compartió el especialista, el mural presentaba un velo de material ajeno que impedía apreciar las escenas, y luego de efectuar una serie de análisis, se empleó un gel desarrollado específicamente para la remoción de ese material agregado. “Todo el proceso fue tendiente a recuperar, en lo posible, la misma tonalidad que tuvo originalmente. Hoy tiene un tono mucho más anaranjado del que nos encontramos en su momento. Además, a través de un par de tragaluces que colocamos, se difunde una mayor luminosidad sobre el mural”, informó Cama Villafranca. Agregó que el trabajo de restauración fue mayor en esta pieza, de tal manera, que en su superficie se distribuyeron cerca de dos mil puntos de inyección del adhesivo hecho con cal y proteína de leche. Respecto a la reintegración cromática y dada la existencia de pequeñas lagunas, se decidió mimetizar la intervención, de tal suerte que sólo puede ser apreciada mediante la aplicación de luz ultravioleta, aseguró el especialista. La puesta en valor de “Revolución” se desarrolló durante siete meses, mientras que “El canto y la música”, dada su problemática, requirió año y medio de labores. Cabe recordar que ambas obras se localizan en sedes del INAH, en inmuebles ubicados en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde respectivamente se alojan el Museo Nacional de las Culturas y la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico. Dicha restauración fue realizada con el financiamiento del INAH y la aprobación y supervisión del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).


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